Contemplar y adorar el misterio de la Trinidad

Con enorme alegría celebramos hoy la gran fiesta de la Santísima Trinidad de la que podemos regocijarnos porque nuestra vida cristiana está marcada bajo el signo de la presencia de la Trinidad.
La Trinidad es un misterio de la fe que deseo contemplar y amar porque como cristiano vivo en la esperanza de que este misterio se me aparecerá en todo su esplendor al alcanzar la felicidad eterna el día de mi despedida de esta tierra.
Pero este misterio no tiene porque ser algo ininteligible e incomprensible porque como otros misterios cristianos el de la Trinidad es mucho más grande de lo que la inteligencia puede percibir. Y la primera base de este misterio es el amor porque Dios, el creador de todo, es la comunión perfecta del amor.
Este es el misterio de la Trinidad. El Padre que ama al Hijo y, desde la eternidad, le da la vida; está el Hijo que ama al Padre, por quien todas las cosas han sido hechas, quien es su Palabra, y cuya misión es darnos a conocer al Padre; y está el Espíritu Santo, que es el mismo amor que existe entre el Padre y el Hijo, que va del Padre al Hijo y del Hijo al Padre. ¡Por eso la belleza de Dios es trinitaria! Y ante este misterio divino de amor uno no puede más que caer en la contemplación y en la adoración.
Pero no solo es un misterio para contemplar, es también un misterio para ser experimentado y vivido porque este misterio deja una señal indeleble en toda nuestra vida cristiana, especialmente desde el momento de recibir el sacramento del bautismo. El bautismo realiza en cada persona una nueva creación convirtiéndonos en hijos adoptivos de Dios, participantes de la naturaleza divina, miembros de Cristo y coherederos con Él de la gloria eterna y templos de Dios por medio del Espíritu Santo. ¡Qué hermoso sentir que el bautismo nos une de una manera tan estrecha a la Santísima Trinidad! Vivimos en este misterio al igual que este misterio vive en nosotros.
Y el culmen de todo esto se alcanza en la Eucaristía, porque el Jesús que recibimos nos convierte en participantes de la vida trinitaria. Por eso me gusta asistir cada día a la Santa Misa y participar de la Eucaristía porque, en cierto modo, soy un huésped de la Trinidad, sentado a la mesa con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo como reflejó de manera tan hermosa el pintor ruso medieval Andréi Rublev en esa obra maestra del arte pictórico ruso que es el cono de la Trinidad pintado para la catedral de la Trinidad y san Sergio.  
La Trinidad es un misterio de alegría y de esperanza, un misterio para ser contemplado y ser vivido que nos permite comprender que Dios es amor y es causa de nuestra alegría, que Cristo es amor y es nuestra esperanza, que el Espíritu Santo es amor y es el dador de nuestra vida. ¡Que la Trinidad nos invada hoy a todos con Su presencia y llene nuestro corazón con su infinito amor y su abundante alegría!

orar con el corazon abierto.jpg

¡Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos! ¡Santísima Trinidad, Dios Trino y Uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, principio y fin nuestro, te rindo homenaje y exclamo agradecido por razón de mi fe: ¡bendita y alabada sea la Santísima Trinidad! ¡Trinidad Santísima sea todo honor, gloria y alabanza! ¡Padre del Cielo, fuente de bondad y eterna sabiduría; Jesús Buen Pastor, en cuyo Sagrado Corazón mi alma encuentra refugio; Espíritu Santo, claridad que todo lo ilumina; os suplico me otorguéis vuestra ayuda, guía, iluminación y protección en el camino de la vida!  ¡Hoy no puedo más que exclamar con gozo: Gloria a Dios en el Cielo  y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.  Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias. Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre: tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros: porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén!

Jaculatoria a la Virgen María: María, que tan unida estás a la Santísima Trinidad, que por vuestra gracia habitáis en mi alma, haced que os ame más a Ti, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Himno a la Trinidad, para acompañar a la meditación de hoy:

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Un comentario en “Contemplar y adorar el misterio de la Trinidad

  1. Mayo 27, 2018

    Oración a la Santísima Trinidad
    Oración escrita por Santa Isabel de la Trinidad

    Dios mío, Trinidad que adoro,
    ayúdame a olvidarme
    enteramente de mí mismo
    para establecerme en ti,
    inmóvil y apacible
    como si mi alma estuviera
    ya en la eternidad;
    que nada pueda turbar mi paz,
    ni hacerme salir de ti, mi inmutable,
    sino que cada minuto me lleve más lejos
    en la profundidad de tu Misterio.

    Pacifica mi alma.
    Haz de ella tu cielo,
    tu morada amada y el lugar de tu reposo.

    Que yo no te deje jamás solo en ella,
    sino que yo esté allí enteramente,
    totalmente despierta en mi fe,
    en adoración, entregada sin reservas
    a tu acción creadora.

    Amén

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