¿Me amas?

He tomado la fotografía que ilustra esta meditación porque, cuando me encontraba frente a la cruz, he sentido interiormente como surgía esta pregunta: «¿Me amas?».
Es esta pregunta, con la que Cristo se despidió de Pedro, de una gran simplicidad pero al mismo tiempo de una tremenda hondura humana porque exige de ti que vayas a lo profundo del corazón y reveles lo que hay de verdad en tu interior.
Este «¿Me amas?» me ha sobrecogido porque no se puede responder con evasivas ni con subterfugios. Al igual que esperas de la persona con la que quieres compartir tu vida una respuesta sincera, lo mismo sucede con Cristo. De lo que respondes depende tu misma existencia.
En su respuesta al «¿Me amas?», Pedro respondió de tal manera que Cristo, sabiendo que el apóstol de verdad lo amaba, podía confiar plenamente en él. Fue tan firme su respuesta, basada en la fe, que edificó sobre un hombre tan rudo el futuro de su Iglesia. Gracias a su «te amo» Jesús encomendó a Pedro las llaves del cielo, esas llaves que te abren o te cierran el paso a la gloria eterna.
Al mirar este cuerpo desnudo de Cristo, al sentir su mirada amorosa y tierna y al escuchar en mi interior el «¿Me amas?» he sentido que Jesús quiere de mi que vaya a lo profundo de la existencia, que me aferre a su amor profundo y sincero, fiel y misericordioso, para caminar por la vida.
Pero he sentido también una gran desazón. La he sentido porque mi respuesta lógica ha sido como la de Pedro, «Señor, tu lo sabes todo, tú sabes que te amo» cuando en realidad mi fe es tantas veces rutinaria, mi confianza con frecuencia se tambalea, mi fidelidad se resquebraja a veces, mi relación gratuita de amor no siempre es la más adecuada, mi amor hacia Cristo se adapta en ocasiones a la voluntariedad de mis intereses…. Al verle en esta Cruz, sin embargo, he sentido su amor, su ternura, su misericordia. Y me ha hecho entender que cada día necesito un reencuentro con el Señor de la vida, del amor y de la esperanza.
He salido de la iglesia repitiendo interiormente el «Señor, tu lo sabes todo, tú sabes que te amo», convencido de que no es un mero formalismo sino la respuesta decidida a seguirle siempre con un amor infinito.

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¡Señor, Tú lo sabes todo, Tú conoces lo que anida en lo más profundo de mi corazón, y sabes que te amo a pesar de mi debilidad y mi pequeñez! ¡Señor, yo te amo a pesar de las veces que te abandono! ¡Te amo, Señor, y sé que no me abandonas nunca y que siempre caminas a mi lado! ¡Te amo, Señor, y concédeme la gracia de abrir cada día mi mente y mi corazón a Tu Palabra! ¡Señor, te amo y soy consciente de que te basta la pobreza de mi amor y que te adaptas a mi debilidad!  ¡Te doy, Señor, mi pobre amor y mi nada! ¡Te doy mi todo, Señor, todo mi amor porque creo en Ti, espero en Ti, te adoro y me duele haberte ofendido! ¡Te amo en la alegría y en el dolor, en la serenidad interior y en las turbulencias de la jornada! ¡Quiero amarte y hacer que quienes me rodean te amen más! ¡Te amo, Señor, y mirando la cruz que no me acostumbre a verte crucificado!

Dios me ama, cantamos hoy:

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