Dios en el camino de la procreación

Acudí ayer a una adoración al Santísimo. La custodia en el centro del altar estaba rodeada de varias imágenes representando episodios de la vida de la Virgen (ver fotografía). Estuve fijándome en una con el niño Jesús en el vientre de María. Pensé en mis hijos dándole gracias a Dios por el regalo de su custodia; son todos hechos a la imagen de Dios.
Recordé también lo que representó para mi mujer y para mí aquellos embarazos, alguno de ellos difíciles.
Y di gracias a Dios por habernos dado a María como Madre. Ella llevó con humildad sus nueves meses de embarazo y sufrió, también, el dolor del parto dando a luz al Creador del mundo y de la vida en un pobre establo de una sencilla aldea perdida en los confines del mundo. ¡Qué ironía tan hermosa!
Cristo vino a la tierra procreado por una madre como desde el inicio de la humanidad han hecho un sinnúmero de mujeres que han custodiado durante nueve meses en sus entrañas las vidas de sus retoños. Conmueve que Cristo escogiera participar de la bella simplicidad de formarse en el vientre materno para hacerse hombre y habitar entre nosotros. Le doy también gracias a Dios porque aceptó ser entretejido como una tierna criatura en el vientre de María. ¡Qué bello es pensar que en toda mujer embarazada Dios recorre con ella íntimamente durante nueve meses el camino de la procreación!
Y, entonces, lloró ínteriormente por los niños no nacidos, por todas las madres que han tomado la decisión de cercenar la vida de sus hijos, por los legisladores que han aprobado leyes contrarias a la vida.
Y doy gracias a María por su fíat. Y me lleno de gozo porque hasta ayer, contemplando la imagen de María con el niño en su vientre, no había comprendido que la maternidad en una mujer no es únicamente parte del ciclo de la vida sino que, fundamentalmente, es un proceso de nueve meses de santificación en la que una madre se aviene a ser un alter christus, otro Cristo, llevando vida a la vida, vida creada por el mismo Dios.
¡A pocos días de llegar a la Navidad no puedo más que alabar a Dios porque nuestra salvación comenzó con la llegada de un indefenso bebé que era ni más ni menos que el Dios de todo lo creado! ¡Gloria por siempre a ti, mi Dios!

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¡Te alabo, Dios mío, por regalarnos la vida! ¡Te alabo y te doy gracias por mis hijos y por todos los niños que están en el vientre de las madres embarazadas porque están formados a Tu imagen y semejanza! ¡Envía, Padre, sobre cada madre a Tu Santo Espíritu para que las ilumine con tu gracia, las llene de tu gloria y de tu luz, al igual que hiciste en el vientre de María para engendrar a Tu Hijo Jesucristo! ¡Derrama, Padre, por medio de tu Santo Espíritu, tus gracias sobre todas las criaturas no nacidas! ¡Ilumina y llena de gracia a todas las madres que estén pensando en tomar la drástica decisión de abortar! ¡Ayúdales a descubrir la verdad, a encontrar el apoyo necesario, a tener la valentía y la gracia para resistir la tentación y vencer las presiones para elegir la vida en lugar del aborto! ¡Me uno, Padre, espiritualmente a todos los niños que están por nacer y te ofrezco mis trabajos, mis sufrimientos, mis alegrías, mis esfuerzos y mis oraciones para que estas criaturas tengan la oportunidad de nacer y darte gloria con su vida! ¡Señor, bendice a los que trabajan por construir una cultura de vida! ¡Y a ti, Jesús, que te presentaste en esta tierra en forma de una humilde criatura humana, ayúdame a respetar y amar al Dios que nos da la vida y convertir mi corazones en un centro repleto de amor a tu imagen y semejanza!

  

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