¿Qué necesidad tienes de esperar?

Terminé de leer hace unos días un libro sobre conversos del siglo XX. En uno de los capítulos, a pie de nota, destacaba una frase de san Agustín sobre la conversión: «Si ya te has decidido, ¿qué necesidad tienes de esperar? El momento es ahora; no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy».
Pienso con frecuencia lo que implica convertirse a Cristo, ser auténtico cristiano. Es algo para hoy, no para mañana. En el posponerlo al mañana pueden pesar muchas cosas. Convertirse en el hoy es tomar conciencia de lo que es amar, sufrir por los demás, servir al prójimo y estar sensibilizado por la pasión del Señor para aprender a cargar con la Cruz. Pero, sobre todo, convertirse supone cambiar de vida y la manera de comportarse porque el encuentro con Jesús te hace consciente de que no puedes centrarte en ti mismo sino seguir a Jesucristo y vivir por los demás. Convertirse a Jesús no puede aparcarse para mañana porque la auténtica conversión del corazón nunca puede esperar. Cuando pospones tu sí al Señor corres el riesgo de abandonar tu decisión porque el principe del mal se ocupa de utilizar todas las artimañas que están en su poder para debilitar tu voluntad.
¿Qué necesidad tienes de esperar? Esta pregunta de san Agustín te remite a la respuesta. La conversión es un proceso cotidiano, una implicación del corazón y del alma hacia el único destino que es válido: la cercanía con el Señor. El encuentro con Él. El anhelo de vivir por Él y con Él. Pero este proceso no depende de uno mismo; hay que orarlo, trabajarlo y pedirle al Espíritu Santo el gran don de la conversión porque, en definitiva, la conversión interior es un obsequio que Dios otorga al hombre por medio de Jesús, entregado a la humanidad para redimirnos y mostrarnos donde se encuentra la vida verdadera.

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¡Señor, permite que el Espíritu Santo obre en mi corazón pecador y frágil para que tu mismo crezcas en mi interior y se produzca en mi una profunda transformación del corazón, una auténtica conversión! ¡Concédeme la gracia de llenar mi corazón de tu bondad, de tu amor, de tu humildad y de tu misericordia! ¡Lléname de la gracia para saber acoger siempre lo bueno y lo correcto y despreciar lo que me aparta de Ti! ¡Fortaléceme para una auténtica conversión, para no dejarme llevar por las artimañas que me presenta el demonio y dame la sabiduría para ser testimonio de tu verdad! ¡Concédeme la gracia de una vida virtuosa y pura, bondadosa y servicial, que desprecie los placeres mundanos y abrace los anhelos de tu Sagrado Corazón! ¡Señor, tu conoces mi pasado y mi presente, lo que he sido y lo que soy, mi disponibilidad y mis abandonos, mi fortalezas y debilidades, mis virtudes y mis defectos, mis capacidades y mis limitaciones, ayúdame a que lo positivo prevalezca sobre el mal! ¡Ayúdame a cambiar lo que deba ser cambiado, a convertirme en lo que Tú anhelas que sea, a vivir acorde con tus mandamientos y vivir con la luz de tu verdad y de tu amor! ¡Ilumina, Señor, por medio de tu Santo Espíritu mi corazón, mi alma, mi mente y mi entendimiento para que en cada una de las situaciones de mi vida actúe como actuabas Tú, piense como pensabas Tú, sentir como sentías Tú, querer como querías Tú y vivir conforme a tu vivir!

Me abandono en Ti, cantamos hoy:

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Un comentario en “¿Qué necesidad tienes de esperar?

  1. Jesús se revela plenamente a Pablo como el que ha resucitado de entre los muertos. Al Apóstol se le concede, así, «ver al Justo y oír su voz» (Hch 22, 14). Desde aquel momento, Pablo es constituido «apóstol» como los Doce, y podrá afirmar, dirigiéndose a los Gálatas: «Aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que lo anunciase entre los gentiles» (Ga 1, 15-16).

