Cantar a la vida

Como por razones laborales viajo frecuentemente tengo ocasión de devorar decenas de libros al año. Y hay algunos que te dejan huellas profundas e, incluso semanas después de haberlos leído, quedan impregnados en tu memoria. Dos he terminado recientemente, Y tú no regresaste, de Marceline Loridan-Ivens y A la sombra del árbol violeta, de Sahar Delijani. Han removido mi corazón, mis emociones y mis sentimientos más íntimos. El primero es el homenaje conmovedor de una niña a su padre, ella superviviente en Birkenau y él desaparecido en Auschwitz. El segundo, la historia de una joven en el Irán prerevolucionario.
Ambos son un canto a la vida. Son dos historias que he llevado a la oración por una razón concreta: porque a pesar de la dureza de la vida, la vida es también hermosa. Bella. La vida es un camino incesante a la trascendencia. Es un proyecto de Dios. Es un proyecto producto del amor divino. Es un proyecto que te coloca las alas para volar al infinito. Es un proyecto que te lleva a la conquista de ideales a veces corrompidos por los errores personales, por el pecado, por la inmundicia moral, por las caídas a las que estamos abonados. La vida es cada uno en su perspectiva personal pero es Dios quien te envuelve, te acoge y te salva. La vida es sombra pero sobre todo luz. La vida es un permanente desafío, es una llama viva. La vida es, en toda su esencia, Cristo.
Nadie tiene una vida fácil ni sencilla. Pero yo amo la vida. Y la amo porque me la ha dado Dios, me la salva Cristo y me la orienta el Espíritu Santo. Y todos ellos están dentro de mí, en lo íntimo de mi corazón.

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¡Señor, tu eres el camino, la verdad y la vida! ¡Tu mismo eres la razón para vivir con alegría pese a las dificultades, caídas y obstáculos que debo afrontar! ¡Por eso te amo, Señor, por la vida que me das y por tantas cosas que a tu alrededor me acercan a Ti a pesar de mis imperfecciones y mi pequeñez! ¡Tu, Señor, eres el guía de mi caminar diario! ¡Tu eres la verdad de todo por eso creo en ti! ¡Señor, en mis luchas cotidianas, en las dudas que tantas veces me embargan, en los golpes que me zarandean, tu verdad me llena de paz, serenidad y amor! ¡Señor, tu eres mi vida, ayer, hoy y siempre! ¡Tu, Señor, pese a las cargas que llevo encima tu eres la vida que lo llena toda, la vida que alimenta mi ser, la vida que fortalece mis esperanzas, la vida que inunda mi corazón de alegría y gozo, la vida que me permite levantarme cuando caigo y tengo la sensación de no poder volver a levantarme, la vida que sana mi corazón enfermo cuando desfallece por la aflicción! ¡Tu, Señor, eres mi vida, mi verdad, mi camino, mi esperanza! ¡Por eso amo la vida, Señor, porque es un canto que me une cada día a ti!

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