¿Por qué perdonar?

¿Debo perdonar al que me dañado y perjudicado? El cristiano perdona, ¡siempre! porque ha recibido gratuitamente el perdón. La incongruencia más absoluta es aquella que se produce entre el perdón que se recibe y el que se da.
A veces es difícil comprender que la evidencia de los que representamos como cristianos radica en nuestra voluntad para absolver, exculpar, perdonar, exonerar y rehabilitar al prójimo.
Yo me pregunto: por las veces que Cristo me ha perdonado —¡y con cuanto amor lo ha hecho por los pecados cometidos!— ¿quién soy yo para retener y guardar las faltas y las deudas del prójimo? ¿Quién soy yo para considerar las ofensas de los demás hacia mí como motivo de no redención si las comparo con las que yo, habitualmente, cometo con el Dios que todo lo perdona? ¿Por qué tantas veces digo aquello de que «eso no lo puedo perdonar» atándole las manos a Dios para que me pueda perdonar a mí que acudo con frecuencia a Él para pedir mi redención? ¿Por qué olvido la respuesta que el Padre Misericordioso del «este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado» y no soy capaz de entender la paz y la alegría que regresará a mi vida si dejo atrás mis diferencias con el perdón? ¿Por qué olvido que el perdón supone para mi una profunda transformación interior? Solo me queda pedirle al Señor, que la misericordia de su perdón sea tan profunda que eclipse cualquier ofensa hacia mí.

orar con el corazon abierto.jpg

¡Señor, que eres fuente de amor y de misericordia, que todo lo perdonas, y sobre todo me amas tanto que me perdonas cuando te ofendo, te olvido o te abandono, enséñame a perdonar con el corazón abierto! ¡Abre mi corazón al perdón de los que me ofenden, me hacen daño y me abandonan! ¡Muéstrame el camino del perdón para que no tema cuando las ofensas, el daño y el abandono vuelva a mi! ¡Que mi perdón, Señor, sea una perdón sin límites, desde la interioridad del corazón, de las libertad, de la sinceridad y desde la generosidad! ¡Que no me importe, Señor, perdonar setenta veces siete, sin tomar como referencia el daño que me han causado! ¡Enséñame, Señor, a perdonar incluso a aquellos que nos son conscientes de que me han dañado! ¡Hazme también, Señor, consciente de las veces que yo he ofendido y fallado! ¡Espíritu Santo, que eres Espíritu de amor, transforma mi corazón para que iluminado por tu presencia cambies mis actitudes hacia los demás, ilumines siempre mi mente para abrirla a la verdad, la llene de sabiduría y de amor! ¡Ayúdame a que mi perdón esté impregnado de tu presencia, lleno de generosidad, humildad, sinceridad y pureza! ¡Concédeme la gracia, Espíritu de Perdón, de que los rencores que pueda haber en mi corazón se transformen en amor y que todo mal que surja de mi interior se convierta en una cadencia de bien!

Ven, Salvador, sin tardar, canto de Adviento:

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