«No lo voy a conseguir»

Todo ser humano vive un espacio seguro; es ese espectro de circunstancias en las cuales nos sentimos cómodos. Por eso nos resulta más sencillo interactuar con las personas con las que convivimos sin excesivos esfuerzos. En la mayoría de los casos, los límites vienen marcados por los temores que nos inundan, por el qué pensarán de nosotros, por la necesidad de ser aceptados y reconocidos, por el cómo valorarán nuestras conducta…
En esta zona segura nuestra vida se acomoda. El problema surge cuando esta comodidad se va arraigando y le permitimos que gobierne y guíe cada una de nuestras decisiones porque con ello se impide el crecimiento interior. Asfixiamos así cualquier posibilidad de experimentar lo que la vida nos ofrece. Sin esfuerzo, uno corre el grave riesgo de vivir en la autocomplacencia.
¿Pero qué sucede cuando el Señor desea ampliar mis horizontes personales para que no permanezca en la zona de confort? Que corro el gran peligro de quedarme allí, en el abismo de la mediocridad, pues es el lugar en el que me siento seguro en lugar de explorar nuevos caminos que me pueden llevar a la felicidad. Incluso se puede perder la capacidad de luchar para dar un salto cualitativo en la vida de fe.
Cuesta traspasar límites pero uno nunca desarrollará sus capacidades si no está dispuesto a esforzarse y estar dispuesto a superar sus propios límites.
El hermano de un amigo está ingresado desde varios meses en la clínica Guttmann, un hospital especializado en el tratamiento médico y quirúrgico y en la rehabilitación integral de les persones con lesión medular o daños cerebrales. Me explicaba que le están enseñando a caminar de nuevo. Desde hace poco solo da solo pequeños pasos en los que la coordinación brilla por su ausencia pero el médico considera que puede dar más de sí. Hace unas semanas, este joven que se resistía utilizando dos frases: «va a ser imposible» y «no lo voy a conseguir», por miedo al fracaso y a caerse al intentarlo, fue obligado casi por su madre a seguir los consejos del facultativo. Cuando comenzó a caminar con mayor rapidez fue consciente de que era capaz de hacerlo. Ese día, lleno de lágrimas, fue consciente de que es posible llegar al infinito con propósitos firmes.
En la vida espiritual siento también que debo tener principios firmes. Cuando uno contempla con el corazón abierto la naturaleza de Cristo se hace consciente de que Él nos aparta de los parámetros en los que asentamos nuestra comodidad y nos conduce en nuestra vida a desafíos nuevos con el objetivo de contemplar con claridad los límites que nos hemos auto impuesto para poder rebasarlos. Cuando lo logramos tomamos conciencia de que no es tan inquietante y angustioso como creíamos y que, además, se nos abre un abanico nuevo de oportunidades.
¿Por qué cuesta tanto comprender que debemos salir de nuestra comodidad y no le pedimos al Señor el valor necesario que necesita nuestro espíritu para afrontar lo que Él espera de nosotros?

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¡Señor, por medio de tu Santo Espíritu, dame un corazón fuerte, valiente, decidido, comprometido para adorarte, para alabarte y para afrontar con firmeza las decisiones de mi vida, para cambiar lo que deba ser cambiado! ¡Dame un corazón como el tuyo, Señor! ¡Señor que las marcas que dañan mi corazón en forma de recelos, complejos, desprecios, humillaciones, heridas… no sean obstáculo para crecer! ¡No permitas, Señor, que me quede en mi zona de comodidad porque no quiero vivir el resto de mi vida sin cumplir la promesa que el Padre tiene para mí! ¡No permitas, Señor, que ponga barreras a mi crecimiento personal y espiritual! ¡Envía tu Santo Espíritu, Señor, sobre mí para que dentro de mi corazón me de una visión renovada, una esperanza nueva y una fe firme y confiada! ¡No permitas, Señor, que haga las cosas a medias porque tu nunca las hacías así; tu me llamas con poder y autoridad! ¡Ayúdame a volar más alto, a alcanzar nuevas metas, amar como nunca he amado, sentir como nunca he sentido, esforzarme como nunca me esforzado, perdona como nunca he perdonado, sentir el dolor del prójimo como nunca lo he sentido, santificarme como nunca me he santificado! ¡Señor dame hoy un corazón nuevo que no repita«va a ser imposible» y «no lo voy a conseguir» porque a tu lado todo es posible!

Hoy es la festividad de San Benito. La Iglesia Católica fomenta el uso de los sacramentales como la Medalla de San Benito. Los laicos debemos promover el uso de los sacramentales y la oraciones de liberación contra el mal en hogares y familia ante  los ataques contra la familia y el matrimonio. La Iglesia invita a rezar la oración a San Benito  para pedir la protección espiritual y alejar la influencia del mal:
Oh glorioso San Benito, modelo sublime de todas las virtudes, vaso puro de la gracia de Dios. Heme aqui, humildemente postrado ante ti. Imploro tu corazón lleno de amor para que intercedas por mí ante el trono divino de Dios.
A ti recurro en todos los peligros que a diario me rodean. Protégeme contra mis enemigos, contra el maligno enemigo en todas sus formas e inspírame a imitarte en todas las cosas
Que tu bendición esté conmigo siempre, de modo que pueda huir de todo lo que no es agradable a Dios y evitar así las ocasiones de pecado.
Dulcemente te pido, que me consigas de Dios los favores y gracias de las cuales yo estoy tan necesitado, en las pruebas, en las miserias y en las aflicciones de la vida.
Tu corazón siempre estuvo tan lleno de amor, compasión y misericordia hacia los que estaban afligidos o con problemas de cualquier tipo.
Tú nunca has despedido sin consuelo y asistencia a cualquiera que haya recurrido a ti. Por lo tanto, invoco tu poderosa intercesión, con esperanza y confiado en que tú escucharás mis oraciones y me alcanzarás la gracia especial y favor que tan seriamente te imploro (pedir el favor a recibir), si es para la mayor gloria de Dios y el bien de mi alma.
Ayúdame, Oh gran San Benito, vivir y morir como un hijo fiel de Dios, que sea siempre sumiso a Su santa voluntad, para lograr la felicidad eterna del cielo.
Amén

Para quien lo desee adjunto información de la Medalla de san Benito contra los males que pueden afectar al espíritu, como las tentaciones del poder del mal.

Sumérgeme, cantamos hoy con Jesús Adrián Romero:

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