Ir a contracorriente

La vocación cristiana es vocación al apostolado. La excusas no sirven. Los cristianos tenemos el deber de enseñar, con la ayuda de la gracia, lo que implica seguir a Jesús. Y eso supone que muchas veces tendremos que ir a contracorriente, como les ha ocurrido a tantos hombres y mujeres cristianos a lo largo de los siglos aún a costa del riesgo de caer en el rechazo social, en quedar reducidos al silencio o al ridículo por aquellos que no entienden que no nos dejemos arrastrar por las costumbres individualistas y permisivas de este mundo actual que todo lo devora y que, claramente, contradice la ley moral natural y la doctrina cristiana. El ser cristiano te coloca en una tesitura irrenunciable: el ir a contracorriente. El ser cristiano no te permite vivir, pensar y actuar como el mundo. El ser cristiano te invita a provocar con la doctrina de Cristo, a no acomodarse en las comodidades que la sociedad ofrece porque la ignorancia es el gran enemigo de Dios en el mundo.
¿Cómo ir contracorriente? Con el ejemplo personal, haciendo comprender a la gente con la que te encuentras que vas más a contracorriente que ellos porque al que sigues es a Cristo, signo de contradicción. En la honestidad en el trabajo, santificando las tareas cotidianas; alejándose de la mediocridad social, buscando la excelencia personal, en la santidad en el matrimonio, buscando la unidad entre lo material y lo espiritual, disfrutando sanamente de las cosas buenas de la vida reflejo de la Creación de un Dios que ama lo bello; viviendo una sexualidad responsable y no instintiva donde la pureza es un don que se contrapone al hedonismo; perdonando donde otros odian, respetando a tus progenitores y al prójimo; amando las cosas que otros descartan, viviendo un cristianismo comprometido abierto a la vida y no con una actitud limitativa; afrontando la muerte serenamente; viviendo con alegría cristiana que se contrapone al pesimismo deshumanizado del mundo; exigiendo en la calle la libertad real en la que no imperen las restricciones a la vida y a la verdad; amando a la gente por lo que son y no lo que tienen, sirviendo al prójimo por amor a Dios y a los hombres; amando el dolor porque es parte del camino de la vida; llevando las cruces cotidianas con entereza… Ir a contracorriente es ser libre con el cuerpo y el alma integrados en el proyecto de Dios. Es, pese a las dificultades y renuncias que ello implica, vivir según la verdad, lo bello, lo bueno, lo extraordinario.
Ir a contracorriente es sorprender al mundo. Es dar a conocer una religión que es novedosa cada día porque Jesús es el Cristo de la sorpresas. El cristianismo es algo vivo que hace de cada uno un ser extraordinario, libre, feliz, alegre, convencido, confiado porque unido a Cristo con la fuerza del Espíritu uno se acaba convirtiendo en testigo del Dios vivo.

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¡Espíritu Santo, ayúdame a vivir a contracorriente para proclamar la verdad fundamental del hombre, su libertad y su dignidad sobrenatural que Cristo ha proclamado! ¡Espíritu de Dios, concédeme la gracia de ser testimonio de la doctrina de Jesús no sólo de palabra sino con el ejemplo! ¡Concédeme la gracia de ser luz! ¡Concédeme la gracia, Espíritu del Dios vivo, de fortalecer mi fe, de vivir la adhesión total a Jesús, de crecer interiormente, de ser contemplativo y activo en el mundo, de crear en los que me rodean un nuevo estilo de vida, un espíritu nuevo, una mentalidad nueva, un ánimo nuevo, una afectividad nueva! ¡Concédeme la gracia de vivir la cultura del amor, del perdón, del servicio, de la humildad, de la entrega, de la generosidad, de la misericordia! ¡Concédeme la gracia de no sucumbir al relativismo feroz que nos rodean, al individualismo que nos destruye interiormente! ¡Concédeme la gracia, Espíritu Santo, de ser siempre fiel a Cristo y a su Evangelio, a caminar en libertad, a vivir una vida madura humana y espiritualmente! ¡Concédeme la gracia de no renunciar a Cristo, a no tener miedo a manifestar lo que soy y cómo vivo! ¡Concédeme la fortaleza y la sabiduría para luchar contra la cultura permisiva del mundo que trata de destruir al hombre! ¡Ayúdame a ser como Jesús, tierno pero exigente, amoroso pero firme, e ir siempre a contracorriente porque como Él quiero cambiar el mundo!

O salutaris hostia de Giocahino Rossino, para saludar al Señor que va siempre a contracorriente:

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