La oración es abrir puertas al amor

«¡Enséñame a orar!». Escribe a esta página una joven pidiendo que le oriente en la oración. Se puede encontrar en esta página un apartado que guía a la oración. Pero yo mismo me pregunto hoy ¿qué es la oración para mí? Y puedo compararlo con abrir las puertas de mi vida. Abrir la puerta para salir de mi mismo, de las seguridades que me rodean, de la vacuidad de mi mundo interior y de mis autosuficiencias para respirar el aire puro del amor de Dios.
Y, una vez fuera, traspasado el umbral de mi propio yo entrar en el mundo en el que Dios manifiesta todo su amor y toda su misericordia. Es caminar hacia Dios para sentir su presencia vivificante en mi corazón y mirar hacia dentro de mi para conocer mi pequeñez, mis miserias, mis faltas pero también enaltecer mis virtudes con el fin de mejorar cada día y crecer en santidad.
La oración es abrir la puerta de mi vida y dejar que mi corazón sienta la fuerza poderosa del Espíritu soplando sobre mí. Es el perfume del Espíritu que inunda todo mi interior. Es dejarse acariciar por el Espíritu de Dios. Es desprenderse de toda seguridad para llenarse de la gracia del Espíritu, es hacer propia la verdad os hará libres, es dejarse sorprender por los dones que vienen de Dios.
La oración es mirar a Dios a los ojos y sentir su mirada. Es estar alegre a pesar de los cansancios y los agobios para llenarse de la sonrisa de Dios que es puro amor. Es sentir su abrazo, su amor, su querer.
La oración es abrir de par en par las puertas al amor, es dejarse llenar por la gracia de su misericordia, es descubrir el abrazo amoroso del Padre, es sentir como extiende sus manos para acoger nuestra pequeñez.
La oración es renovar nuestro interior, es transformar aquello que está anquilosado; es purificar aquello que debe ser aireado; es renovar aquello que está caduco; es fortalecer aquello que está debilitado; es comprometerse a cambiar lo que debe ser cambiado y es fijar metas nuevas para avanzar en el camino de la vida.
La oración es darse, entregarse y amar. Es conversar con Dios de lo que me preocupa y me alegra; es entregarle a Dios a las personas que amas y que quieres; es darle también a las personas con las que no simpatizas; es interceder por el prójimo, es pedir por las necesidades del mundo.
La oración es poner vendas en las heridas que todavía supuran y curar los rencores que se almacenan en el corazón. Es desprenderse de los egos para dar cabida al amar y dejar que el corazón sea un templo en el que habitando el Espíritu Santo, Dios se sienta a gusto.
La oración es, en definitiva, tener intimidad con Dios. Es abrir de par en par las puertas al Amor.

orar con el corazon abierto.jpg

¡Señor, haz de mí un alma de oración! ¡Ayúdame a abrirte cada día el corazón para acercarme más a Ti, para que me enseñes a orar, para gozar en silencio de tu presencia, para dejar que sea Tu Palabra la que me llene, que sean tus susurros los que abran mi camino de la vida, para que seas Tu quien me vaya modelando cada día a tu imagen y semejanza! ¡Señor, haz de mi un alma orante porque quiero que en mi corazón haya siempre un espacio en el que Tú te encuentres a gusto! ¡Envía tu Santo Espíritu sobre mí, Señor, para que sea Él quien ilumine mi oración, para que cree en lo más íntimo de mi yo una actitud de docilidad, humildad y de escucha, para que transforme mi corazón de piedra en un corazón sencillo y transparente, para que me ayude a encontrar esa familiaridad e intimidad que tu quieres para nosotros! ¡Ayúdame, Señor, a ser templo de la gracia, un lugar donde Dios se sienta a gusto porque escucha la oración auténtica y sencilla de su hijo! ¡Padre, Dios de bondad, a Ti también te dirijo mi oración porque me has dado la vida, Tú eres el origen de mi existencia, la razón de mi vivir, por eso anhelo que Tu Santo Espíritu mi guíe siempre para comprender tu voluntad y que mi vida no sea más que un reflejo de la tuya, para que pueda convertirme en semilla fértil, fruto madura y luz de la Verdad que es Jesús, Tu Hijo! ¡Haz que brote, Padre, en mi interior un corazón que sienta el auténtico espíritu y sentimiento filial! ¡Señor, enséñame a orar!

La obra que escuchamos hoy tiene por título Liebe, dir ergeb’ ich mich, op. 18 nº 1 (Amor, me dirijo a Ti), compuesta para coro a ocho voces, obra de Peter Cornelius, músico del siglo XIX. Y el amor al que hace referencia es el amor al Salvador.

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