¿Cómo se puede endurecer mi corazón?

¿Sería necesario producir tantas leyes si los hombres fuésemos honestos, respetuosos, fieles a nuestros compromisos, defensores del bien común y la justicia, si todos viviésemos animados por la verdadera caridad?
La ley regula y arbitra los actos que el hombre ya no puede decidir por amor fundamentalmente porque el hombre tiene un corazón que tiende a endurecerse. La ley escrita reemplaza la ley del corazón que Dios, desde el principio, inscribió en las profundidades del hombre.
Los hombres y las mujeres estamos llamados ante todo a vivir la comunión en el amor. La respuesta de Jesús a cualquier pregunta es acerca de la relación del hombre con el mandamiento del amor. El problema no es la ley, es el endurecimiento del corazón del hombre.
Los creyentes solemos endurecer el corazón inocentemente; todo aquello que carece de valor espiritual centra nuestro interés. Cuando nuestra perspectiva se desvía de Dios inmediatamente las preocupación mundanas ocupan nuestro tiempo. Las distracciones pueden consumirnos tanto que, incluso, acabamos dejando de lado aquellos aspectos que son relevantes para el Señor: la oración, la Eucaristía, el perdón, el servicio, la caridad…
Cuando mi vida espiritual se marchita mi corazón deja de palpitar sin la presencia de Dios, engaña mis prioridades y me aparta de Él. Cuando mi mente centra su atención en lo irrelevante de la vida mi corazón se aleja de Dios y se deja influenciar por los engaños que conlleva el pecado. Mi corazón crea una coraza exterior que impide al Espíritu Santo actuar hasta desatender mi vida espiritual.
¿Cómo se puede endurecer mi corazón? Centrándome en mi yo, desatendiendo mis obligaciones familiares, a mis hijos, a mi cónyuge, mi relación con Dios, no amando la verdad y poniendo excusas, sosteniéndome en la mentira, amando más al mundo que Dios, aferrándome a las adicciones de cualquier tipo, acogiendo en mi vida el orgullo y la soberbia, juzgando sin compasión, brindando al diablo la posibilidad de inocular la tibia en el corazón, haciendo crecer la amargura en mi interior, mostrándome frío e indiferente ante el sufrimiento de los demás, comportándome desafiante o rebelde, siendo alguien incapaz de perdonar…
Cuando endurezco mi corazón me endurezco también en mi relación con Dios, que es quien permite lo que me sucede en la vida. Y, así, le digo que se aleje de mi pues prefiero alimentar mis sentimientos negativos y aferrarme al pecado. Meditando todo esto: ¿Me compensa decirle que no a Dios?

orar con el corazon abierto.jpg

¡Señor, concédeme la gracia de abrir mi corazón y hacerlo sensible a la vida, a las relaciones con los demás, al encuentro contigo! ¡Señor, envía tu Espíritu sobre mí, para que sepa negarme a mi mismo y vivir la virtud del amor! ¡Imprime, Señor, en mi corazón y en mi mente tus Palabras de amor, de caridad, de servicio, de humildad, de generosidad… y enséñame a caminar en tu presencia, ayúdame a orar más para conocerte de manera más íntima y personal! ¡Ayúdame, Señor, a ser sensible y dócil a la gracia! ¡Necesito un corazón como el tuyo, sensible al sufrimiento ajeno! ¡Pon tu corazón mi corazón, Señor, para ser auténtico en mi vida cristiana! ¡Ayúdame, Señor, a comprender la grandeza de tu bondad y las grandes cosas que haces conmigo! ¡Ayúdame a ser siempre sensible y dócil a la gracia!

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