Presentarse ante Dios como María

En la Iglesia celebramos hoy una festividad hermosa, la de la presentación de la Virgen María en el Templo. Esta escena de la vida de Nuestra Madre no aparece en los Evangelios pero a la tradición no se le puede privar de su verdad.
Esta fiesta permite entrar con alegría en la intimidad del corazón María, ese corazón puro tan unido a Dios. María, en aquel día que acudió con sus padres al templo abrió su corazón al Padre y, en ese acto, se abandonó por completo a la gratuidad absoluta del amor divino. La Virgen con aquel paso dio una respuesta absoluta y plena a la voluntad de Dios.
Este acto sencillo pero profundo de María me remite a un elemento sustancial en mi vida cristiana, el de cuestionarse qué significa presentarse ante Dios. Es detenerse pausada y humildemente en su presencia y darse con lo que uno es, con su pobreza y su nada, confiando plenamente en Él. Es hacer voluntad de Dios.
María se presentó en el templo para entregarse a Dios pero esa misma joven de Nazaret fue morada de Dios, Madre del Cristo y templo del Espíritu Santo. Y esa experiencia la vivió secretamente con un intenso amor.
Hoy es un día que me acerco a María para tratar de adentrarme en ese secreto, para observar su vida desde el prisma de la fe, profundizando en su vida oculta y obtener de ello los frutos de un corazón abierto a la grandeza de Dios. Y desde la sencillez de este acto, pedirle al Señor que me conceda la gracia de ser también templo del Espíritu Santo ¡para poderle acoger con pureza, verdad y amor!

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¡María, Madre de Bondad y Misericordia, quiero imitarte en todo para llegar a ser un buen hijo de Dios! ¡Acógeme, Señora, en el templo espiritual que es tu Corazón Inmaculado para impregnarme de la sabiduría de Dios y donde el corazón crece cada minuto en el amor a Dios y a los demás! ¡Sagrado Corazón de María me entrego a Ti y al Sagrado Corazón de Tu Hijo! ¡Te encomiendo también a aquello que no conocen a Dios, cuyas almas están muertas y sus cuerpos magullados por el dolor, por aquellos que viven en la desesperanza, por los que no tienen fe, por los que están atrapados por el materialismo y el consumismo, por los que pasan por situaciones de oscuridad espiritual, por los que no tienen esperanza! ¡Entra en su corazón! ¡Y en este día, especialmente, quiero dar gracias al Señor por mis padres que fieles a su fe me presentaron en el templo el día de mi bautismo para que, en el caminar de mi vida, cumpliera la voluntad de Dios y mi cuerpo se convierta en morada del Espíritu Santo! ¡Gracias, Padre, por este regalo que me diste! ¡Te ofrezco a mi mujer y a mis hijos! ¡Hazlos tuyos, María! ¡Protégelos siempre, Señor! ¡Te pido también por todos los consagrados y consagradas del mundo entero y, especialmente, aquellos y aquellas que están cerca de mi corazón, para que sean fieles a Dios y al mensaje del Evangelio que testimonian con su vida y su ejemplo!

Oh Dios que has querido que la Santísima Virgen María, morada del Espíritu Santo, fuera presentada en el templo, concédenos, que por su intercesión, merezcamos ser presentados al templo de tu gloria, nos invita la Iglesia a rezar hoy. Y para honrar este día, lo cantamos con este bellísimo Ave María a cuatro voces del compositor suizo Johann Baptist Hilber:

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