Defender la vida, condenar el aborto

El día de hoy recordamos a los Niños Inocentes que el sátiro Herodes ordenó asesinar tras el nacimiento de Cristo. Un día de reflexión sobre todos los niños y niñas que sufren con Jesús la santa inocencia de Cristo… Fueron estos infantes inocentes los primeros cristianos santos de la Iglesia. Por eso se les asegura, desde tiempos inmemoriales, su lugar de privilegio en el calendario de los Santos. Tuvieron el honor de ser los salvadores de nuestro Salvador. Aquellos niños no sólo murieron por Cristo, lo hicieron en su lugar. Recordamos hoy también el sufrimiento martirial de tantos niños en el mundo que han sido abortados, el mayor genocidio consentido en nuestra sociedad desde hace varias décadas. La gravedad de estas muertes aceptadas por la sociedad ha menguado progresivamente en la conciencia de tantos hombres y mujeres, muchos de ellos cristianos. El aborto es un crimen que no permite distinción entre el bien y el mal porque lo que se dilucida es el derecho fundamental a la vida. Seamos siempre valiente a defender el derecho a la vida y no giremos la mirada nunca la mirada por razones de interés o por engañar nuestra conciencia.

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¡Dios mío, enséñame a entender que toda vida humana es sagrada, desde la que surge del embrión en el vientre de una madre a la de ese enfermo al que han desahuciado; desde la de ese niño con discapacidad a la de ese adulto en la vejez; la del niño enfermo terminal al adulto moribundo! ¡María de Belén y de Nazaret, esposa de José, Madre dolorosa, modelo de fe y esperanza, te encomiendo a todas las mujeres que sufren el dolor de haber abortado y a sus bebés abortados, dales tu cuidado maternal! ¡Perdona, Dios bueno, a los padres que abusando de la libertad destruyen el don de la vida que Tú nos has dado! ¡Perdona a los que destruyen la vida humana abortando el bebé que esperan! ¡Dales a estos niños por nacer la oportunidad de gozar de Tu presencia por toda la eternidad! ¡Quisiera en este día, Padre, adoptar espiritualmente a un bebé por nacer y ofrecer mis oraciones, mis sufrimientos, mi trabajo, mis alegrías, mis anhelos, por ese pequeño, para que pueda nacer y vivir para Tu mayor honor y gloria! ¡Quisiera hacer mío el sufrimiento de los niños abandonados por sus padres, los niños que no gozan del cariño paterno, de los niños que mueren de hambre en manos de padres impotentes ante esa injusticia, de los niños de la guerra, víctimas inocentes de la prepotencia de los nuevos Herodes, de los niños que sufren el turbio poder del abuso o el tráfico sexual! ¡Me uno a tu sufrimiento por ellos, Dios de la misericordia y del amor! ¡Padre bueno, gracias por darnos la vida y recordarnos que con independencia de la edad, raza o credo, cada ser humano ha sido creado a tu imagen y semejanza, y hemos sido redimidos por Cristo y esto nos hace sentir que ante todo nos contemplas con tu mirada!

Recordamos a los Santos Inocentes con este canto del Aleluya: Laudate Pueri Dominumdedicado a ellos:

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Un comentario en “Defender la vida, condenar el aborto

  1. ¡No matarás!
    Es el mandamiento que apuesta por la Vida y la defiende. La Vida que se anula, rechaza y suprime, negando su dignidad y derechos más legítimos, es un execrable e infame atentado.

    Vida que se “mercantiliza” sin otra finalidad que el beneficio y lucro, que mueve el interés en aras del conveniente, que se la confina entre las paredes de una residencia, abandonándola a su suerte con total indiferencia.

    Queremos que no haya nadie que “asfixie” la vida, coarte su desarrollo, desde el instante en que el espermatozoide alcanza el ovocito y se introduce en él. Ahí se produce el “bing, bang” del nacer humano.

    Defender la Vida, es hacer digna la condición humana, desde el nacimiento hasta el final de la existencia. No valen excusas y argumentos que justifiquen, el obrar de quienes los otros-as no cuentan y son considerados la “carga pesada” que estorba.

    Acabamos de celebrar, los días entrañables de la Navidad, el recuerdo del nacimiento hace dos mil años, de Jesús.

    Es triste pensar que en muchos hogares y mesas engalanadas, hay una “silla vacía” donde debía estar sentado, el padre o madre ancianos. Las residencias no dan abasto, lo mismo los hospitales y clínicas, ¿qué está pasando?

    Pues pasa que arrinconamos la vida, negándola todo legítimo derecho, por el mero hecho del paso del tiempo y los achaques propios de la edad.

    No olvidar que quienes ignoran y olvidan a los mayores, están colaborando a construír, una Sociedad cruel e injusta, indigna del Amor de Dios-Padre.

    No hay peor acto de inhumana indignidad, que anular, suprimir la Vida de un Ser humano.

    Da igual el tiempo de vida y los años que lleve nacido. La vida es algo valioso, el mayor regalo del inefable Amor de Dios.

    Que hemos de asumir el tránsito final, es evidente, más es deber del buen cristiano. no permitir ni consentir, ningún abuso, ni la manipulación encaminada a la supresión de la vida.

    Suprimir el sufrimiento, no es “drogar” al paciente, acelerar el final de su existencia. No todo tratamiento se puede llamar de “cuidados paliativos”, de ahí, la conciencia recta y equilibrada, entre lo que conviene y es digno hacer y lo que es inadmisible por ser una eutanasia camuflada.

    La vida en esta Tierra, es regalo transitorio y provisional de Dios al ser humano. Un día dejaremos el cuerpo mortal, para alcanzar la plenitud de la Vida sin fin, en el Amor de Dios.

    Miren Josune

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