Mi intercesión, ¿por qué tomarla como algo sin importancia?

Dios me ofrece un poder vertiginoso, a mí que soy pequeño y frágil, lleno de defectos y tendente a las equivocaciones: el hacer obras que ensalcen al mundo. No solo esto, sino elevar el bien de nuestros seres queridos y cada una de las personas que te cruzas por el camino. Mi intercesión, ¿por qué tomarla como algo sin importancia? Mi oración pobre y sencilla pero con el corazón abierto es preciosa a los ojos de Dios. Él la escucha cuando se basa en la fe y la confianza ciegas. Basta pensar en todos aquellos, cerca o lejos de mí, por los que nadie ora. Por aquellos que nacen y mueren sin que sobre ellos se invoque jamás el nombre de Dios. Por los que sufren y luchan sin la misericordia de Dios implorada sobre su vida. Estoy convencido de que un alma entregada al ministerio de la intercesión es capaz de cambiar el mundo. ¡Mi bautismo, mi compromiso cristiano, mi pequeña vida de oración, mi vida sacramental es mi pequeño poder! Lo he recibido en beneficio del universo, para hacer el bien y llevar el bien. Dios nos ha convertido a los cristianos en instrumentos de salvación para nuestros hermanos en la fe, pero también para aquellos que todavía no creen.
¿Por qué no creen en el Amor que murió en la Cruz por su salvación? Ese es el gran misterio. Hay que preguntarse si han tenido en su vida un encuentro personal, cálido, verdadero y sincero con un amigo de Jesús. ¿Han oído hablar del Dios del Amor por alguien que vive bajo su amparo y misericordia? Se puede argumentar que hay medios de formación, sistemas de comunicación, oportunidad infinitas para conocer, pero ¿han escuchado corazones que les hablen, bocas y ojos que anuncien el camino para gozar de la alegría, la esperanza, el amor, la misericordia o el perdón? ¿Les ha dicho alguien que la aspiración es la vida eterna?
Dios invita a ser instrumentos sencillos pero eficaces para comunicar al mundo toda esta sabiduría que viene de arriba: pura, pacífica, benévola, conciliadora, llena de misericordia y fructífera en buenos frutos. ¿Por qué pierdo tantas veces el tiempo y no soy capaz de llevar al mundo la Buena Nueva del Reino? ¿Si lo hiciera constantemente no cambiaría al menos lo que me circunscribe?

Rezar19-1024x768.jpg

¡Qué gran tarea nos tienes encomendada, Señor, a quienes te conocemos! ¡Te doy gracias, Dios mío, porque me siento amado por Ti pese a mis muchas miserias! ¡Porque te compadeces de mi por ser como soy! ¡Gracias, Señor, por querer curar mi corazón repleto de heridas! ¡Gracias, Padre bueno, porque compartes con un amor misericordioso mis cruces personales, las de mis límites y pobrezas radicales! ¡Señor, eres la Gracia que necesita mi debilidad reconocida y por eso me abandono a tu Misericordia infinita para compartir contigo todas mis cruces y las de los míos! ¡Que la sabiduría de la Cruz sea para mi un modelo a seguir! ¡Que no me canse de contemplar tu Cruz, Señor, para irradiarla en los demás! ¡Que dedique mis mejores momentos a contemplarla para que todos sus principios me sostengan, reconforten y pacifiquen y sea capaz de transmitirlos a los demás! ¡Que mis actos no afeen jamás el bellísimo significado de Tu Cruz para que, sostenida a ella, me lance al mundo a exclamar con orgullo: “¡Jesucristo ha resucitado! ¡En verdad ha resucitado!”!

