¿Qué obstáculos me impiden dejarme guiar por el Espíritu Santo y seguir a Jesús?

Tercer sábado de julio con María, el fruto más hermoso del Espíritu Santo, en nuestro corazón. En María se unen todos los frutos del Espíritu de Dios: «Amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio». En la Virgen es posible contemplar cómo se desarrolla cada uno de estas frutos y, sin temor, puedes acercarnos a Ella para rogarle que te acerque a Jesús, su Hijo.
María es una mujer libre porque en Ella el amor y el servicio al prójimo ocupan el primer lugar de su vida. María nos mira a cada uno de nosotros, a cada hombre y a cada mujer, con benevolencia de Madre. Con independencia de cual sea nuestra vida, María, con paciencia y dulzura, nos invita a acercarnos a su Hijo para recibir su misericordia y ser receptores de su infinito amor. María está siempre al servicio de los hombres: la vemos en la Visitación donde, sin preocuparse de su embarazo, se pone al servicio de su prima Isabel. La contemplamos en la años de vida oculta en Nazaret al servicio humilde y callado de José y de Jesús atesorándolo todo en el corazón; la observamos generosa y preocupada en las bodas de Caná; la vemos también en el Cenáculo, en un segundo plano, durante la Institución de la Eucaristía; la sentimos aceptando ser la Madre de los hombres a los pies de la cruz…
En el seguimiento de Jesucristo, María nos invita a entrar en este camino de libertad, en el camino del servicio del amor al prójimo… Y a mí, ¿qué me impide entrar en este camino de libertad al servicio de los demás por medio del amor?
María camina siempre bajo la guía del Espíritu Santo, se deja guiar por Él escuchando la Palabra de Dios, meditándola y sosteniéndola en su corazón… Caminar con María, bajo la guía del Espíritu Santo, es dar la bienvenida a la paciencia avanzando al ritmo de la gracia: a veces apresurándose con el discernimiento, ¡a veces esperando pacientemente! Caminar con María bajo la guía del Espíritu Santo es ingresar en el camino de una fidelidad constantemente renovada siguiendo a Cristo. Y en mí vida, ¿qué obstáculos me impiden dejarme guiar por el Espíritu Santo y seguir a Jesús?
En María habita el Espíritu Santo. A lo largo de su vida, a través de su fidelidad al Señor, manteniendo todas las cosas en su corazón, María se deja conducir por el Espíritu: de Nazaret a Belén, de Belén a Egipto, de Egipto a Nazaret, de Nazaret al Calvario y del Calvario a la alegría de la Resurrección… A través de todos los acontecimientos de su vida, María no busca satisfacer sus propios deseos sino cumplir la voluntad de Dios. Así es como la alegría nace en Ella y la lleva al mundo. Y vuelvo a cuestionarme, ¿qué obstáculos me impiden dejarme guiar por el Espíritu Santo para hacer y actuar como Ella?
¡Hoy quiero avanzar en la presencia de María! Con ella, pedirle a Jesús que renueve el don de su Espíritu en mi para que sea capaz de llevar los frutos del amor, la alegría, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio de mi mismo a mi propia vida. Le pido que me libre de las tentaciones del pecado y me otorgue la libertad de los hijos de Dios.
¡Que María me ayude a redescubrir que es el Espíritu el que me hace vivir y esa es la maravilla que el Señor hace por mí!

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¡María, Tu viviste unida a la gracia del Espíritu, te dejaste iluminar por Él y te llenaste de sus gracias; permíteme seguir tu ejemplo para vivir en santidad! ¡María, intercedo ante Ti para que me ayudes a abrir el corazón y ser dócil a los dones del Espíritu! ¡Ven, Espíritu Santo, y otórgame el don de Sabiduría! ¡Ven, Espíritu Santo, y otórgame el don de Entendimiento! ¡Ven, Espíritu Santo, y otórgame el don de Consejo! ¡Ven, Espíritu Santo, y otórgame el don de fortaleza! ¡Ven, Espíritu Santo, y otórgame el don de Ciencia! ¡Ven, Espíritu Santo, y otórgame el don de Piedad! ¡Ven, Espíritu Santo, y otórgame el don del Santo Temor de Dios! ¡Ayúdame, María, a abrir siempre mi corazón a los frutos del del Espíritu de Dios e impregnarlo todo de amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y misericordia! ¡Concédeme la gracia de la humildad para ser capaz de servir como Tu a los demás con mucho amor! ¡María, ayúdame a acrecentar más mi fe, no permitas que la maldad se acerque a mi corazón, intercede por mi y por toda la humanidad ante Dios y con la más firme convicción hazme un buen hijo de Dios!

