Los santos inocentes

Tres días después de contemplar al Niño del pesebre, la liturgia nos invita a celebrar la fiesta de los Santos Inocentes. Hoy honramos la santidad de estos niños pequeños que fueron víctimas de la crueldad del rey Herodes furioso por haber sido engañado por los Magos que regresaron por otra ruta a sus lugares de origen.
Este día es muy oportuno para recordar que la santidad es sobre todo un regalo gratuito de Dios. Se nos pide que recibamos este regalo como niños pequeños, sin obstáculos. Su sacrificio permite entender que el Reino es para aquellos que son como ellos. Además, para marcar la preeminencia al que siempre se comporta como el más pequeño, el más humilde, el más sencillo.
Te recuerda también que, si la venida de Jesús es una gran noticia para nosotros porque Él es nuestro Salvador que viene para liberarnos de la muerte y el pecado, el camino es el de la cruz. El martirio de los santos inocentes anuncia el martirio de los inocentes por excelencia: Jesús, al que siempre hay que imitiar.
Celebrar los Santos Inocentes tres días después de Navidad no solo es un recordatorio de que los dos eventos están relacionados, sino también contemplar en el Niño Jesús a aquel cuyo profundo amor por nosotros lo conducirá a la muerte. El que adoramos en Navidad no es solo al Niño Jesús, es a Jesús el Salvador, muerto y resucitado por nosotros.
Es a través de la Cruz, y no a pesar de ello, que estamos invitados a celebrar la alegría de la Navidad. Ahora sabemos que la Cruz a veces puede ser muy pesada incluso y, quizás especialmente, en Navidad. Sin embargo, misteriosamente, la alegría también está ahí.
Hoy me uno especialmente al dolor de los padres de estos pequeños asesinados brutalmente por Herodes que me recuerda que muchos hombres, mujeres y niños viven la Navidad con profundo dolor y sufrimiento debido a la enfermedad, a la pérdida de un ser querido, al no poder llegar a final de mes, por la privación de libertad, etc. También me uno al dolor de todas las personas inocentes que aún mueren cada día víctimas de la guerras, de la miseria en sus países… y del aborto.
¡Ojalá la gracia de la Navidad me de suficiente amor, imaginación y coraje para luchar sin descanso desde la oración y mis actos para salvar a estas inocentes víctimas de los poderosos que hoy dirigen nuestras sociedades!

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¡Señor, Rey de Reyes, naciste como un niño frágil y humilde y después de la adoración de los reyes mientras permanecías acostado en el pesebre, creyendo perder su reino, Herodes ordenó matar a niños inocentes! ¡Que siempre tenga presente que has venido para salvarnos del pecado y destronar al diablo que acampa por el mundo llenando de odio tantos corazones humanos! ¡Que vea siempre en Ti al Salvador del mundo y sepa vivir siempre con el corazón abierto a la gracia y no con un corazón torturado por el ansia del poder, del dinero, del egoísmo…! ¡Vivimos, Señor, en un mundo donde los Herodes están muy presentes, donde el mal impera y anida en muchos corazones humanos, concédeme la gracia de ser testimonio de verdad para cambiar su vida! ¡Ayúdame a dar esperanza a aquellos sumidos en la drogadicción, a los vicios, la los que en sus familias hay desesperanza, destrucción o separación, los que roban la vida de niños inocentes practicando el aborto,  los que degradan la dignidad humana, a los que aplacan la libertad, a los que son maltratados por sus deficiencias físicas, a los que son humillados por su color de piel, a los que son perseguidos por cuestión de su fe por Ti, a los que son asesinados por razón de sus creencias…! ¡Los pongo ante los pies de Tu Cruz, Señor, para que los acojas con tu infinito amor! ¡Hazme, Señor, instrumento de tu amor, de tu compasión y de tu misericordia y te pido perdón cada vez que cometa una injusticia que te hiera, cada vez que abandone al prójimo que me necesita, cada vez que gire la cara al que reclama mi ayuda, cada vez que atropelle a otro con mis acciones o mis gestos, cada vez que lo maltrate de palabra o de obra, cada vez que me cruce de brazos cuando alce la voz reclamando mi auxilio! ¡Llena mi corazón, Señor, de bondad para no convertirme en un Herodes contemporáneo que actué con indiferencia ante los que tengo cerca!

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