Reconfirmar mi fe

Ayer sábado asistí a la confirmación de una ahijada de mi mujer. Una ceremonia hermosa, colorida, con un coro de voces angelicales que ayudaba a vivir aquel acto solemne con una alegría desbordante.
Sentado en un banco a mitad del templo mi alma se llena de gozo. ¡Qué hermoso es ver a un ser querido confirmar libre y voluntariamente la gracia del Espíritu Santo recibida en el bautismo!
La confirmación es dar testimonio de la presencia de Dios en nuestra vida. Es sentir, actuar y pensar conforme al pensar, actuar y sentir de Dios.
Cuando a la joven le imponían en la frente el santo crisma —signo de fortaleza— y el sacerdote imponía sobre su cabeza las manos hacía visible su donación plena al Espíritu Santo interiormente le pedía al Señor que también lo haga visible en mi propia vida y en la de los míos. Que otorgue en nosotros un nuevo Pentecostés para que nos renueve la gracia para ser testimonios de Cristo en la sociedad. Le pido al Espíritu Santo que esa semilla que plantó en nuestro interior el día del Bautismo la haga crecer de manera continuada; que nos permita regarla cada día para alcanzar una mayor madurez en la fe.
¡Que profundos y bellos son los ritos de la liturgia de la confirmación!
¡Qué hermoso es pensar que cuando el obispo impone sus manos sobre la cabeza del confirmado es para darle cobijo en la Iglesia Santa de Dios!
¡Qué hermoso es ver como el padrino o la madrina imponen su mano sobre el hombro del confirmado como signo vivo del acompañamiento!
¡Qué dicha es sentir que los dones del Espíritu Santo que se reciben en este día no son solo para los confirmados sino para todos los presentes pero no para así sino para transmitirlos a los demás!
¡Qué dicha es reconfirmar que somos apóstoles de Cristo, que nuestra fuerza espiritual crece como les sucedió a ellos, que podemos sentirnos más unidos a Cristo y a la Iglesia y que nos ayuda a defender la fe!
¡Qué dicha es sentir que el Espíritu Santo realmente nos fortalece, nos prepara, nos llena y nos confiere profundidad!

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¡Gracias, Señor, por la fe! ¡Gracias, Señor, porque envías Tu Santo Espíritu sobre cada uno de nosotros para afrontar con valentía el compromiso de la fe! ¡Gracias, Señor, gracias porque nos unges cada día con la gracia de tu Santo Espíritu como ungiste ayer con el aceite a los confirmados! ¡Gracias por la gracia de la confirmación que es signo de purificación, de abundancia, de sanación, de alegría, de compromiso, de santidad, de preparación para el testimonio, para tener gusto por la belleza, para el perdón…! ¡Ayúdame, Señor, a no dejar de anunciar y de celebrar el misterio de la cruz para recordar todos que en la cruz está la certeza de Tu amor, el amor con el que cada hombre y cada mujer somos amados por Ti con independencia de lo que hagamos, pensemos, actuemos o digamos! ¡Hazme, Señor, se transmisor del signo del amor que es Tu corazón traspasado por una lanza que implica el amor sin medida, el amor que siempre perdona, el amor que no humilla, el amor que es siempre fiel, el amor que es eterno! ¡Y a Tí, Espíritu Santo, recibe la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, para que te dignes ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones mi director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza y todo el Amor de mi corazón!

Cántico de confirmación:

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