Me niego a claudicar en mis esperanzas

Al abrir la puerta de un templo observo junto a un cartel de Cáritas, los anuncios parroquiales y los horarios de misa un cartel con esta pregunta: «¿Quién a pesar de llegar cuatro días más tarde lo hizo en el momento preciso?»
La pregunta remite, lógicamente, al momento en que Jesús, antes de la Pasión, resucitó a Lázaro cuando su amigo, fallecido hacía cuatro días, se encontraba en el sepulcro.
Al arrodillarme en mi breve visita al Sagrario le digo al Señor: «¡Cuánta verdad hay en que todo lo haces en «el momento preciso». Yo busco mis tiempos y, en cambio, tu eliges siempre el momento perfecto para cada situación». Con frecuencia esperamos largo tiempo antes de ver correspondida una plegaria pero cuando la repuesta aparece es en «el momento preciso» o, cuando ya en la precariedad emocional, la acción de Dios era más necesaria.
Si contemplamos como funcionaba el ministerio terrenal del Señor es fácil comprobar cómo todo lo que había venido a hacer se correspondía con «el momento preciso» del que habla el cartel de entrada en el templo.
Si Cristo no responde cuándo y cómo uno desea o piensa que debería haberlo hecho no implica que no se dará una respuesta. Ésta surgirá de algún modo en el «el momento preciso». El Señor es un Dios justo y nada queda al albur de su misericordia.
Con el paso de los años y mi mayor cercanía al Señor he aprendido que cuando parece que he llegado al límite de mi capacidad y las fuerzas flaquean tengo que aguantar. No puedo desfallecer. Dando siempre un paso más. La paciencia confiada es la llave maestra que abre el cofre que contiene las bendiciones de Dios. Hay momentos en los que uno se tiene que conformar con esperar la respuesta. Aunque el ruego es que finalice de inmediato un problema, una dificultad o una circunstancia negativa tal vez el Señor vea preferible hacerlo más adelante. El cronograma con el que se mueve habitualmente Dios es infalible.
La fe consiste creer en la misericordia de Dios y confiar con el corazón abierto. Por medio de la fe nada hay imposible. La fe impide que las pruebas de la vida nos quiten la serenidad, la paz y la alegría.
Yo me niego a claudicar en mis esperanzas. Prefiero aferrarme a Dios a pesar de los aparentes silencios a mis súplicas, acogerme a sus promesas a pesar de no observar resultados inmediatos… porque soy consciente por experiencias previas que Dios nunca me falla.

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¡Señor, me fe es muchas veces tibia y necesito la fuerza de tu presencia para confiar en tus promesas! ¡No permitas, Señor, que me desmorone cuando no lleguen las respuestas a mis súplicas! ¡Concédeme, Señor, la gracia de una fe firme, una confianza ciega y una esperanza cierta! ¡Cuando no se cumpla mi voluntad, Señor, no permitas que me aparte de Ti! ¡Haz ver, Señor, que mis tiempos no son los tuyos, que tu eliges siempre «el momento preciso» para cada cosa1¡Señor, es tu fuerza la que me conduce y me guía; es tu luz la que ilumina mi corazón, es tu confianza la que aligera mis cargas, es tu amor el que me sostiene gracias a tu ternura! ¡No te enojes conmigo, Señor, cuando justifique mis múltiples torpezas acudiendo a tu misericordia! ¡No te entristezcas conmigo, Señor, cuando falte a tu confianza! ¡No te apenes cuando quiera acceder a tu voluntad pero tome otros caminos! ¡No te aflijas si no correspondo a tu amor! ¡Y te pido perdón, Señor, mis tantas dudas y desconfianzas, por tanta falta de testimonio auténtico, por tantas faltas de fe, por tanta tristeza y pesimismo escondido en mi corazón, por mis cansancios y mis miedos injustificados, por mis impaciencias y mis prisas para que se cumpla lo que te pido, por mi dureza de corazón, por mi egoísmo para ver cumplidos mis sueños que tantas veces se alejan de Ti,  por mi ceguera ante los signos que tu envías! ¡Perdón, Señor, por mi escasa relación contigo que me hace tantas veces desconfiar de tu Palabra, de tus gestos, de tu amor y de tu misericordia!

Esperanza de vida, cantamos hoy:

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2 comentarios en “Me niego a claudicar en mis esperanzas

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    Nos hace falta la virtud de la esperanza, Señor
    La esperanza es la luz que puede romper las negras sombras cuando parece que todo está perdido.

    Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net

    Señor vengo con el alma en sombras, sombras que se llegan a convertir en oscuridad si nos falta la virtud de la Esperanza….