    La conversión de Pablo se realiza a través del sufrimiento. Se puede decir que antes fue derrotado en él Saulo, el perseguidor, para que pudiera nacer Pablo, el Apóstol de los gentiles. Su llamada es, quizá, la más singular de un Apóstol: Cristo mismo derrota en él al fariseo y lo transforma en un ardiente mensajero del Evangelio. La misión que Pablo recibe de Cristo está en armonía con la que confió a los Doce, pero con un matiz y un itinerario particular: él será el Apóstol de los gentiles. (Juan Pablo II)

    SS JUAN PABLO II, EN CONVERSACIÓN CON LOS JÓVENES DE LA DIÓCESIS DE ROMA LES ENSEÑA:
    Es verdad; hoy, en general, no se siente la necesidad de conversión, como sucedía en otro tiempo……Sólo gracias a un proceso constante de conversión y renovación el hombre avanza por el arduo sendero del conocimiento de sí, del dominio de la propia voluntad y de la capacidad de evitar el mal y hacer el bien………………….No quiero decir que el camino de la conversión sea fácil. Cada uno sabe lo difícil que es reconocer los propios errores. En efecto, solemos buscar cualquier pretexto con tal de no admitirlos. Sin embargo, de este modo no experimentamos la gracia de Dios, su amor que transforma y hace concreto lo que aparentemente parece imposible obtener. Sin la gracia de Dios, ¿cómo podemos entrar en lo más profundo de nosotros mismos y comprender la necesidad de convertirnos? La gracia es la que transforma el corazón, permitiendo sentir cercano y concreto el amor del Padre. (ENCUENTRO DEL PAPA JUAN PABLO II CON LOS JÓVENES DE LA DIÓCESIS DE ROMA COMO PREPARACIÓN PARA LA XIV JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD Jueves 25 de marzo de 1999)

    SS BENEDICTO XVI, EN EL ENCUENTRO CON EL CLERO DE ROMA, LES ENSEÑA;

    No podemos pensar en vivir inmediatamente un vida cristiana al ciento por ciento, sin dudas y sin pecados. Debemos reconocer que estamos en camino, que debemos y podemos aprender, que necesitamos también convertirnos poco a poco. Ciertamente, la conversión fundamental es un acto que es para siempre. Pero la realización de la conversión es un acto de vida, que se realiza con paciencia toda la vida. Es un acto en el que no debemos perder la confianza y la valentía del camino. Precisamente debemos reconocer esto: no podemos hacer de nosotros mismos cristianos perfectos de un momento a otro. Sin embargo, vale la pena ir adelante, ser fieles a la opción fundamental, por decirlo así, y luego continuar con perseverancia en un camino de conversión que a veces se hace difícil. En efecto, puede suceder que venga el desánimo, por lo cual se quiera dejar todo y permanecer en un estado de crisis. No hay que abatirse enseguida, sino que, con valentía, comenzar de nuevo. El Señor me guía, el Señor es generoso y, con su perdón, voy adelante, llegando a ser generoso también yo con los demás. Así, aprendemos realmente a amar al prójimo y la vida cristiana, que implica esta perseverancia de no detenerme en el camino. (EN SU ENCUENTRO CON EL CLERO DEL ROMA, EL 22 DE FEBRERO, BENEDICTO XVI MARTES, 6 MARZO 2007)

    El Papa Francisco con Evangelii Gaudium recuerda a los laicos “la imperiosa emergencia de tomar conciencia de su propia identidad católica”.

    “El Señor Jesús nos está pidiendo y la Iglesia nos pide a través del Papa que nos convirtamos en apóstoles, que nos sintamos responsables por la conversión del mundo, todas las personas que conocemos, trabajo, familia, amigos, que nosotros seamos para ellos realmente testimonio vivo de que Cristo es real, de que Cristo está vivo, que ha resucitado y que tiene el poder de cambiar la vida de todo el mundo, especialmente haceros felices en el cambio total del corazón”

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