Adelantarse al amor de Dios

Una de mis hijas, universitaria, va a pasar un mes en Calcuta con las Hermanas Misioneras de la Caridad. Me explica una historia que me ha dejado impresionado. En una charla para jóvenes universitarios un sacerdote ha explicado una historia de servicio. El padre inicia la introducción diciendo que hay personas que deciden dar lo mejor de su tiempo al servicio de los demás. Que hay universitarios que, en su tiempo de vacaciones, deciden dedicarlo a servir al prójimo. Les explica la historia de unos jóvenes  que fueron a un hospicio de Nairobi (Kenia) dedicado a niños recién nacidos, muchos de ellos abandonados o moribundos, cuidados por las hermanas de la Madre Teresa. Uno de esos voluntarios, a su regreso de África, escribió una carta con sus experiencias que resumo: Cuando llegó a Nairobi se preguntaba como ellos, inexpertos universitarios, podrían ayudar en aquella África sucia, polvorienta y calurosa… lo que tenían claro es que tenían la intención de darse totalmente a los demás. Lo que no sabían era que iban a recibir más de lo que iban a dar… Entraron en un tugurio sin muebles y sin apenas luz. Quien escribe la carta se quedó bloqueado en la habitación. Nunca había visto nada parecido. Sus compañeros se fueron dispersando por las distintas estancias según las indicaciones de las hermanas… pero él permaneció inmóvil hasta que una monja le preguntó en inglés: «¿Has venido a mirar o quieres ayudar?». Y le invitó a tomar en sus brazos a un niño que lloraba desconsoladamente pero sin apenas fuerzas en un rincón de la casa. Cuando lo tomó delicadamente sintió que aquel cuerpo diminuto estaba muy caliente. La hermana le dijo: «Lo bautizamos ayer. Ahora mantenlo en tus brazos y dale todo el amor que seas capaz de dar. Dáselo a tu manera». Dicho esto, se alejó dejando al inexperto universitario con aquel niño de dos años en brazos. Así, lo arrulló, le cantó, le dio besos, ternura y cariño. A los pocos minutos aquel niño dejó de llorar y se quedó dormido. Pero pasaron los segundos y el niño parecía que no respondía a nada. Nervioso, se dirigió a la misionera de la caridad, exclamando: «¡No respira!». La monja se acercó a él y certificó su fallecimiento, sabía desde el principio que ese niño se estaba muriendo y mirándolo a los ojos le dijo: «Este niño ha muerto en tus brazos y tu te has adelantado unos minutos con tu cariño a todo el amor que Dios le va a dar por toda la eternidad».
¡Qué impresionante que cada uno pueda adelantarse al amor de Dios por toda la eternidad a todas las personas que nos rodean con nuestra actitud, con nuestra ternura, con nuestra manera de comportarnos, con nuestras palabras y nuestras acciones! ¡Que impresionante es pensar que Cristo quiere amar a mi familia, a mis amigos, a mis compañeros de trabajo, a la gente de mi comunidad parroquial… a través de mis gestos y mis actitudes! ¡Un gesto de amor adelante todo el amor que Dios dará en la eternidad!

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¡Señor, que sea capaz de darme siempre a los demás para vencer mi egoísmo, mi intentar hacer mi voluntad y no para complacer sólo mis deseos y mis necesidades! ¡Señor, no permitas que nunca me quede bloqueado ante el sufrimiento ajeno, ante el dolor y la tristeza del que tengo al lado! ¡Señor, que sea capaz de adelantarme al amor del Padre con mis actitudes, con mis gestos, con mis palabras, con mis miradas, con mis sentimientos, con mis acciones! ¡Que los demás sientan que mi corazón están lleno del amor de Dios! ¡Que siguiendo tu ejemplo sea servicial, amoroso y tierno con los demás! ¡Que sea capaz de seguir tu camino! ¡Señor, envía tu Santo Espíritu, para que purifique mi corazón y de entrada al amor de Dios, nuestro creador y salvador! ¡Envía, Señor, al Espíritu Santo para que se convierta en el guía que me conduzca al corazón de Dios! ¡Señor, enséñame a amar conforme a tu corazón para que mi vida sea un reflejo luminoso de tu luz! ¡Te entrego mis pensamientos, mis emociones, mis palabras, mis sentidos, mis actitudes para que obres en ellos y sean transformados para amar bajo el diseño del reino celestial!

Amar y servir, la canción que ilumina hoy esta meditación:

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Un comentario en “Adelantarse al amor de Dios

  1. Los primeros depositarios o receptores de ese amor servicial deben ser los integrantes de nuestra propia familia, pues ¿cómo podemos ir y amar a otros si no amamos antes a nuestra familia y hacemos nuestro hogar el lugar óptimo para el servicio?

    En la respuesta de Jesús a sus discípulos Él utiliza la palabra siervo, pero también la palabra “esclavo”. Si lo pensamos de manera coloquial, ser esclavo de algo o de alguien no hace sentido, especialmente en este siglo, cuando se habla tanto del amor propio, la autoestima, los derechos civiles, la equidad, etcétera. Pero lo que Cristo quería decir es que, cuando una persona decide servir a los demás, sin límites, aprovechando cada oportunidad, o incluso buscando la oportunidad, su dedicación y entrega pueden ser comparables a las de un esclavo, con la diferencia de que el esclavo lo es en contra de su voluntad, pero quien elige ser “esclavo” de otros sirviéndolos lo hace por deseo propio, y lo hace gozoso, no con amargura.

    Dios ama a los que se humillan y los exalta; Dios ama a los que sirven y les da un lugar especial; Dios ama a los que aman y los recompensa abundantemente.

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