Envía señor tu Espíritu Santo

https://www.youtube.com/watch?v=tyM8Gs0152M

Anuncios

Servidor y pacificador

Ayer en el grupo que estamos trabajando en la estepa de la gran cordillera del Pamir, en Asia Central, hubo grandes diferencias de criterio por la manera de proseguir la técnica de trabajo. Dos personas de fuerte carácter llegaron a la descalificación personal pero el más joven del grupo apaciguó los ánimos. Fue una respuesta a la búsqueda de la reconciliación entre seres humanos. No era fácil porque el trabajo en situaciones extremas no siempre es sencillo. Antes de cenar, le dije a este hombre que había ejercido un excelente trabajo de pacificación. Pero soy consciente de por qué lo logro: porque es una persona con un gran corazón que piensa siempre en el bien de los demás.
Ser servidor del prójimo te permite ser un buen pacificador. Es en paz que se siembra justicia. La paz, la armonía o la avenencia personal es un bien común, una riqueza común, que solo podemos disfrutarla juntos. Nadie puede poseerlo en detrimento de los demás. Nadie puede hacerlo si se le priva al otro. Buscar la paz, construirla, es convertirse en servidor.
Para transmitir paz hay que ser un buen artesano de la bondad y del amor. Creo que era San Agustín el que decía que la paz es la tranquilidad del orden. Cuando todo está en su lugar, cuando todo crece en su orden correcto, cuando la vida se desarrolla de acuerdo con su verdadera plenitud, entonces solo reina la paz. Ser alguien que pacifica es, ante todo, hacer justicia, poner todo en su lugar correcto, en su lugar verdadero. De esto somos todos responsables dondequiera que estemos.
Servir a quien tienes a tu lado es un don que, por desgracia, está perdiendo todo su sentido porque en el mundo priva la individualidad. Visto desde una perspectiva trascendente servir al prójimo es servir también a Dios que es quien da vida y existencia a todas las cosas. ¡Ójala algún día pudieran decir que soy un digno sirviente del que se acerca a mi!

orar con el corazon abierto.jpg

¡Señor, hazme un instrumento de paz! ¡Concédeme la gracia de apaciguar mi carácter, hacerlo humilde y sencillo, buscar siempre la necesidad el otro antes que la mía, no hacer que me pese tanto el egoísmo, entregarme sin quejarme, dar la vida por el otro sin exigir nada a cambio, abrir mi corazón al que lo necesita, detener mis exigencias, aparcar mis necesidades, sembrar amor a mi alrededor! ¡Señor, hazme un instrumento de tu paz! ¡Haz, Señor, que mis manos tapen heridas, curen corazones, consuelen tristezas! ¡Tu que has sanado tantos corazones, que me has consolado tanto, que me has dado tanta paz, que me has llevado a volandas cuando estaba caído, si tu lo hiciste por mi que soy pequeño, frágil y egoísta concédeme la fuerza, la sabiduría y el amor de hacerlo por los demás! ¡Señor, hazme un instrumento de tu paz! ¡Hazme alguien que no ponga límites al amor al entregarse al prójimo, que sea capaz de unir en lugar de desunir, de calmar los corazones divididos pero hacerlo con amor y no con la fuerza, sin tratar de imponer argumentos vacíos sino que contengan la fuerza de tu Palabra! ¡Señor, hazme un instrumento de tu paz!

Llenarse del espíritu de paz

Desde hace varias semanas me encuentro en Asia central por razones laborales. Me toca transitar por parajes desérticos en los que te encuentras pastores solitarios, pequeñas comunidades de campesinos pobres materialmente pero ricos en experiencias de vida, nómadas que transitan con sus enseres por los caminos llenos de polvo y de frío.
Ayer montamos nuestro campamento de trabajo junto a un aldea de pastores. Al llegar, el más anciano de los hombres, un individuo con un rostro que traslucía gran sabiduría y bondad, se dirigió a nosotros con estas palabras: «Os damos la bienvenida y os queremos llenar de nuestro espíritu de paz, concordia y acogimiento».
¡Palabras que nacían del corazón! La paz que transmitía este hombre era una paz nacida del Espíritu. Esa frase dejaba constancia que su paz, siendo creyente o no, es una paz que transita en armonía con la creación, consigo mismo e, incluso, sea creyente o no, con el mismo Dios. Una paz en concordancia con la vida fraterna, el deseo del corazón de acoger.
Por la noche la comunidad organizó una sencilla cena con productos tradicionales, bailamos danzas tradicionales tayikas y a luz de la noche escuchamos historias del más ancianos de la comunidad.
Y uno piensa: ¡Cómo olvidamos estas experiencias de fraternidad en las sociedades avanzadas, en el núcleo familiar, en el entorno socio laboral, en la propia vida interior porque nuestras vidas están marcada por el frenesí, por el correr, por las tensiones por alcanzar el máximo bienestar!

