Mirar al mundo y a los demás con los ojos de María

En el meridiano del mes de mayo que avanza inexorable puedo mirar como los días pasan desde la mirada de María que no es más que el reflejo femenino de la mirada de Dios.
La mirada de María me ayuda interiormente a descubrir la dimensión esencial del ser humano: la capacidad para descubrir la verdad en la Palabra de Dios.
Puedo mirar como hizo el día de la encarnación en Nazaret o en la Natividad en la cueva de Belén con los ojos puestos en la bondad de Dios. Mirar desde la pureza y la humildad de la vida, siendo consciente de mi propia debilidad, de mi pequeñez, de mi sencillez. Mirar con ojos de cercanía y de ternura para bajarme del tronos de mi soberbia, de mis seguridades y de mis apegos materiales y de mis prepotencias. Mirar a Dios desde el amor para hacer su voluntad.
Puedo mirar desde la entrega, desde el convencimiento de que en Jesús está la verdad, desde el cumplimiento del Haced lo que Él os diga que no es más que seguir e interioridad la Palabra de Dios. Es un mirada que invita a encontrar a Cristo en el Evangelio de la vida, en el prójimo, en el ser de Dios.
Y puedo mirar también desde la tristeza del Calvario, con los dos llenos de lágrimas, cegados por el dolor, pero en plegaria, observando fijamente el trono de la cruz donde se produce la mayor explosión de amor.
Puedo cerrar los ojos y no ver más que oscuridad. O abrirlos como los abrió María para Dios al que, además, le entregó su corazón. Pienso en Jesús, en el monte Tabor, al anunciar el «Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios». ¿No estaría pensando el Señor en el alma pura y cristalina de Su Madre, no estaría pensando en ese corazón puro con el que se puede ver a Dios?
Y, sí, quiero mirar desde la mirada de María, con mirada de bondad, de ternura, de sencillez, con ojos atentos a las necesidades de los otros, ojos que traslucen el interior, ojos misericordiosos que ofrecen gracia, ojos comprensivos que acogen el dolor, ojos abiertos al amor que hablan de perdón…
Hoy le pido a María que sea capaz siempre de mirar a los que me rodean con esa misma pureza, magnanimidad, alegría y ternura con la que miró a ella a cuantos rodearon su vida.

 

orar con el corazon abierto.jpg

¡María, Madre… pon tu mirada también sobre mí! ¡Madre, pronuncio con el mismo cariño esta palabra que tantas veces pronunció tu Hijo para decirte que me consagro a Ti! ¡Te ofrezco la pobreza de mi vida, lo que soy, para que lo eleves al Padre! ¡Te ofrezco, María, mis anhelos de ser para Dios y para los que me rodean, como lo fue Jesús, siempre dando amor! ¡Mírame, Madre! ¡Mírame, porque quiero que mi corazón se deje transformar por tu hermosura y por los sentimientos de tu Hijo! ¡María, Madre del amor hermoso, quiero que tu mirada ilumine mi camino, que tu mano me guíe para lograr los ideales de mi vida, que me sienta atraído por tu corazón y que con tu consejo elija siempre en mi vida lo que es verdaderamente de Dios! ¡María, mírame, para que tu mirada sea un estímulo para mí, para que no ceje en mis luchas cotidianas, para que no me desaliente nunca, para que no deje de sonreír aunque la tristeza inunde mi corazón y, sobre todo, para que sepa dar amor a los demás como lo diste siempre Tú!

Jaculatoria a María en el mes de mayo: Señora, Abogada Nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y a través de la dulzura de tu mirada intercede a Dios por nosotros.

Nos deleitamos con este bello Regina Coeli de Giovanni Vianni:

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