El Señor quiere utilizarnos para cosas grandes

Muchas de las cosas hacemos en la vida Dios las ha previsto para utilizarnos con un fin concreto —que, incluso, puede ser extraordinario— o poco habitual. A veces para conseguirlo basta con obedecerle y seguir con sencillez de corazón la perspectiva que Él tiene de la vida y de las circunstancias.
Hay momentos en que, por lo que nos toca vivir, no tenemos un visión clara de lo que Dios pretende y hará con nosotros pero cada uno, según su responsabilidad, sustentado en la fe y asentado en la confianza, puede ir construyendo aquello que Dios siembra en el corazón.
Las dudas son lógicas porque la incerteza ante el resultado nos agobia, el no saber como saldrán las cosas nos preocupa. Sin embargo, cuando uno es obediente a la voluntad de Dios y deja que la fe se derrame en su interior, el Señor bendice nuestra vida.
Cualquier objetivo, meta, deseo, sueño, esperanza o visión que Dios siembra en el corazón está para ser abonado aunque a los ojos de la razón parezca algo ilógico o uno no se sienta preparado para llevarlo a cabo. Cabe, incluso, que se rían de uno, que los comentarios que se escuchen nos desanimen o que pongan en tela de juicio las propias creencias porque hoy creer es de «débiles y timoratos».
Me gusta pensar que el Señor quiere utilizarnos para hacer cosas grandes y que para ello es necesario caminar por la senda de la fe. Siento que Dios moldea cada paso que damos porque como exquisito alfarero que es moldea cada día su obra para nuestra glorificación y bendición.

orar con el corazon abierto.jpg

¡Señor, olvido con frecuencia que me has dado la vida para caminar hacia el cielo prometido! ¡Olvido también, Señor, que tu has pensado para mi una vida santa y que tienes preparado para mí y mi familia unos planes que debo cumplir! ¡Hazme consciente de que por el bautismo soy hijo tuyo y que debo fortalecer mi fe y mi confianza para hacer siempre tu voluntad! ¡Concédeme el don de la obediencia para no desviarme de la sendas del bien y envía tu Santo Espíritu sobre mí para que llene mi corazón de bondad, fortaleza, sabiduría y fe, para tomar las decisiones correctas! ¡Quiero sentir tu ternura, Señor, sentir como tus manos moldean mi vida y haz que tu Santo Espíritu me de la fortaleza para no desanimarme ante los problemas y dificultades y no dejarme arrastrar por las acechanzas del demonio! ¡Señor, ayúdame a ser testimonio de verdad, que no me importe el que dirán, que no tenga miedo a testimoniar mi fe, que sea consciente de que me has dado un visión y que mi camino es la santidad! ¡Utilízame, Señor, para bendecir a los que me encuentre por el camino y que el Espíritu Santo ilumine cada una de mis palabras, gestos, sentimientos y acciones para que unidos en Jesús y por Jesús quienes estén a mi lado sientan tu presencia!

Viajamos hoy al siglo XVIII para escuchar el Miserere en sol menor a seis voces de Niccolo Jommelli:

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