images.jpeg

¡Señor, mi enseñanza de ayer es que la paz que nace del espíritu, como te ocurrió a ti, que eres el Príncipe de la Paz, es la paz de la entrega! ¡Tu nos enseñaste, Señor, que habiendo llegado tu hora te dispusiste a dar libremente tu vida en la cruz, y nos diste tu paz durante la Última Cena! ¡Y esta paz, Señor, que nunca pasará la tengo que llevar siempre a los demás! ¡Que aprenda, Señor, que la paz de la restauración del hombre, del cumplimiento de la creación, de la armonía restaurada por tu Padre, de la relación perfecta entre el hombre y Dios, sellada por tu sangre, es mi misión llevarla al mundo! ¡Ser transmisor de paz! ¡Que no olvide jamás, Señor, que los dones de la paz y del Espíritu van siempre unidos! ¡Que no olvide pronunciar nunca esta frase tan hermosa de la paz sea contigo para que el otro reciba tu Espíritu, el Espíritu que nos conduce al Padre, el Espíritu que es luz que enciende y fortalece para lanzarlo al mundo sin miedo al que dirán o los ataques del enemigo del hombre, el demonio! ¡Ayúdame a ser transmisor de paz para construir entornos de amor, reconciliación, perdón y misericordia! ¡Que no olvide, Señor, que el Espíritu de paz se asienta en la iglesia que es la gran asamblea de las personas resucitadas por ti! ¡Que no olvide, Señor, debo ser templo de paz para la gloria de Dios Padre! ¡Que ame esa paz que tu siempre nos das, esa paz que es suelo fértil, lugar interior del pacto de Dios con cada uno de nosotros! ¡Concédeme la gracia de ser transmisor de paz para que en el mundo se cumpla la voluntad de Dios, para ser fiel a la misión que tu nos has encomendado: la salvación de todos los hombres!

Música caucásica para acompañar la meditación de hoy:

¡En esta medianía vive Dios!

Hoy me han saltado las lágrimas en la oración rodeado del silencio. De un silencio que penetra lo profundo del alma. En la inmensidad de una estepa montañosa en el centro de un país de Asia central donde me encuentro trabajando esta semana he sentido el amor inconmensurable de Dios por cada uno de nosotros. He sentido su presencia. He sentido como al enviar a su Hijo Jesús al mundo, Dios cumplió con el principio de la creación. La encarnación de Cristo es la revelación perfecta de la santidad, la dignidad y la grandeza de todos los seres humanos. Y esto es motivo de profunda alegría y de una emoción extrema.
Alejado de templos, sagrarios e iglesias donde poder refugiarte por encontrarte en un lugar sumamente aislado, te encuentras con un Dios que te ama tanto que quiso venir al mundo como tu mismo, como un hombre, en el seno de una mujer humilde, en una familia sencilla, en un entorno sereno, y que —como a todos nos sucede— le tocó vivenciar y experimentar dificultades, problemas y obstáculos en su nacimiento, en su infancia, en su formación, en su trabajo, en su labor apostólica, entre sus amistades, en su comunidad espiritual…
En la soledad de este desierto reavivo mi fe y doy gracias infinitas a Dios porque Cristo asumió la condición de hombre por mi salvación, por la salvación de todos. Bajo del cielo, por amor de Dios, y por obra y gracia del Espíritu Santo, encarnándose en el seno de María, nuestra Madre.
Y no ceso de dar gracias por que Cristo vive en cada uno y nos salva santificando las realidades sencillas y humildes de nuestra existencia.
No lo aprecio con frecuencia pero hoy, en la soledad de este desierto, siento en mi corazón como con Cristo la vida cotidiana y las cosas de la naturaleza se transfiguran y el entorno en el que cada uno vive puede convertirse en algo sumamente sacramental que te lleva a sentir de una manera única la presencia de Dios en tu vida.
Doy gracias Dios porque mi vida es sencilla, pequeña, nada extraordinaria pero lo que es verdaderamente extraordinario es que esta medianía vive Dios, vive Cristo y vive el Espíritu Santo. Y eso hace mi y de todo el que lo siente así una vida diferente, única y especial.

