Enraizado en un Dios que ama

El día de Navidad después de asistir por la mañana a la Eucaristía, de comer en familia y de disfrutar de una jornada fraternal me retiré al caer la noche a una capilla de adoración perpetua. Allí estaba el Señor en la humildad de una Hostia pero con la grandeza de su Presencia. Y me sentí profundamente enraizado en la creación. Arraigado en el seno de una familia que Dios ama porque está en el centro mismo de ella. Enraizado a una ciudad y a un país a los que amo. A un Madre tierra a la que venero por ser creación de Dios. Arraigado en la fe en Jesús que es mi Señor y Salvador. Enraizado en la esperanza y la caridad porque como cristiano anhelo producir en mi vida cotidiana frutos de santidad. Enraizado en mi compromiso como cristiano como ese árbol frondoso que asienta sus raíces en la tierra y busca que el sol lo eleve hacia el cielo. Enraizado en el amor que a veces me cuesta entregar.
Vivimos atrapados en un mundo globalizado que nos hace olvidar nuestras propias raíces, pero también la cercanía al prójimo, especialmente a los que tenemos más cercanos, en la familia, en el edificio, en la comunidad parroquial, en el trabajo, en el barrio… ¡Cómo se empobrece así nuestro corazón! Nuestras pobrezas humanas y espirituales se hacen cada vez más patentes.
Nuestra sociedad lanza gritos de angustia porque hay mucha soledad, mucha desesperanza, mucha carestía, porque cada vez hay más contemporáneos que no saben cómo llegar a final de mes, porque no tienen ilusiones, porque el sufrimiento por cualquier causa se ceba con ellos. ¡Son tantos los que expresan la angustia interior y nadie les escucha!
La grave crisis que estamos atravesando hoy es un reflejo del grito interno del alma del hombre contemporáneo que pretende edificar un mundo en el que Dios no existe. Al ganar altura ante la dolorosa situación que estamos experimentando, depende de nosotros decir en todas partes que el hombre no está solo. Frente al Santísimo, ante ese trozo de pan que es el Amor mismo, uno puede exclamar: «El hombre no vive solo del pan, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios». La crisis social, económica y moral que atravesamos nos confronta con nuestra propia conciencia personal, enfrentando a Dios, enfrentando este encuentro con la historia. Frente a la salvación de las almas. La presencia de la Iglesia, pero sobre todo de los laicos, en este momento difícil y crucial, a través de sus palabras y sus acciones, es urgente. ¡Ningún cristiano comprometido, enraizado en su fe, debe permanecer en silencio!
Los ángeles y los pastores el día de Navidad volvieron la mirada hacia el niño Jesús. María y José dirigieron su mirada hacia Jesús. Los Magos de Oriente se dirigieron a Belén para contemplar a Jesús. Todos adoraron al Niño Dios.
Depende solo de mi anunciar lo que está sucediendo en Navidad. Me corresponde recordar que la respuesta a los derechos del alma se encuentra en el Niño del pesebre. En el pesebre mismo. En la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana. Frente a un mundo que muere de frío y hambre en el interior del alma solo cabe el amor, el perdón, la alegría, la esperanza, la entrega, ¡ningún cristiano puede dejar a un contemporáneo huérfano de amor! Si uno se encuentra enraizado en Jesús sabe que El le dará la fórmula para convertir sus manos en una caridad inventiva y audaz y un amor que viva en lo más profundo del corazón.

portada5.jpg

¡Señor, Dios del cielo y de la tierra, que has creado al hombre a tu imagen y semejanza, que amas con amor eterno, que perdonas por razón de tu infinita misericordia, que te haces presente en la Sagrada Hostia, ven a mi corazón, a mi vida, a mi alma! ¡Gloria a ti, mi Dios! ¡Gracias por tanto amor derramado! ¡Gracias por tantos dones recibidos que no merezco! ¡Gracias por mi familia, por las personas que pones en mi camino, gracias incluso por aquellos que me han dañado y me han acercado a Ti por causa de mis sufrimiento! ¡Concédeme siempre la gracia de prepararme siempre para recibirte con el corazón abierto, con amor, con alegría y con esperanza! ¡Te amo y te adoro, Dios del amor, y quiero darte infinitas gracias porque me siento enraizado en esta vida que tu has creado y porque la llenas con tu presencia amorosa! ¡Te pido por nuestras sociedades para que sean conscientes de que Tu, Señor, eres el creador de la vida, de la esperanza, que sin Ti nada tiene sentido, que nuestras luchas y nuestros esfuerzos están acompasados con el soplo del Espíritu! ¡Te pido, Señor, que nazcas en los corazones de todos los hombres para que seamos capaces de llevar amor al prójimo siempre, para que seamos capaz de desbordar tu misericordia en la sociedad! ¡María, Madre, Señora del Mundo, Madre de la Iglesia, Madre del ser humano creado por Dios, protege la vida de tantos seres que andan en la tristeza y la desolación y cúbrelos con tu manto! ¡Y a ti, san José, protector del hombre como lo fuiste de Jesús y de María, intercede para que seamos siempre personas que caminemos por el mundo unidos en el amor, la caridad, la paz y la reconciliación!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s