Tiempo de invitación a la sencillez

El tiempo del Adviento es un tiempo que te invita a la sencillez. Sencillez como la de María, que todo lo hizo en silencio, como pasando desapercibida a pesar de que la decisión que tomó fue la más trascendente de la historia. Sencillez como la de san Juan Bautista, que se despojó de todo, para allanar los caminos de Jesús. Sencillez como la de Cristo, el Dios hecho Hombre, que viene a nosotros en la pobreza más absoluta. La sencillez es la virtud que jalona la vida de estos tres significados protagonistas del Adviento. Y yo, ¿cómo ando de sencillez?
Y es cuando caes que todo lo que tiene que ver con Dios no puede estar revestido de grandilocuencia sino impregnado de sencillez. Cristo, fuera donde fuera, hiciera lo que hiciera, no buscaba nunca el espectáculo sino, simplemente, remover el corazón del hombre. Jesús me quiero pequeño. Quiere que me haga como un. Niño. Quiere que me desprenda de todo aquello que no abone en mi vida el discurso de la sencillez. Renunciar a la soberbia, al egoísmo, a creerme más que el otro, a no vivir en la autosuficiencia; a ser consciente de que ser sencillez es mostrarme al prójimo como lo que soy sin pensar en el qué dirán, ni el qué pensarán de mi, o de si me juzgarán. Ser sencillo es vivir de manera descomplicada, sin complejos, buscando llenarse de la gracia que viene del Espíritu, con un corazón abierto siempre a Dios, sin media tintas ni medias verdades, sin recovecos en los que esconder mis miserias.
Ser sencillo para mostrar todo el amor que mi corazón atesora hacia Ti, para que cada una de mis obras esté precisamente impregnada de ese amor. Que mis palabras y mis sentimientos reflejen el profundo amor, la inmensa alegría y la gran esperanza que tengo por ser Hijo de Dios y hermano de Cristo.

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¡Señor, concédeme la gracia de optar por la sencillez de vida para ser más libre interior y exteriormente! ¡Envíame, Señor, tu Santo Espíritu para vivir acorde con las enseñanzas de Jesús, para redescubrir la belleza de la vida, de la creación naturaleza y de las relaciones humanas! ¡Hazme ver, Espíritu Santo, que no tengo que depender tanto de las cosas para ser feliz! ¡Libérame de todas aquellas ataduras y dependencias que me impiden crecer en santidad! ¡Ayúdame a ser sencillo en todos mis gestos y acciones para darme a conocer a los demás como realmente soy con sinceridad, humildad y sin máscaras! ¡Ayúdame a aceptar la verdad de mi vida, con honestidad, sin orgullo, vanidad y soberbia! ¡Ábreme, Espíritu Santo, a una apertura sincera a Dios y al prójimo! ¡Abre mi corazón con sencillez al prójimo para acogerlo, amarlo, perdonarlo y acompañarlo! ¡Libra, Espíritu Santo, mi corazón de rencores, odios, malos pensamientos, actitudes egoístas y juicios despiadados! ¡Permíteme, Espíritu Santo, abrir mi corazón para ser interpelado por Dios, valorar mi propia vida, aceptar su santa voluntad! ¡Hazme ver, Espíritu Santo, en todo lo que me acontece la huelle amorosa y misericordiosa de Dios! ¡Ayúdame, Espíritu Santo, a que mi corazón permita que Dios intervenga en mi vida! ¡Que mi vida sea grande, Espíritu divino, pero apoyada sobre todo en la humildad y en la sencillez de Jesús y que todo lo que haga tenga el envoltorio de la ternura, el amor, la sencillez, la generosidad, la entrega y el perdón! ¡Transfórmame, Espíritu Santo, para conformar mi voluntad a la voluntad de Dios!

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