orar con el corazon abierto.jpg

¡Señor, ante todo permíteme abrirte el corazón y enséñame a orar para que siempre sea capaz de encontrar tu rostro allí donde vaya! ¡Ayúdame a escuchar tus susurros para escuchar tu voz! ¡Ilumina mi rostro y aclara mi mirada para que sea capaz de discernir tu voluntad y descubrir lo que de mi deseas! ¡Dame el valor para aceptar las cosas que deben cambiar en mi vida para hacerla más acorde a tu voluntad y los planes que tienes pensados para mi! ¡Concédeme la gracia, Señor, de comprometerme a ser un buen cristiano, a estar siempre alegre pese a las dificultades, a estar siempre dispuesto al servicio, a manifestar la verdad de tu Buena Nueva, a ser activo difusor de tu Evangelio, a ser coherente en mi vida cristiana! ¡Enséñame, Señor, a orar para encontrar tu rostro en la naturaleza, en las personas que están cerca mío, en los acontecimientos de la vida! ¡Que mirada, Señor, sea para llamarte amigo fiel, hermano querido y sentir tu aliento protector, tu amor infinito y tu misericordia insondable! ¡Envía tu Espíritu sobre mi, Señor, y guíame para transformar mi vida, fortalecer mis convicciones, para ser modelo, para que todos mis gestos y actitudes se asemejen a los tuyos, para que mis proyectos e ilusiones estén impregnados tu sello, para caminar según tu voluntad, para cambiar cuando me desvíe de la senda correcta, para comprometerme en la fe y en el camino de la verdad, para que mi vida cristiana sea levadura y fermento, luz y alegría! ¡Gracias, Señor, por tu presencia en mi vida! ¡Dame más generosidad en mi entrega y más constancia en mi vida de fe; fortalécela, aviva mi esperanza y confianza que tantas veces decae, activa mi amor por ti y por el prójimo y haz que los proyectos de mi vida estén llenos de tu presencia!

De nuevas oportunidades

Hay días que las fuerzas decaen pero uno sigue adelante y no sabe como lo ha hecho. Sencillamente, se consigue porque ahí, invisible pero fiel, se encuentra Dios quién en el momento de nuestro nacimiento plantó en el corazón la semilla de la fortaleza que riega incisamente el Espíritu Santo. Pero la Trinidad Santa, el Dios que ama, el Cristo que salva y el Espíritu Santo que mora en uno solo necesitan de nuestra fe para hacer crecer esta fortaleza en nuestro interior.
Es increíble que cuando todo parece desmoronarse Dios te obsequia con un segundo más de esperanza, de seguridad y de convicción para poder salir adelante, esa convicción de que todo es posible, de que hay una nueva oportunidad en tu vida.
Cuando uno no ve la luz en su caminar, Dios solo espera la apertura del corazón para tomar el control de la vida del hombre. La vida no se desmorona cuando confías en el Dios Amor y, a pesar de las dificultades, caminas de la mano de Cristo a la luz del Espíritu. Tan simple y tan real.

orar con el corazon abierto.jpg

¡Señor, envía tu Espíritu sobre mí, para que en mi vida no inmovilice como si de una estatua se tratara! ¡Tu que eres el amigo fiel, el que de invita a la confianza y a la esperanza, el que consuela, salva y de la vida, haz que abra mi corazón para no temer a la vida, para llenarme de seguridad y paz interior y no dejarme arrastrar por el inmovilismo y las incertezas, por el miedo al presente y el futuro! ¡Envía tu Santo Espíritu, Señor, para que limpie corazón de los sentimientos de negatividad y de todo aquello que me impide llenarme de ti! ¡Envía tu Espíritu, Señor, para que llene de fortaleza, para que haga valiente ante las dificultades, me capacite para aceptar tu voluntad y me de las fuerzas para no dejar de luchar por los caminos en los que tu me llevas! ¡No permitas,Señor, que me deje arrastrar por los miedos y las incertezas, sino dame la alegría de la lucha constante, la entereza para enfrentar cada una de las pruebas que se me presentan y la capacidad para vencer los obstáculos! ¡Señor, dame la confianza para creer, la fe para esperar, la esperanza para creer lo que tu puedes hacer en mi vida! ¡Señor, que tu seas siempre la luz que me dirige, la paz que serena mi corazón inquieto, la sabiduría para adoptar las mejores decisiones, y el amor que dirija cada una de mis relaciones! ¡Señor, en ti confío!

