Agradeciendo al Sagrado Corazón

Me acompaña una imagen del Sagrado Corazón. Antes de comenzar la oración me fijo especialmente en la ilustración. E, inmediatamente, algo me emociona profundamente: el sentir que el Sagrado Corazón ante todo es el misterio de la humildad de Dios manifestada en Cristo, su Hijo. Observo su corazón y veo en él el símbolo que designa la interioridad de la persona, su propio ser, con su inteligencia, su voluntad y su afectividad. El Sagrado Corazón es la identidad de Jesús que se revela en toda su delicadeza y profundidad: el amor.
Dios es amor. Y el amor, que es Dios, no ha sido revelado de una manera abstracta sino en lo concreto de la historia. Y lo ha hecho a pesar de nuestras infidelidades humanas. Su plena revelación tuvo lugar en la vida de Jesucristo: al dar su vida por sus amigos y por todos los hombres, Cristo nos ha demostrado su gran amor, este amor tan grande que proviene del Dios mismo.
En el amor se pueden hacer declaraciones revestidas de solemnidad. Pero, sobre todo, el amor se prueba mediante actos, acciones cotidianas o circunstancias críticas. El gesto extremo de amor se estableció cuando un hombre inocente permitió libremente morir en la cruz. Su símbolo es ese corazón herido expuesto a nuestra mirada. Dios no manifestó su amor de una manera general o incorpórea; lo hizo dentro de los límites del espacio y el tiempo, dentro de los límites de la vida humana de Jesús de Nazaret: su corazón humano cristaliza en una sola vida la totalidad del amor.
Esta demostración de amor está revestida de humildad. ¿Debería sorprendernos? El camino del Amor es el de la humildad y la humillación: esta es la vida misma de Cristo. Contemplando la imagen del Sagrado Corazón ves como se revela la humildad del Hijo de Dios que no ha dejado los límites de su humanidad para demostrarnos su amor. Es en su humanidad donde se esconde su divinidad.
Meditar el misterio del Sagrado Corazón humilla tu propio corazón de hijo de Dios: te hacer ser más humilde, te hace descubrir la extrema delicadeza de un amor que pone en evidencia tu propia tibieza espiritual, te ayuda a comprender que debes suavizar el corazón de piedra y dar lugar a un grito de gratitud en lugar de tantas consideraciones intelectuales o racionalistas. Y sobre todo manifiesta el mandamiento del amor.
En el Corazón Sagrado y Humano de Cristo, Dios oculta todas las maravillas de su amor: por eso no puedo permitir que mi corazón se endurezca sino que debo dejarme tocar siempre por la ternura divina y dejar que la humildad de Jesús alimente la mía para abrir mi corazón y repetir grandes dosis de amor.

orar con el corazon abierto.jpg
¡Gracias, Padre, porque por medio del Sagrado Corazón de Jesús tu misericordia de Padre sale al encuentro de nuestra humanidad pecadora para recuperarla de la perdición que nos aleja de la felicidad para la cual hemos sido creados! ¡Gracias, Padre, tu amor es comunión de las tres divinas personas que conformáis la Santísima Trinidad! ¡Gracias, Padre, porque eres amor y no nos has creado solo amor, sino que por amor te has revelado por el desamor de nuestros pecados! ¿Gracias, Padre, porque por medio de Cristo y la ayuda inestimable del Espíritu Santo, te encontramos, te reconocemos y te alabamos! ¡Gracias, Padre, porque por medio del Sagrado Corazón de Cristo demuestra la riqueza de tu misericordia, el gran amor que siente por nosotros, la oportunidad de vivir en Cristo, con Cristo y por Cristo! ¡Gracias, Jesús, porque tu Sagrado Corazón testimonia el gran amor que sientes por nosotros! ¡Gracias por tu misericordia, gracias por tu muerte en cruz, gracias por rescatarnos de las fosas del pecado, gracias por colmarnos de gracias y de ternura! ¡Gracias, Jesús, porque tu corazón es símbolo de la grandeza de tu amor que me invita a mi a amar más! ¡Gracias, Jesús, porque unido a tu Sagrado Corazón puede entrar en sintonía con Tu Padre! ¡Gracias, Jesús, porque tu Sagrado Corazón me invita a cambiar mi corazón pecador por un corazón arrepentido, para romper las cadenas que lo atan al pecado y abrirlo a la bondad! ¡Gracias, Jesús, porque tu corazón coronado de espinas y rebosante de sangre se convierte para mí en el símbolo de una entrega amorosa que requiere dar respuesta al amor concreto en mis gestos de cada día!

Canción al Sagrado Corazón de Jesús:

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