Huellas en la humanidad de Jesús

Me encanta la fiesta que celebramos hoy dedicada a san Joaquin y santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús. Me une humana y espiritualmente a mis abuelos, algunos ya en el cielo y otra todavía entre nosotros.
San Joaquín y santa Ana tuvieron el honor de engendrar a María, la Madre de Dios, que fue preservada del pecado original por Dios para dar la bienvenida y traer la semilla de Su Palabra a la humanidad entera.
Pero para que esta tierra buena diera frutos ambos dispusieron con su amor y su entrega a María para recibir la Palabra de vida de modo que brotara en ella y diera frutos de gracia.
Con su ejemplo de amor, de entrega, de generosidad, de pureza, de caridad, de servicio fortalecieron el carácter de María, que sería virgen de espíritu, de alma y de cuerpo antes de su nacimiento.
Al nacer de María, Jesús se unió a la línea de Ana y de Joaquin. En ellos, contemplamos la belleza y la importancia de la presencia de los abuelos en el corazón de una familia.
Jesús, siendo niño, pudo encontrar en ellos la seguridad de los cimientos de la tierra en la que se hundieron las raíces de su humanidad.
No hay duda de que la relación de María con sus padres dejó una profunda huella en el desarrollo de la humanidad de Jesús en Nazaret. Cristo vivió en un horizonte sin nubes, un lugar pacífico y sereno, con grandes vivencias interiores que fue formando su conciencia humana. Así, la calidad y santidad de la relación entre María y sus padres permitió el surgimiento gradual de la conciencia humana más sana en Jesús.
Con la figura de san Joaquín y santa Ana comprendemos que para realización del plan de la salvación de Dios es necesaria la santidad en la vida cotidiana. Si la gracia es lo primero, el hecho es que para actuar en la existencia de un hombre y una mujer, la gracia necesita de su colaboración. Sin gracia, no hay frutos.
Hoy es un día para dar gracias a Dios por la figura de santa Ana y san Joaquín que ayudaron a crear condiciones favorables para el cumplimiento de la promesa de la salvación. Ellos fueron los cultivadores de esta pequeña porción de tierra maravillosa de la humanidad en la cual la semilla de la vida eterna pudo brotar para llevar los frutos de salvación y sanación. Y un día para dar gracias a Dios por la figura de los abuelos que, en mi caso, han sido unificadores de la familia, formadores del espíritu y grandes maestros de la vida. A todos ellos los llevo en el corazón.

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¡Gracias, san Joaquín y santa Ana por convertiros en transmisores de los más bellos valores familiares y una inspiración de como actuar en la vida cotidiana, espiritual, familiar y social! ¡Señor, nacido de la Virgen María, que tantos amaste a tus abuelos San Joaquín y Santa Ana, protege y mira con amor misericordioso a todos los abuelos de todo el mundo que son fuente de riqueza humana y familiar! ¡Sostenlos siempre en la adversidad, la dificultad y el envejecimiento para que sigan siendo para la familia auténticas columnas de la tradición, custodios de los valores auténticos que se deben transmitir a la sociedad y maestros de la verdad, la autenticidad y la sabiduría! ¡Señor, cuida a todos los abuelos del mundo para que siembren en la sociedad las semillas del amor! ¡No permitas, Señor, que los abuelos sean despreciados, olvidados, ignorados o marginados; que reciban siempre el amor de hijos y de nietos, que sean respetados y amados! ¡Concédeles, Señor, el gozo de la salud para que puedan vivir una vida sosegada y tranquila! ¡Y a Tí, María, que tanto amaste a tus santos padres, san Joaquín y santa Ana, extiende sobre todos los abuelos del mundo tu manto protector! ¡Gracias, Señor, por los abuelos que me has regalado de los que tanto he recibido y aprendido, que tanto amor me han dado y tantas enseñanzas me han transmitido! ¡Espíritu Santo, desciende sobre todos nosotros, e infunde en nuestro mundo un clima humano donde primer el respeto por los abuelos y los ancianos! ¡Haznos, Espíritu Santo, custodios del gran tesoro que es la familia, ayúdanos a que no haya divisiones ni enfrentamientos sino paz y amor!

Cantamos dedicando esta canción a santa Ana, abuela de Jesús:

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