¿Qué valor tiene Cristo para mí?

A esta pregunta le podría añadir otras. ¿Lo considero el camino, la verdad y la vida? ¿Es para mí el auténtico mediador hacía Dios? ¿Lo considero el dador de la vida divina? ¿Creo que me justifica y me hace hijo de Dios? ¿Lo amo de verdad?
Para mi, Jesús son muchas cosas al mismo tiempo. Es el Hombre Dios nacido en Belén del seno virginal de María, engendrado por el Espíritu Santo, que vivió una vida oculta durante treinta años, que predicó la Buena Nueva hasta su Pasión y muerte en cruz y que, con su Resurrección, reina desde el cielo. Cristo es el centro de mi espiritualidad cristiana, mi guía, mi luz, mi referencia. El espejo en quien mirarme, la referencia para seguirle. Ser en Cristo y en Cristo.
Jesús también es para mí el Cristo eucarístico, El que se hace presente cada día en la Santa Misa, el que despierta en mi un profundo amor, adoración y reverencia durante la celebración de la Eucaristía, al que puedo dar gracias en la comunión por esa intimidad profunda y cercana que siento al tenerlo en mi corazón cada día. Es el Cristo eucarístico que se aviene, con humildad, a entrar en mi pobre y soberbio corazón porque quiere habitar en mi y ser un solo Cuerpo conmigo. El que me une a la comunidad con mis hermanos en esa fraternidad de amor que es la Santa Misa, fraternidad que comenzó aquel día en que el Espíritu Santo vino a mí el día de mi bautizo.
Jesús es, asimismo, el ser al que estoy unido místicamente porque toda mi vida quiere ser una unión viva y profunda con Él. Quiero ser las ramas del frondoso árbol de la vida en la que Cristo riega mi corazón con la gracia, es el alimento que lo sustenta y que tiene en María el pálpito alegre del corazón. Cristo es el compañero de viaje, el amigo, el hermano, la esperanza cotidiana, el que me vincula a mi prójimo para caminar juntos hacia la patria prometida.
Pero, sobre todo, Cristo es mi mayor tesoro, mi posesión más preciada. Es el centro del todo, el que me permite exclamar con alegría: No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí.

 

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¡Señor, te amo, te adoro y te glorifico! ¡Que te ame siempre, Señor, y que nada me aparte de Ti! ¡Te amo, Señor, y que con amor se acreciente en mi interior el amor por tu Palabra y tu Buena Nueva! ¡Te amo, Señor, y que mi vida sea un constante canto de alabanza y de acción de gracias por todo lo que has hecho y haces en mi vida! ¡Te amo, Señor, por hacerte presente cada día en la Eucaristía, por invitarme a sentarme en tu mesa aunque no sea digno de que entres en mi casa y por hacerte presente en mi por medio de la comunión diaria! ¡Te amo, Señor, porque te haces presente cada día en mi vida en este encuentro cotidiano en el que me ayudas a crecer como persona! ¡Te amo, Señor, por tu gran misericordia que me perdona mis caídas y me ayuda a que me duelan mis faltas! ¡Te amo, Señor, por tu humildad y tu servicio que es una escuela de amor para mi y me ayuda a entender cuál es el valor del servicio! ¡Te amo, Señor, porque te haces presente en mis labores cotidianas y en mi trabajo y me ayudas a intentar santificarlo cada día! ¡Te amo, Señor, porque reinas en tu Santa Iglesia Católica a la que tanto quiero y que a pesar de la imperfección de los que la formamos es perfecta porque está creada por Ti! ¡Te amo, Señor, por tu sacrificio en la Cruz y por tu Resurrección que me redime del pecado y me abre las puertas de la Vida Eterna! 

Cristo, pan de vida nueva:

Un comentario en “¿Qué valor tiene Cristo para mí?

  1. Hola a cuantos puedan leer estas lineas que serán pequeños gestos de mi vida y que pueden alegrar a otros, y a la vez puedan tener la valentía de decir soy cristiano, en circunstancias muy adversas, como me ha ocurrido a mi.
    Como cristiano doy la vida por Cristo, porque sin El no seria vida. Y puedo darun comentario muy positivo a la persona que ha escrito ese comentario en esta pagina, que pocas o nunca había leído escribir a un católico de esta forma tan correcta de Jesús y sin mentar a la Virgen que esto hace crecer las vocaciones de la vida religiosa y fortalecer el pensar católico como verdadero católico.

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