¡Aleluya, ha nacido el Salvador!

¡Bendita sea la Navidad! ¡Dios ha nacido! ¡No puedo dejar de exclamar “¡Aleluya!”! ¡Qué acontecimiento más extraordinario! ¡Es el gran misterio de la Navidad! ¡Aleluya! Mi corazón late con la misma alegría que el de los pastores cuando supieron del Ángel que “¡Ha nacido el Salvador! ¡Mi Salvador, el que me ama, me sostiene, me perdona, me escucha, me espera!
En mi corazón brilla luminosa la fe y la esperanza y aparco por un día la mundanidad de mis problemas, mis ocupaciones y mis distracciones para acoger al Dios hecho hombre en mi oración.
¡Dios está entre nosotros, acurrucado en el regazo de María bajo la atenta mirada de san José! Meditas esta escena y todo es Amor, humildad, confianza, serenidad, salvación, esperanza.
Y con el corazón abierto, elevando las manos al cielo sólo queda dar gracias a Dios. Y, exclamar, en la penumbra del sencillo portal, haciéndose un hueco entre los pastores, ¡Gracias, Dios mío, porque cada año renuevas tu confianza en el ser humano! ¡Gracias, Señor, porque te haces amigo de los hombres haciéndote hombre! ¡Gracias, Dios de bondad, por el amor que nos manifiestas! ¡Gracias por el ejemplo de la Sagrada Familia que nos permite crecer en el amor familiar! ¡Gracias, Señor, porque contemplando tu pequeñez, tu pobreza y tu aparente insignificancia enriqueces nuestro corazón y nuestra vida! ¡Gracias, Dios del perdón, porque nos traes la paz!
El Dios creador, hecho hombre, nos deja sin argumentos. Buscamos siempre el bienestar y Él se presenta en la pobreza más absoluta; somos soberbios y vanidosos y Él testimonia la grandeza de la humildad; nos cuesta servir y amar y Él nos reviste con amor eterno; enmascaramos nuestra autenticidad y felicidad y Él se asoma con una alegría celestial; nos lamentamos de que no nos da pruebas de su existencia y en el portal está aquí, dejándose besar y adorar esperando nuestra entrega como un mendigo del amor.
¡Menudo día el de ayer! ¡Un gran elogio a la fe! ¡Qué no se me olvide a lo largo del año lo que vivimos ayer!

orar con el corazon abierto.jpg

¡Padre, gracias por la generosidad de hacerte niño! ¡Gracias, Señor, porque me enseñas que en la pobreza de corazón está la grandeza del hombre! ¡Gracias, Señor, porque caminando en la humildad aplacamos nuestro orgullo y nuestra vanidad! ¡Gracias, Señor, porque en tu entrega generosa nos enseñas a entregarnos nosotros a los demás! ¡Gracias, Señor, porque has salido a mi encuentro, has inundado mi corazón de paz y me permite crecer en el amor! ¡Gracias, Señor, porque adorándote a Ti no tengo que idolatrar esos dioses que merodean mi corazón! ¡Gracias, Señor, porque en la penumbra del portal tu amor calla y me haces comprender que el sufrimiento, el dolor, la dificultad me acompañarán también en mi camino de cada día pero que contigo a mi lado nada tengo que temer! ¡Gracias, Señor, por darnos a María, Tu Madre, que junto al pesebre sabe estar y esperar! ¡Gracias, Señor, porque teniéndolo todo te presentas en Belén sin nada y eso me hace replantearme muchas cosas de mi vida! ¡Gracias, Señor, porque vives en mi corazón y me llenas de gozo, alegría, esperanza y de paz!

Un comentario en “¡Aleluya, ha nacido el Salvador!

  1. Hoy, día de Navidad, al ir a besar al final de la Eucaristía al Niño Jesús, se ha acercado también, una madre con su bebe de poco tiempo; ella quería que su niño besara al recién nacido Jesús…

    Momento entrañable, en el cual, el Amor se convierte, en el don que se entrega y, a su vez, es el regalo que se recibe.

    Qué interpelación tan grande la de los padres, al acercar a Jesús a sus hijos, recibiendo y dando Amor, de manera trasparente, como es la inocencia de un niño.

    Nos hace falta expresar gestos así, desde un corazón limpio y abierto a la ternura del Amor.

    Pensemos, cuantas actitudes y comportamientos están vacios de sentido, carentes de verdad. Es tiempo de quitarse el oropel y vestido de fiesta, atreverse a vivir, siendo más íntegros y más honestos, mirar de frente a los ojos del otro y no tener miedo a perder las apariencias.

    ¡Es Navidad! Llega hasta mi corazón, el aroma del mañana siempre fragante y nuevo…

    Un abrazo fraterno para tí, tu esposa e hijas; que sigáis con Amor, manteniendo el Espíritu de la Navidad, durante todo el próximo año, y el buen hacer de esta página de Evangelización.

    ¡Féliz Navidad! Miren Josune.

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