    Cuando eso sucede hay noches en las que parece que el tiempo se ha detenido y jamás veremos el amanecer… en ellas oímos el palpitar de nuestro corazón y cada latido nos duele.

    Noches de negrura espiritual en las que todo parece agrandarse, nuestra pena, nuestra angustia y nuestro malestar.

    Nos pesa la vida y en el silencio de esa noches nos parece que no hay pena como nuestra pena.

    Pero…si hay un poco de esperanza en nuestro corazón, estamos salvados.

    Sabemos de casos que esa gran “desesperanza” ha llegado a tal límite, a tal profundidad que no se ha encontrado otra solución que el buscar la “puerta falsa”. Es el escape, el terminar con algo que pesa demasiado y el sentirse sumergido en las tinieblas de una noche “sin mañana”… sin esperanza. ¡Eso fue lo que les faltó a esas vidas, LA ESPERANZA.

    La esperanza es un mañana mejor, la esperanza es la luz que puede romper las negras sombras cuando parece que todo está perdido.

    Sin esperanza no se puede vivir.

    Cuando hay Esperanza a pesar de la desilusión y del dolor, siempre habrá otro camino que no sea el de la desesperación y el total aniquilamiento del verdadero yo.

    Es cierto que hay situaciones en la vida que son como la más oscura de las noches, noches en que las horas parecen no pasar…pero cuando hay fe, cuando sabemos que tenemos un Dios Padre que sabe de nuestro sufrimiento, cuando nos sabemos amados por El, a pesar de que nuestro sentimiento de soledad sea inmenso, si nos dejamos arropar y abandonar en sus brazos y en los de nuestra Madre María Santísima, la Esperanza, de saber que Dios nos ama, llegará con su luz que sabe consolar.

    Quien se siente amado no puede caer en la desesperación y Dios nos ama.

    La ESPERANZA, es una virtud que tenemos que cultivar como la flor más delicada y valiosa. Tres son las virtudes teologales : Fe, Esperanza y Caridad, cuyo objeto directo es Dios Sin ellas es muy difícil caminar por la vida y no podemos olvidar que la Esperanza siempre será la luz en nuestras noches cuando las penas y las dificultades las hagan muy oscuras.

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  2. Nos hace falta la virtud de la esperanza, Señor
    La esperanza es la luz que puede romper las negras sombras cuando parece que todo está perdido.

    Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net

    Señor vengo con el alma en sombras, sombras que se llegan a convertir en oscuridad si nos falta la virtud de la Esperanza….

    Cuando eso sucede hay noches en las que parece que el tiempo se ha detenido y jamás veremos el amanecer… en ellas oímos el palpitar de nuestro corazón y cada latido nos duele.

    Noches de negrura espiritual en las que todo parece agrandarse, nuestra pena, nuestra angustia y nuestro malestar.

    Nos pesa la vida y en el silencio de esa noches nos parece que no hay pena como nuestra pena.

    Pero…si hay un poco de esperanza en nuestro corazón, estamos salvados.

    Sabemos de casos que esa gran “desesperanza” ha llegado a tal límite, a tal profundidad que no se ha encontrado otra solución que el buscar la “puerta falsa”. Es el escape, el terminar con algo que pesa demasiado y el sentirse sumergido en las tinieblas de una noche “sin mañana”… sin esperanza. ¡Eso fue lo que les faltó a esas vidas, LA ESPERANZA.

    La esperanza es un mañana mejor, la esperanza es la luz que puede romper las negras sombras cuando parece que todo está perdido.

    Sin esperanza no se puede vivir.

    Cuando hay Esperanza a pesar de la desilusión y del dolor, siempre habrá otro camino que no sea el de la desesperación y el total aniquilamiento del verdadero yo.

    Es cierto que hay situaciones en la vida que son como la más oscura de las noches, noches en que las horas parecen no pasar…pero cuando hay fe, cuando sabemos que tenemos un Dios Padre que sabe de nuestro sufrimiento, cuando nos sabemos amados por El, a pesar de que nuestro sentimiento de soledad sea inmenso, si nos dejamos arropar y abandonar en sus brazos y en los de nuestra Madre María Santísima, la Esperanza, de saber que Dios nos ama, llegará con su luz que sabe consolar.

    Quien se siente amado no puede caer en la desesperación y Dios nos ama.

    La ESPERANZA, es una virtud que tenemos que cultivar como la flor más delicada y valiosa. Tres son las virtudes teologales : Fe, Esperanza y Caridad, cuyo objeto directo es Dios Sin ellas es muy difícil caminar por la vida y no podemos olvidar que la Esperanza siempre será la luz en nuestras noches cuando las penas y las dificultades las hagan muy oscuras.

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