¿Quién es el inspirador para los momentos cruciales?

En los momentos cotidianos de la vida, en el día a día, en las dificultades… ¿quién es el inspirador para los momentos cruciales? El Espíritu Santo. Las páginas de los Evangelios te revelan momentos definitivos que muestran como el Espíritu Santo actuó en determinadas situaciones, pero especialmente en la Virgen María. Desde el día mismo de la Anunciación, pasando por la visita a su prima santa Isabel hasta el día hermoso en que unas llamaradas de fuego dieron a los seguidores de Jesús la fortaleza para salir en misión el día de Pentecostés. A todas estas llamadas respondió María con docilidad, aceptando los planes de Dios.
La escogida de Dios —y por el mero hecho de haber sido creados por Él, somos también escogidos para una misión— recibió del Espíritu Santo el gusto por las cosas divinas; fue el Espíritu quien forjó delicadamente su personalidad; fue el Espíritu quien le otorgó el carácter para ver la belleza de las cosas; fue el Espíritu quien le dio la docilidad para hacer la voluntad de Dios. En todos los momentos decisivos de su vida, allí estaba el Espíritu. ¿Y no está también en mí y en todos los corazones humanos y lo olvidamos con tanta frecuencia?
En este día quiero mirar a María para que, contemplando su estrecha relación con el Espíritu, me permita hacer como ella: saborear, apreciar, esperar y sentir la presencia viva del Espíritu Santo en mi vida.
La simple mirada a María me permite comprender como debo imitar en todo a la Madre, tan llena de la gracia del Espíritu al servicio humilde y generoso del Padre. Y como ella quiero ser dócil a su voluntad, a profundizar en Su Palabra, a abrirle mi corazón y entregar mi alma a la gracia.

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¡Me uno a Ti, María, con el corazón abierto y con toda humildad, para acudir a tu regazo y sentir tu presencia! ¡Me uno a Ti, María, Esposa del Espíritu Santo, para dejarme llenar como hiciste Tu por el soplo del Espíritu! ¡Quiero aprender de Ti, Señora, a ser dócil a la llamada del Padre y acoger en mi interior las gracias del Espíritu! ¡Espíritu Santo al igual que hiciste con María concédeme el don de la sabiduría para ser capaz de apreciar en cada momento de mi vida los signos de la presencia viva del Padre! ¡Concédeme, Espíritu divino, el don del entendimiento para comprender siempre los designios del Padre y crecer junto a Él en santidad, amor, generosidad y servicio! ¡Concédeme, Espíritu de buen consejo, la capacidad para dilucidar, como hizo María, aquello que es conveniente o inconveniente en mi vida y poder recibir con humildad los consejos ajenos y repartir con generosidad consejos a otros! ¡Concédeme, Espíritu de fortaleza, la fuerza necesaria para luchar contra mis debilidades y flaquezas y hacer como María que supo sacar en cada instante de su vida la fuerza sobrenatural para cumplir lo que Dios le pedía! ¡Concédeme, Espíritu del Señor, el don de la ciencia para reconocer lo que es crucial e importante en mi vida! ¡Dame también, Espíritu de verdad, el temor a Dios para entender lo importante que es tenerlo como referente en la realidad de mi vida! ¡Y sobre todo, como hiciste con María, concédeme el don de piedad para orar con el corazón abierto todo aquello que acontece en mi vida y ponerlo en el plano de Dios!

¡Madre, pide a tu hijo por mí! es el título castellano de esta obra hermosa titulada Mater, ora Filium del compositor británico Leonel Power.

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