En el umbral del Adviento con María

Primer sábado de diciembre con María, Señora del Adviento, en el corazón. Mañana comienza el Adviento, tiempo para abrir el corazón como María para preparar la venida del Salvador. Hoy tomo especialmente el ejemplo de la Virgen para que, durante este tiempo, sea capaz de mantenerme fiel al Señor que nos ha prometido la salvación.
A las puertas de este tiempo tan hermoso que nos lleva hacia la Navidad, quiero guardar en mi corazón el valiente y decidido «sí» de María que, en este tiempo, alcanza una enorme relevancia, porque con su alegre aceptación y su humilde entrega a la voluntad divino, hizo posible que la Palabra de Dios acampara por siempre.
¡Que bonito pensar que a consecuencia de «sí» a los planes de Dios, con esas palabras que surgieron de su corazón orante y generoso —«hágase en mí según tu palabra»—, nació Jesús después de un prolongado adviento en su interior.
En este sábado antes de encender mañana la primera vela de la corona de adviento quiero creer como Ella, esperar como Ella, amar como Ella, celebrar la espera como Ella, alegrarme por la Navidad que llega como Ella. Y, sobre todo, como Ella aprender a ser más fiel al Señor, a su Evangelio y a sus enseñanzas.

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¡Todo tuyo, María, ejemplo de vida, de entrega, de generosidad, de amor, de aceptación de los planes de Dios! ¡Me entrego a Ti, María, porque quiero seguir tu modelo de fe, de esperanza, de amor, de actitud orante y entregada en este tiempo de Adviento, en la vida misma! ¡Gracias, María, por que con tu aceptación de los planes de Dios me enseñas a confiar siempre en Dios y me haces ver que en mi es posible también el cumplimiento de sus promesas! ¡Gracias, María, porque eres Madre de Dios y Madre nuestra, y gracias a tu aceptación a los planes divinos Jesús es mi hermano, arraigado de forma concreta en la Santa Familia de Nazaret, que con tanto amor formaste con san José! ¡Gracias, María, porque con tu «sí», repleto de fe, has permitido el plan de salvación de Dios por medio de Jesús, razón de fiesta en mi corazón! ¡Hoy te pido, María, que en este tiempo que avanza hacia la Navidad me ayudes a confiar especialmente en Dios, a no caer en el desánimo cuando los problemas arrecian, cuando las dificultades me obstruyen, a tener tus actitudes ante la vida, a vivir en el permanente y humilde agradecimiento, a que mi corazón esté completamente abierto a la voluntad misericordiosa y amorosa de Dios, y que rebose alegría por doquier por el nacimiento de Jesús, tu Hijo y mi Salvador! ¡Todo tuyo, María, llena de gracia, Madre del Amor!

En este primer día de diciembre nos unimos a las intenciones del Papa Francisco para este mes. El Santo padre pide que oremos para que las personas dedicadas al servicio de la transmisión de la fe encuentren un lenguaje adaptado al presente, en diálogo con la cultura.

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