Este es el día que hizo el Señor – Salmo 117

https://www.youtube.com/watch?v=ULrek3_3TD0

Guiado por el principio de la verdadera realeza

Hoy celebramos a Cristo Rey del universo. Cuando uno piensa en monarcas se imagina a individuos con tronos, coronas con incrustaciones de piedras preciosas, ropa de armiño. No eran las galas de Cristo. La suya era una corona de espinas. Su carruaje, un burro con el que entró en Jerusalén el domingo de Ramos. Su traje ceremonial, una capa descosida que los soldados le pusieron para mofarse de su persona. Y su trono fue la cruz, donde nos reveló el auténtico sentido de su realeza.
Los hombres siempre hemos creído que en el poder descansa la fuerza de la política, la economía, la guerra, la sociedad. Pero nuestro Rey, Jesucristo, el verdadero Rey del universo, enseña que el verdadero principio de la realeza divina es el amor. Todo Cristo vivió estuvo impregnado por el amor a los hombres. En su sagrado trono, en el momento de mayor sufrimiento, es donde con mayor ahínco ejerció esta realeza: perdonó a quienes lo crucificaron y salvó a los todos los que se rebelaron hacia él.
Y esto es lo que él propone en esta festividad: que cada uno nos convirtamos en reyes a la manera de Dios. Es decir, dejarse guiar por el principio de la verdadera realeza: el amor.
Desde el bautismo cada uno ha sido introducido en el Reino de Dios donde el principio que reina es el amor. Al darnos el Espíritu Santo, Dios Padre a través de las manos de su Hijo Jesucristo, ofrece este amor infinito que nos permite ir más allá de los meros sentimientos humanos para convertirnos en lo que podemos ser: reyes del amor de Dios.
Si de verdad acepto al Espíritu Santo en mi vida cambiará mi corazón para amar como Cristo amó. Para perdonar a aquellos que me lastima, para amar a los que me quieren mal, para no ser esclavo de mis sentimientos humanos, y ser partícipe del amor.
Actuando así sabré como reconocer a Cristo en el amigo que necesita ayuda, en el compañero de trabajo atribulado, en el familiar enfermo…
En la tarde de mi vida acuda a la corte celestial solo seré juzgado por el amor.¡Y cuantas veces lo olvido! Si no he sido capaz de dar amor, seré juzgado por este grave actuar. Pero si he sido capaz de expresar la verdadera realeza recibida del bautismo, amando como amó Jesús, seré invitado a ingresar a este Reino donde solo hay espacio para el amor. ¡Esa es mi aspiración!

orar con el corazon abierto.jpg

¡Señor, te reconozco por mi Rey mi y Salvador y me comprometo a luchar como Hijo tuyo por la verdad del Evangelio, a procurar por mis medios el triunfo de la verdad y testimoniar tu realeza sagrada en este mundo! ¡Anhelo fervientemente, señor, que reines en mi  corazón! ¡Pero que reines de verdad! ¡Pero antes, Señor, ayúdame a reconocer mi pequeñez, mi miseria, mis bajezas morales, mi debilidad! ¡Límpiame con la fuerza de tu Espíritu para que puedas reinar en mi interior! ¡Espíritu de Dios, dame la fuerza necesaria para batallar cada día sin desfallecer! ¡Ayúdame a ser consciente de mi pequeñez! ¡Ayúdame a sentir con pena todo aquello que me aleja de Ti, del reino de tu Padre! ¡Ayúdame a contemplar las manchas de mi corazón para poder purificarlas en el sacramento de la confesión! ¡Oh Cristo Jesús! Te reconozco como Rey del Universo porque todo lo has creado Tú, utilízame para hacer el bien! ¡Y en este día, renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristian y muy en particular me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de tu Iglesia!

La más bendecida entre las mujeres

Último sábado de noviembre con María en el corazón. María, la que es bendita entre todas las mujeres, a la que aclamamos en el Avemaría como Isabel en el momento que recibió su visita. Bendecida y llena de gracia como exclamó el ángel el día de la Anunciación.
Qué hermoso pensar que María es la más bendecida de entre toda las mujeres. Desde Eva, la primera en la estirpe para dar vida al hombre a imagen y semejanza de Dios, pasando por Sara, sobre la que Dios cumple las promesas. O de Deborah, o de Ruth, o de Judit, o de Esther o de tantas y tantas mujeres relevantes en la historia de la Biblia que destacaron por su luz, por su valentía, por su coraje, por su fidelidad a Dios o por sus grandes virtudes. Pero de todas ellas la bendecida y elegida por Dios para ser Madre de su Hijo fue María, la más santa entre todas ellas. El testimonio vivo de la nueva creación.
Cuando meditas por qué María es bendecida entre todas las mujeres te arde el corazón. ¡Qué hermoso comprender que la Virgen surge cuando Dios decide que es el momento de cumplir el evento que determina la plenitud de los tiempos, el suceso determinante en la historia de la salvación humana! ¡Qué bonito imaginar que a través de la Virgen la relación de la mujer con Dios alcanza su apogeo, su más bella realización! ¡Qué emocionante observar su fuerza espiritual! ¡Qué belleza es cantar su feminidad que es lo que determinó de manera concreta su vocación! ¡Qué bonito es exaltar a través de María que Dios confío a la mujer el cuidado del hombre, el dar y salvaguardar la vida, el protegerla, el abrir la humanidad a la trascedencia! ¡Que hermoso es resaltar su intuición, su fidelidad, su generosidad, su humildad, su compasión, su paciencia, su serenidad, su apertura de corazón, su hospitalidad, su ternura, su entrega… valores trascendentales de la humanidad y que en María adquieren toda su grandeza!