Sicut lilium inter spinas (Como lirio entre espinas),  una hermosa antífona a cuatro voces de Antoine Brumel con textos del Cantar de los Cantares para honrar a María:

Un comentario en “¿Qué obstáculos me impiden dejarme guiar por el Espíritu Santo y seguir a Jesús?

  1. Los obstáculos nos señalan el camino
    Jesús nos pone los obstáculos de la vida para señalarnos la ruta, como antorchas que marcan nuestro camino.

    Por: Oscar Schmidt | Fuente: http://www.reinadelcielo.org

    ¡Años de luchar contra mis debilidades!. Cuanto esfuerzo en sobreponerse a habilidades no poseídas, a talentos no desarrollados, en quitar de mi camino obstáculos que se ubican una y otra vez en el centro de mi ruta, como rocas que caprichosamente buscan rodar frente a mí, por más que las rodee o quite de la huella. Recuerdo particularmente mi adolescencia, sueños de desarrollar mi vida en una dirección, pero sin lograr siquiera crecer en ese rumbo, pese a enormes esfuerzos iniciados una y otra vez. Y luego en los primeros años de mi vida de adulto, sorprenderse de que algunas cosas funcionaron imprevistamente sin mayores esfuerzos, mientras otras presentaron una tremenda resistencia. Por más que testarudamente quise ir en un rumbo luchando contra incontables dificultades, la realidad me mostró otra avenida que pareció pavimentada o preparada de antemano para mi paso.

    Esta lucha contra esas limitaciones o miserias personales, defectos y debilidades, siempre llamó mi atención. Porque por una parte estoy convencido de que el hombre debe enfrentar las dificultades y errores cometidos, y sobreponerse con esfuerzo y perseverancia. Sin embargo, por otra parte también he llegado a la conclusión de que Dios se vale de nuestras limitaciones para mostrarnos nuestro camino. ¿A que me refiero?. A que el Señor nos da un talento para que lo desarrollemos, para beneficio de nuestra alma, pero también permite nuestra falta de talentos y los obstáculos que aparecen cuando intentamos ir en un rumbo determinado, para decirnos a las claras cual es el rumbo que no debemos tomar. Y no estoy sugiriendo que ese rumbo sea necesariamente malo, sino que no es el que Dios espera de nuestra vida.

    Es como si las dificultades de la vida y nuestras carencias de talento fuesen antorchas que Jesús coloca frente a nosotros en una noche oscura. A veces tratamos de arrancar esas antorchas que se interponen en nuestro camino, cuando en realidad son las marcaciones del camino que El espera que tomemos. Imaginen un avión que está buscando aterrizar en una noche oscura, en una ciudad desconocida. El piloto busca y busca la pista, y de repente ve dos filas paralelas de luces, como antorchas, que dejan una negra y oscura franja en el centro. ¿Qué hace entonces?. ¿Quizás coloca las ruedas del avión sobre las luces?. ¡No!. Justamente las coloca en medio de la oscuridad, en el lugar donde no hay ninguna luz, porque sabe que allí está la pista, franca y segura para posar su nave. Virtualmente, él esquiva las luces porque sabe que están puestas allí donde no puede posar su avión, su misión es indicar donde está el camino seguro, la pista de aterrizaje.

    Del mismo modo, a veces pienso que Jesús nos pone los obstáculos de la vida para señalarnos la ruta, como antorchas que marcan nuestro camino: El no espera que pasemos por encima de las antorchas, ni que las intentemos remover una y otra vez. Todo lo contrario, El espera que pasemos por ese lugar que está claramente delimitado por las antorchas, sabiendo que allí no sólo no hay obstáculos, sino que se encuentra la ruta segura. He llegado a ésta conclusión porque muchas veces me ha costado tanto llevar a buen puerto una idea o una intención, que interiormente medité si Dios no estaría diciéndome que por allí no debo avanzar. Por otra parte, cuando algo es la Voluntad de Dios, progresa no sin esfuerzo o trabajo, pero si de forma franca y clara, como circulando por un camino despejado.

    Estamos hablando de la Divina Providencia, en la que tantos santos confiaron ciegamente para el desarrollo de los proyectos de caridad, proyectos de santidad, que construyeron a lo largo de su ascenso espiritual. Ellos supieron que Dios les marcaba el camino, despejando la ruta deseada por la Divina Voluntad, y dejando todo tipo de obstáculos en las sendas que no estaban indicadas por el Querer Divino. La Divina Providencia dispuso las cosas alternando ayudas y permitiendo obstáculos, llevando a estas almas de Su Mano, desarrollando el Plan Celestial en estos nobles corazones.

    Muchas cosas quisiéramos ser, que la realidad de la vida nos demuestra no son posibles. No nos frustremos, tratemos de ver en ello una indicación de que Jesús está tratando de llevarnos en otra dirección. ¡Confiemos en Su Mano de Maestro, entreguemos nuestra vida a la Divina Providencia!

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