Balance de fin de año

Cerramos un nuevo año en nuestras vidas. Un año que habrá estado repleto de alegrías y sinsabores pero como todos los años bendecido por los tesoros de la sabiduría de Dios, de la misericordia divina, de su poder innegable que ha hecho que todo lo que me (nos) suceda haya sido para mi bien; un año en que todo lo obtenido ha sido por su gracia, don de amor.
En unas horas todo será balance para iniciar una nueva andadura. Un balance que no se resume en los éxitos o fracasos obtenidos, sino en valorar en que ha significado Jesús para mí, y desde Él en qué medida me he dado al prójimo y he sido capaz de amar.
¿Ha sido Él la constante del año que termina? ¿He sido capaz de asimilar sus actitudes, sus sentimientos, sus principios, su Palabra, sus criterios, su amor y su misericordia, su capacidad para perdonar; en definitiva, su escala de valores? ¿Podría afirmar que me he configurado con Cristo en su manera de amar, de servir, de entregarme, de vivir? O mejor dicho, ¿cómo he amado? ¿Cómo me he dado a Él y a los que me rodean? ¿He regado cotidianamente la semilla de mi fe, he dejado encendida la luz de la esperanza, he llenado el cántaro de mi Eucaristía, he abierto las manos de par en par para acoger las necesidades del prójimo? ¿En qué medida he santificado el año que termina? ¿He sido fiel a Dios y a los hombres? ¿He pedido perdón por mis faltas, por mis infidelidades y mis incoherencias? ¿Mi balance de fin de año suma o resta?
En este último día del año quiero aceptar el desafío de Dios a ser santo en mi vida cotidiana, a despojarme de lo que me aparte de Él, a servirle fielmente, a comenzar la nueva andadura transformado en Dios. Lo que fue, ya es; lo que ha de ser, pasó; es hora de despojarme de lo viejo y vestirme con los ropajes del hombre nuevo para renovado en el espíritu caminar a la luz de Dios.

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¡Señor, tu conoces como ha sido mi vida en este año que termina, concédeme la gracia de ser renovado por Ti para comenzar el nuevo año que se avecina! ¡Ayúdame a comenzar el nuevo año santamente, para dar frutos abundantes! ¡Te pido, Señor, perdón por haberte sido infiel, por no haber confiado lo suficiente, por mis debilidades y mis incoherencias, por mi cobardía al afrontar las pruebas, por todo lo que me he alejado de Ti, por mi tibieza en el amor! ¡Concédeme, Señor, la gracia de la santidad! ¡Señor, tu me has sufrido con una paciencia infinita y misericordiosa, has esperado mis síes que tantas veces he demorado por mi orgullo y mi soberbia, dame fe, esperanza y caridad para aceptar tus designios! ¡Tu, Señor, me has colmado de bienes y de oportunidades, gracias por todo lo recibido! ¡Que todas las pruebas pasadas, todos los caminos andados, todas las dificultades vividas, todas las alegrías y éxitos obtenidos sean un canto de alabanza a Ti, Señor! ¡Te pido fe firme, caridad cierta, firmeza en la lucha y permanecer siempre fiel a tu lado, que nada me aparte de Ti, Señor! ¡Me inclino hacia Ti como signo de mi reconocimiento fiel, con un corazón lleno de tu amor y de tu misericordia, solo aspiro a que ser capaz de reconocerte cada día en todo lo que me suceda, en las personas con las que me relacione y en la belleza de cuanto contemple! ¡Que sea capaz de ver en todos los días la grandeza de tu amor!

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