5192.jpg

¡Bendita entre todas la mujeres! ¡En la grandeza de esta bendición descubro cada día el auténtico humanismo, mi vocación cristiana, mi anhelo de conocer y amar más a Dios, de tratar de alcanzar su misterio, de amar más al prójimo! ¡Y todo por las enseñanzas de María! ¡Bendita eres entre todas las mujeres, María, gracias por descubrirme a Cristo tu Hijo y mostrarme el camino del verdadero humanismo, de hacerme sensible como hiciste tu a las cosas de Dios! ¡Bendita entre todas las mujeres, María! ¡Bendito el fruto de tu vientre, María! ¡Qué pueda reconocer cada día de mi vida esta realidad, Señor, de que tu venida transforme interiormente mi vida y la de los míos! ¡Bendita eres María porque el Dios amor que llevaste en tu seno supera mi total indignidad! ¡Bendita eres María porque Dios quiso nacer de ti para traernos la salvación! ¡Bendita eres María porque me enseñas que cuando más pequeño y débil me siento, más vulnerable y frágil más cerca estás de mi y lo está también tu Hijo! ¡Ayúdame, María, a estar siempre cerca de Jesús, a ser testimonio de Él a los demás! ¡Te pido especialmente por todas las mujeres, Señor por medio de María, por todas las mujeres creadas a tu imagen y semejanza! ¡Te doy gracias, Señor, por la figura de la mujer y por su papel imprescindible en la comunidad humana! ¡Te pido por todas las mujeres del mundo, Señor, bendecidas por ti para que sean reconocidas, valoradas y apoyadas en su papel de esposa, de abuela, de madre, de hija, de trabajadora, de transmisora de fe, de consagrada, de comunión de amor, de entrega y de servicio, de sensibilidad y ternura, de educadora y formadora! ¡Te pido, Señor, por todas las mujeres que se sienten solas, maltratadas, utilizadas como objetos de placer, explotadas, marginadas o por aquellas que no encuentran por las circunstancias que les toca vivir sentido a su existencia! ¡Te pido por todas las mujeres que dan a su vida el auténtico significado del don gratuito del amor, de la paz y de la esperanza! ¡Que tu, María, bendita entre todas las mujeres las acojas en lo más profundo de tu inmaculado corazón!

¿Quién no ha sido humillado alguna vez?

¿Quién no ha sido humillado alguna vez? La mayoría de las humillaciones te llegan cuando tu alma no está preparada. Y, tal vez por eso, según las circunstancias, esta experiencia provoque tanto desgarro y dolor.
Pero una humillación puedes revertirla para que de frutos. Recibir una humillación cerca del Señor es menos dolorosa que si estás alejado de Él.
Hay una máxima incuestionable. Quien humilla es, habitualmente, alguien con un corazón frío, egoísta, soberbio y mezquino. Es alguien que disfruta menospreciando al prójimo. Al ridiculizar al otro le hace creerse superior. Pero quien así actúa tiene el corazón enfermo y el alma en encefalograma plano porque la amargura, ese cáncer de los corazones soberbios, le aplaca. Además, quien humilla necesita del escenario público para dar mayor realce a la imposición de sus criterios.
Cuando recibes una humillación Dios te invita a volverte humilde. Es Él quien permite las humillaciones porque Dios está siempre detrás de cualquier suceso feliz o triste que acontece en la vida del hombre.
Al recibir una humillación no puedes mirar más que la figura de Cristo, el que siendo Dios se humilló por amor hasta la muerte en cruz; el que, pudiendo cambiar los acontecimientos, acepto todas y una de las humillaciones recibidas para cumplir con la voluntad del Padre. PEñ que a pesar las crueldades recibidas no se amargó ni envenenó su espíritu y lo transformó todo en amor, ternura y serenidad interior! Pero también, mirar la figura de María, la que se humilló para ser enaltecida ante los ojos de Dios.
La reacción, nunca sencilla, ante una humillación es la humildad, la sencillez y la caridad. Tratar de ser consciente de que en la humillación recibes la bendición de Dios. Toda humillación debe verse desde el prisma de la voluntad del Padre que es quien, en definitiva, permite que tengan lugar para el bien del alma humana. Entenderlo es difícil pero también lo es comprender la muerte humillante de Cristo en la Cruz, símbolo de amor y de reconciliación. ¡Y cuántos frutos han supuesto para la humanidad!

