Mi Dios es refugio

Hay momentos que la vida te pone el rostro contra el suelo, oprimido por las dificultades, la caídas o los obstáculos. Te levanta fe. La fe —la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve— te ayuda a alzar la mirada al cielo. La fe te permite despreocuparte de las preocupaciones. Elevas tu rostro al cielo y le ruegas al Padre que está en el cielo que te cubra con su amor, con su misericordia, que te llene profundamente de su paz, que calme tus ansiedades y desconciertos, que serene tu corazón afligido y que nada de lo que te suceda se desmorone a tu alrededor.
Es la fe la que te hace comprender que el Padre, por medio del Espíritu Santo, te da la fuerza para sobreponerte, es el escudo para protegerte, es el abrazo sobre el que descansar el corazón.
Es la fe la que te hace entender que es el Padre el que te envía desde el cielo el consuelo divina y los apoyos celestiales para enfrentar cualquiera de las complejas realidades de tu vida.
Es la fe la que te permite entender que al Padre le puedes entregar todo, especialmente tu pequeñez, porque depositándola en sus manos redentoras todo es gracia y bendición.
Entonces puedes cantar con orgullo aquello que dice el Salmo: «El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite! Invoco al Señor, que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos».
La vida te pone el rostro contra el suelo, oprimido por las dificultades, la caídas o los obstáculos, ¡sí! pero si nunca abandonas la confianza y seguridad en Dios sabes que nunca te rendirás en la desesperanza.

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¡Señor tu eres mi roca, mi amparo, mi libertador; eres mi refugio, el poder que me salva! Eres, Señor mi Dios, quien me ofrece todas la seguridad y la protección! ¡Eres el consuelo de mis penas, el que me libera y me salva de los peligros que me acechan! ¡Contigo, Padre, puedo tejer la esperanza en medio de mis esfuerzos y luchas cotidianas! ¡Contigo, Padre, puedo afrontar con confianza todas las dificultades y adversidades que me acechan! ¡Frente a las dificultades de la vida pongo en ti toda mi esperanza porque tu eres el Dios fiel, amoroso, misericordioso y solidario! ¡Hoy, Señor, con humildad y sencillez, te entrego todas y cada una de las batallas y luchas de mi vida para que me protejas y me cuides! ¡Todo lo pongo en tus manos, Señor, con la alegría de sentirme protegido por Ti que todo lo puedes!

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