Desapegado de lo terreno

Me ocurre con frecuencia: pensar que la solución a los problemas depende exclusivamente de mí voluntad, de mi esfuerzo, de mi trabajo. Pero todo se desmorona cuando hay una ausencia de paciencia y de confianza que me lleve a darle a cada acontecimiento su verdadero sentido y dejar que sea Dios quien obre de acuerdo con su voluntad, como el sembrador paciente que echa la semilla y espera en la tierra abonada de mi corazón para que de fruto en el momento oportuno.
Esto me hace plantear que una de las virtudes esenciales de la vida espiritual es el desapego. A mayor enriquecimiento mayor empobrecimiento. El progreso en la vida espiritual se manifiesta claramente en el desapego del yo, siendo capaz de dominar mis instintos y mis deseos.
El desapego es una forma de marcar distancia en la vida cotidiana para no dejarse abrumar por la seguridad de las cosas materiales, para no tensarse sobre ellas logrando mantener una cierta distancia sobre todo lo material. Lo material, las posesiones, el poder no son fines sino medios para alcanzar grados superiores de amor, de servicio y de conocimiento.
Cuando manifiesto desapego por lo mundano no solo logro ser más libre espiritualmente, vinculándome a la verdadera fuente de verdad y vida que es Dios, sino que puedo manejar con mayor facilidad mis asuntos terrenales.
¿Pero cómo puedo lograr el desapego? Con mi esfuerzo constante por pensar menos en mi mismo y unirme más a Dios. Y una de las maneras más efectivas para lograrlo es recordar que debo vivir cada día como si fuera el último. Porque esto sí que no depende de mí, depende de Dios.

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¡Señor, hazme comprender que no soy dueño de mi vida y mi destino sino que eres Tu el que me marca el camino a seguir! ¡Hazme, Señor, una persona desprendida que utilice las cosas que tu me ofreces como medio de servicio y de amor! ¡Hazme ver, Señor, que lo importante eres Tu que todo lo sostienes con tu amor, con tu poder y con tu misericordia! ¡Señor, recuérdame que si tu no estás a mi lado yo no soy nada y nada puedo! ¡Señor, hazme una persona desprendida y que seas Tu el centro de mi corazón, el anhelo que desea poseer! ¡No permitas, Señor, que adore lo material de este mundo porque nada en este mundo tiene el valor que tienes Tu! ¡Señor, recuérdame que soy un ser creado por Dios a su imagen y semejanza por eso te pido que me ayudes a no caer en la tentación de acaparar lo material y dejarme vencer por los bienes terrenales! ¡No permitas, Señor, que el anhelo de poseer reste alegría a mi corazón! ¡Envíame a tu Santo Espíritu, Señor, para que llene mi corazón de paz interior y me haga comprender que la verdadera libertad no está en el poseer lo material sino en poseerte a Ti! ¡Concédeme, Señor, la gracia de un corazón humilde, libre y sencillo, desprendido de lo inútil e intrascendente, que viva siempre desprendido de los frutos de mi esfuerzo cotidiano y de mi trabajo diario y que este sirva solo para glorificarte y alabarte como mereces! ¡Señor, aquí me tienes en mi pequeñez, pero te la doy toda para que hagas de ella un instrumento inútil de tu amor!

Mi pensamiento eres Tu, Señor, cantamos hoy al Señor:

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