orar con el corazon abierto.jpg

¡Señor, por encima de todo enséñame a transformar cualquier humillación o desprecio en un acto de amor, de serenidad interior y de ternura! ¡Señor, tu has cargado con nuestras dolencias y dolores a pesar de que te hemos castigado y humillado y de que nuestras faltas y pecados te han aplastado, sin embargo tus llagas, tus heridas y tu muerte en cruz, humillante a los ojos humanos, nos han sanado del pecado! ¡Hoy te pido, Señor, la humildad para aceptar cualquier humillación! ¡Hoy te pido que ninguna humillación me vuelva vulnerable! ¡Te pido, Señor, que con tus llagas sanes mi corazón y destruyas cualquier atadura que provoque en mi interior dolor, sufrimiento, egoísmo, frustración o soberbia! ¡Permite, Señor, que abra mi corazón para que lo llenes con tu amor y que tu gracia ilumine a quienes me han humillado o despreciado! ¡Serena mi corazón, Señor, y hazlo proclive al perdón y al amor! ¡Señor, que cada humillación sea la ocasión para transformar mi alma y no envenenarla, para cambiar mi corazón y hacerlo más constructivo! ¡Concédeme la gracia de entregarme siempre a Ti para entender que mi entrega puede ser transformar cualquier padecimiento en un canto de amor!

… Algo transformó su vida

Un ingeniero austriaco que trabaja en mi equipo y que había estado muy alejado de la Iglesia me decía hace unos días que cuando era joven tenía mucha esperanza en los aconteceres de la vida. Se veía a si mismo como una persona de éxito, triunfando personal y profesionalmente, querido por todos los que le rodeaban. Decidió seguir los estándares que marcan determinadas pautas sociales como la respetabilidad, amabilidad, dosis de cinismo, popularidad. Conseguiría un buen trabajo, ganaría dinero, se casaría con una mujer hermosa e inteligente… en definitiva: iba a tener éxito en la vida.
Lo logró casi todo a base de esfuerzo, renuncias, empujones, sacrificios y grandes dosis de suerte. Pero el éxito social y profesional no le llenaban. Su vida interior también estaba vacía. No se sentía una persona libre pues su vida era un constante proyectar un rostro cuando en el fondo en su interior había mucha aridez, insatisfacción e inseguridades.
Todo cambió un día, cuando un amigo le habló de Dios. Sintió que, de alguna manera, Dios se le revelaba de nuevo. Ese amigo le dijo algo tan sencillo como «trata de tener una amistad con Cristo. Verás como todo cambia en tu vida». En un principio a esta persona, aquella afirmación le pareció ridícula. Inicialmente la menospreció. Pero fue reflexionando sobre ella y puso en imágenes la vida del que se la había dicho, su coherencia, su serenidad interior, su capacidad de darse a los demás, su amable sonrisa siempre abierta al prójimo, su fuerza interior…
Eso le llevo a profundizar en aquella idea. Y tomó la Biblia. Leyó aleatoriamente tres libros de la Biblia y terminó con los cuatro Evangelios. Y descubrió algo sorprendente: el infinito amor que Dios siente por cada uno. Descubrió como Cristo vino al mundo para descargar su amor sobre los que sufren. Descubrió como uno puede liberar el peso de su vida a los pies de la Cruz. Y comprendió que Jesús vino a este mundo a salvar al hombre, a abrazarlo en su tribulación y a acompañarlo en el camino de la vida.
En el momento que abrió su corazón a Cristo, frecuentó la Misa diaria, dio el paso de confesarse… algo transformó su vida. A medida que avanzaban las semanas des despojó de sus resentimientos, curó heridas que parecían intratables, apaciguó su ansiedad interior, aparcó sus rencores… Hoy, me decía, cuando me enfado me duele, cuando discute me duele, cuando miento me duelo, cuando juzgo me duele, cuando no hago las cosas bien hechas… me duele. Su vida no es perfecta pero busca esa perfección porque ha logrado tener una relación íntima y de amistad con Cristo.
Sigue buscando con ahínco pero ahora no tiene que transitar caminos tortuosos, conoce perfectamente el camino que le lleva a Dios.

