De la mano de la Madre de la Misericordia

Segundo sábado de noviembre con María, Madre de la Misericordia, en el corazón. La figura de María me invita a una permanente invitación a la Misericordia. Te permite ver como testimonió con su vida aquello que Jesús dejó marcado en la impronta de la vida: “Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso”.
Hoy me pregunto: ¿Puedo tener a Dios como Padre, a Jesús como hermano y la Virgen como Madre si no soy capaz de ser misericordioso? ¿Puedo beneficiarme de la misericordia de Dios si no soy capaz de ser testigo y artesano de la misericordia en mi propia espacio vital?
¿Cómo es mi corazón? ¿Es un corazón misericordioso como el de Jesús y María? ¿Es un corazón que se abre de par en par a la miserias y las necesidades de los que me rodean? ¿Les comprendo, busca aliviar su precariedad, su fragilidad y su sufrimiento? ¿Me abro, como hicieron Jesús y María, a la compasión, a la ternura, a la solidaridad, a la cercanía con el otro? ¿Muestro bondad en mis gestos? ¿Tengo paciencia para con el prójimo? ¿Me pongo en la piel de los demás y trato de comprender sus actitudes? ¿Por qué mi corazón está tantas veces tan seco y es tan sensible a todo? ¿Por qué olvido tener sentimientos de tierna compasión, humildad, gentileza y benevolencia para con los demás? ¿Por qué si el Señor me perdona me cuesta tanto hacerlo a mí? ¿Por qué mi mirada no trasluce la luz de la misericordia para observar al prójimo con los ojos de Jesús y de María? ¿Por qué siendo cristiano no soy testigo del perdón y siervo de la misericordia?
Hoy me pongo en el regazo de María. Compungido pero esperanzado. Orarle para que como Madre de la Misericordia que es me permita abrir el corazón, me enseñe a amar, a perdonar, a guiarme en el perdón; que me toque el corazón, para sentir la misericordia que tiene su origen en Dios.

orar con el corazon abierto.jpg

 

¡María, Madre de la Misericordia, permite que mi vida sea un espejo de la tuya! ¡Que mi corazón se impregne de los valores que compartiste con Cristo, especialmente el ser misericordioso! ¡Permite, Madre, que en mi vida se haga auténtica la Cruz por la que murió Jesús! ¡Ayúdame a caminar en la verdad, en la esperanza, en el cumplimiento de la voluntad del Padre y desde la autenticidad cristiana abrir mi corazón a la misericordia! ¡Ayúdame a ser testigo de Jesús, testimonio de misericordia! ¡No permitas, Madre, que me desvíe por las sendas del pecado y ayúdame que todos mis pasos estén impregnados por las sendas de las buenas obras, para que toda mi vida sea una glorificación al Padre, donde el amor, la misericordia, el perdón y el servicio se conviertan en el caminar de mi vida! ¡Hoy María te canto el Magnificat en la que tu pronuncias la verdad de la misericordia, el alegre amor por el que el Padre nos acerca a la felicidad en este mundo en la que la tristeza, el dolor, la desolación y el sufrimiento campan por doquier! ¡Tu, Madre, que fuiste la primera Hija de la misericordia divina, a ti me entrego! ¡Todo tuyo, María, Madre de Misericordia!

Y ahora, el Magnificat, a la Virgen con la composición de Marco Frisina:

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