Fatiga amorosa por el otro

Una madre de mediana edad con cuatro hijos y profesional responsable me decía hace unos días que sentía que su jornada no había sido provechosa si por la noche no se acostaba rendida. No era su intención alardear de su fatiga. Para ella no era importante haber realizado muchas tareas o haberse multiplicado para llegar a todo y a todos. Simplemente aspiraba haber sido capaz de profundizar en la realidad del prójimo, haber sentido su presencia, sentir sus vidas como algo importante, ser refugio de la fragilidad y la vulnerabilidad del que le rodea y que reclama espacios de seguridad y de paz. Es decir, se refería a una fatiga del corazón que ama.
Me sentí profundamente turbado. ¡Cómo cambiaría el mundo si fuésemos capaces de contemplar las vidas ajenas para calmar sus sufrimientos, apaciguar su dolor, sumergirse desinteresada y amorosamente en su realidad! Y me formulo esta pregunta sencilla y directa: y yo… ¿por quién me fatigo cada día?
Le ofrecí ayer en la Eucaristía a Dios las fatigas, hastíos, cansancios y trabajos de quienes me rodean como ofrenda transformadora para que sean tiernamente abrazadas por el Señor en el misterio de la fracción del pan. ¡No hay nada más bello que todas las necesidades humanas sean bendecidas por el mismo Cristo presente en la Eucaristía y ofertadas como alimento que repara todas las necesidades de los seres humanos! ¡Qué hermoso es dejar que todo descanse ante la Presencia misma del Amor!

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¡Señor, Tú eres mi fortaleza, mi refugio, mi descanso y mi paz! ¡Tu eres el que me permite seguir las luchas cotidianas con esperanza; soy consciente de que las luchas y las fatigas seguirán pero ayúdame a sufrirlas a tu manera, contigo y con la alegría de saberme acompañado de tu presencia! ¡Pongo en tus manos las luchas y las fatigas de mi prójimo para que también las hagas tuyas! ¡Deseo, Señor, descansar en Ti y colocar sobre tus hombros, ofrecidos con misericordia y amor, todas mis fatigas, tentaciones, miedos, penas, desfallecimientos, intentos de huir, alegrías y esperanzas y las de los que me rodean! ¡Señor, gracias, porque sentir que las acoges me permite descansar y seguir con fuerzas, lleno de paz y serenidad y con la ilusión de proseguir el camino en tu compañía! ¡Jesús, Tu eres el Pan de Vida, alimento de nuestras almas, del que podemos saciar nuestros anhelos más profundos, nuestra hambre de Dios, nuestra nostalgia infinita de felicidad y de plenitud, te entrego la fragilidad y vulnerabilidad de todos cuantos me rodean para que les llenes de gracia y estar siempre unidos a Ti en el amor y convertir nuestras mentes y nuestro corazón de modo que nuestra unión contigo sea completa!

Un comentario en “Fatiga amorosa por el otro

  1. Señor, que mi fe en ti no desfallezca, que cada día sea mas fuerte para orar por los que no te aceptan, por los que no creen en ti. Gracias por permitirme pertenecer a la familia de “orar con el corazón abierto’. Bendicelos y acrecienta nuestra fe.

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