El regalo es Jesús

Miras a tu alrededor y observas cuánta gente no acude a lo que es verdaderamente esencial sino a lo accesorio. ¿Y que es lo esencial? Que la Navidad es Jesús. Que Santa Claus, los regalos organizados en base a catálogos que recibimos con semanas de antelación, las comilonas con alimentos cada vez más caros y sofisticados, la decoración extremada, los adornos, la fiesta… consecuencia del materialismo que nos invade por todas partes y nos llega a agobiar es verdaderamente accesorio.
Lo esencial es que en Navidad nos abrimos al misterio de Dios hecho hombre, al intercambio entre lo divino y lo humano; un Niño frágil y pobre que viene a dar su vida por el hombre. Esto es lo que debe centrar nuestra vida. Lo que cuenta. Lo que de verdad importa.
La Navidad es Navidad porque sentimos el gozo de conmemorar el nacimiento de nuestro Salvador. En estas fechas nos acercamos al misterio de la Sagrada Familia donde el Niño Dios nace en el seno de una familia humilde pero firme en su fe y confiada en la voluntad divina. Jesús nace para que seamos capaces de abrir las puertas de nuestro corazón al Padre por medio de la acción y la gracia del Espíritu Santo.
El sentido de la Navidad es Jesús. Sin el nacimiento de Cristo, sin este milagro de amor extraordinario, nadie —ni los no creyentes—, nada tendrían que celebrar. El misterio de la Navidad, la imagen de este Niño humilde recostado en un pesebre, adorado por pobres pastores que nos representan a todos los seres humanos y que se acercan a Él con amor y respeto, nos lleva también la simbología real de la Cruz, esa que nos redime del pecado y nos permite vivir la postrera Resurrección que da sentido a nuestra vida cristiana.
Lo esencial de la Navidad no se mide en la abundancia de los regalos y de los caprichos que nos hacen perder el valor de las cosas sino en el amor a raudales que nace del espíritu de la Navidad.
La esencia de la Navidad es el Amor con mayúsculas. La Navidad es el canto supremo al ser humano donde el amor verdadero es un reflejo del amor del Salvador que se refleja en el dar sin esperar recibir nada a cambio; el de llenar de alegría el corazón del prójimo; el de olvidarse de uno mismo e ir al encuentro del que está cerca nuestro; es deshacerse de lo que no tiene importancia para poner atención en esos valores que sustentan la vida del cristiano como la paz, la misericordia, la caridad, el servicio, la humildad o el perdón.
La Navidad es comprender que cuanto más amor doy, más amor recibirán los demás.
Navidad es tiempo de regalos, sí; pero si nuestro primer y principal regalo no es Jesús el resto de los obsequios se convierten en algo accesorio, irrelevante y carente de la verdadera esencia de la Navidad. Y el mejor regalo es, en nombre de Jesús, sembrar amor y ternura a nuestro paso.

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¡Niño Dios deseo que te conviertas en el principal regalo de la Navidad! ¡Quiero que seas el centro de mi vida, de mis palabras, de mis gestos, de mis sentimientos, de mis actitudes, de mis pensamientos! ¡Quiero que tu presencia en mi corazón sea motivo para regalar alegría, gozo, perdón, reconciliación, paz, consuelo, humildad, justicia, conversión, gracia, luz y, sobre todo, amor! ¡Quiero desterrar de mi corazón la pesadumbre, la soberbia, el juicio ajeno, la maldad, el resentimiento, la mentira, la tibieza, los miedos, las faltas de caridad, la pereza, la ira, la debilidad, la envidia, el orgullo o todo aquello que en mi vida puede tener cabida y me desvía del camino que me acerca a ti! ¡Espíritu Santo, concédeme la gracia de caminar a la luz de Dios, al encuentro del Niño Dios! ¡Fortalece, Espíritu divino, mi fe para ir al encuentro del Dios hecho hombre! ¡Concédeme la gracia de vivir arraigado en Cristo para que desde Él sea capaz de llevar a mi entorno grandes dosis de amor! ¡Ayúdame, Espíritu de Dios, a que mi mirada y mi corazón estén puestos siempre en Dios! ¡Concédeme, Espíritu Santo, la gracia de la entrega generosa de mi vida hacia el prójimo para que desde mi pequeñez todos puedan ver nacer al Niño Dios! ¡María, Madre de Dios y Madre mía, Señora del sí confiado, ayúdame a no olvidar nunca que la Navidad es por encima de todo tu Hijo Jesús y siguiendo tu ejemplo de amor y humildad, ayúdame a ser apóstol del Amor de Dios en mi entorno familiar, social y profesional!

 

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