orar con el corazon abierto.jpg

¡Señor, concédeme la gracia de buscarte siempre, de abrir mi corazón a ti! ¡Envía tu Espíritu sobre mi para que guíe mi corazón y mi alma! ¡Haz, Señor, que el Espíritu endulce mi vida para seguirte con alegría, para avanzar espiritualmente con esperanza y confianza! ¡Haz, Señor, que el Espíritu Santo encienda la llama viva de mi fe para darle ardor a mi caminar cristiano! ¡Haz, Señor, que por muy tortuosos que sean los caminos pueda ir hacia Ti sin desfallecer! ¡Que mi vida sea una eterna alabanza a Ti! ¡Que los sufrimientos, los problemas y las dificultades no sean motivo de aflicción sino de crecimiento personal y espiritual, sostenido por tu amor y por la fuerza de la cruz! ¡Señor, ayúdame a serte siempre fiel especialmente en los momentos difíciles; que pueda escuchar siempre tu voz! ¡Tómame, Señor, de la mano y llévame hacia Ti! Y, Señor, ¡te pido por todos los que te buscan y no te encuentran; hazte el encontradizo con ellos! ¡Te pido por los que necesitan de tu amor y de tu misericordia llénales su corazón de Ti!

Presentarse ante Dios como María

En la Iglesia celebramos hoy una festividad hermosa, la de la presentación de la Virgen María en el Templo. Esta escena de la vida de Nuestra Madre no aparece en los Evangelios pero a la tradición no se le puede privar de su verdad.
Esta fiesta permite entrar con alegría en la intimidad del corazón María, ese corazón puro tan unido a Dios. María, en aquel día que acudió con sus padres al templo abrió su corazón al Padre y, en ese acto, se abandonó por completo a la gratuidad absoluta del amor divino. La Virgen con aquel paso dio una respuesta absoluta y plena a la voluntad de Dios.
Este acto sencillo pero profundo de María me remite a un elemento sustancial en mi vida cristiana, el de cuestionarse qué significa presentarse ante Dios. Es detenerse pausada y humildemente en su presencia y darse con lo que uno es, con su pobreza y su nada, confiando plenamente en Él. Es hacer voluntad de Dios.
María se presentó en el templo para entregarse a Dios pero esa misma joven de Nazaret fue morada de Dios, Madre del Cristo y templo del Espíritu Santo. Y esa experiencia la vivió secretamente con un intenso amor.
Hoy es un día que me acerco a María para tratar de adentrarme en ese secreto, para observar su vida desde el prisma de la fe, profundizando en su vida oculta y obtener de ello los frutos de un corazón abierto a la grandeza de Dios. Y desde la sencillez de este acto, pedirle al Señor que me conceda la gracia de ser también templo del Espíritu Santo ¡para poderle acoger con pureza, verdad y amor!

orar con el corazon abierto.jpg

¡María, Madre de Bondad y Misericordia, quiero imitarte en todo para llegar a ser un buen hijo de Dios! ¡Acógeme, Señora, en el templo espiritual que es tu Corazón Inmaculado para impregnarme de la sabiduría de Dios y donde el corazón crece cada minuto en el amor a Dios y a los demás! ¡Sagrado Corazón de María me entrego a Ti y al Sagrado Corazón de Tu Hijo! ¡Te encomiendo también a aquello que no conocen a Dios, cuyas almas están muertas y sus cuerpos magullados por el dolor, por aquellos que viven en la desesperanza, por los que no tienen fe, por los que están atrapados por el materialismo y el consumismo, por los que pasan por situaciones de oscuridad espiritual, por los que no tienen esperanza! ¡Entra en su corazón! ¡Y en este día, especialmente, quiero dar gracias al Señor por mis padres que fieles a su fe me presentaron en el templo el día de mi bautismo para que, en el caminar de mi vida, cumpliera la voluntad de Dios y mi cuerpo se convierta en morada del Espíritu Santo! ¡Gracias, Padre, por este regalo que me diste! ¡Te ofrezco a mi mujer y a mis hijos! ¡Hazlos tuyos, María! ¡Protégelos siempre, Señor! ¡Te pido también por todos los consagrados y consagradas del mundo entero y, especialmente, aquellos y aquellas que están cerca de mi corazón, para que sean fieles a Dios y al mensaje del Evangelio que testimonian con su vida y su ejemplo!

Oh Dios que has querido que la Santísima Virgen María, morada del Espíritu Santo, fuera presentada en el templo, concédenos, que por su intercesión, merezcamos ser presentados al templo de tu gloria, nos invita la Iglesia a rezar hoy. Y para honrar este día, lo cantamos con este bellísimo Ave María a cuatro voces del compositor suizo Johann Baptist Hilber: