Cansancio

El sábado compartí el día con unos amigos. Una amiga a la que quiero mucho me confía que se siente muy cansada. Y un amigo, poco después, me comenta lo mismo. Una de las palabras que más escucho de la gente últimamente cuando les pregunto como se encuentran es: «¡Cansado!». Sí, estamos cansados de los problemas, del trabajo, de los agobios, de las responsabilidades, de las prisas con las que vivimos, de las agitaciones cotidianas, de los desplazamientos, del trabajo que se nos acumula, de las cargas familiares. El cansancio invade cada uno de los resortes de nuestra existencia y cuando te sientes así estás más arisco, menos amable, menos comprometido, duermes peor. Oras menos.
Pienso en las veces en las que los evangelistas nos muestran en sus páginas cómo Jesús también se mostraba cansado. Y nutría sus cansancios de la oración y del silencio. Oración y silencio, en lo apartado de la vida, porque Jesús hacía de la oración un encuentro con el Padre, no importaba cuáles fueran sus circunstancias.
Los cansancios de Jesús eran similares a los nuestros: fatiga física, turbación ante la incredulidad de los que le acompañaban, contratiempos varios e inesperados, malos entendidos, soledad manifiesta, incomprensión de los que tenía cerca, fe tibia de sus compañeros de viaje, corazones como piedras de granito de tantos que le interpelaban…
¿Cuál es la actitud de Jesús y cuál debería ser la mía? Se define con una palabra femenina muy hermosa: Confianza. Esa que precisa la esperanza firme que se tiene en el otro. Confianza en Dios en quién puedes depositar todos tus cansancios. Confianza para no desfallecer. Confianza para coger fuerzas. Confianza para retirarte al silencio y ponerlo todo en manos del Padre, que es el descanso del alma. Y allí, tal vez turbado o harto de todo, es donde uno puede mirar su interior y dilucidar a qué se deben sus cansancios, sus conflictos, sus angustias, su falta de energía, sus pocas ganas de hacer las tareas, las ganas de tirarlo todo por la borda, de abandonar… Y, así, te puedes preguntar si esos cansancios son producto del propio voluntarismo, del confiar solo en las propias fuerzas y de la poca fe y confianza en el Dios sobre el que descansa cada alma del ser humano. Vivimos en sociedades en los que cada vez se nos exige más y desaprovechamos la oportunidad para tomar lo que la vida nos ofrece para vivir en plenitud. Sentirse cansado no es una obligación pero hay que aprender a encontrar las causas y poner solución para fortalecernos, vivificarlos y activarnos. El primer paso es hacerlo sencilla y humildemente con el corazón abierto a la confianza en la oración.

corazc3b3n-1.jpg

¡Señor, enséñame siempre a descansar en Ti! ¡Concédeme la gracia de reposar mi alma sobre tu pecho para que la savia de la confianza vaya creciendo en mi corazón! ¡Señor, conoces de mis debilidades y mis cansancios, porque lees en lo íntimo de mi ser y sabes de mis dolores, de mi agotamiento, de mis penas, de mis angustias, de mis tristezas, de mis incomprensiones, de mis tibiezas, de todo lo que me provoca falta de confianza! ¡Concédeme la gracia de sostenerme en Ti y no en mi voluntad, porque eso me debilita! ¡No permitas que luche en vano y no dejes que nunca me dé por vencido porque necesito tu compañía! ¡Señor, hazme ver que mis cansancios son también pruebas que me ayudan a crecer, dame la visión para ver como cambiar las cosas, para enriquecer mi corazón y, sobre todo, para fortalecer con tu fuerza mi espíritu débil y temeroso! ¡Acompáñame, Señor, en mi activismo, en mi trabajo, en mis actividades cotidianas, en las relaciones con el prójimo, en mis agitaciones, en mis ocupaciones, en mis responsabilidades! ¡Acompáñame, Señor, en mis ansiedades, en mis preocupaciones, en mis tensiones, en la superficialidad de mi vida, en mis agitaciones y prisas¡ ¡Señor, te pido que pese a mis cansancios encuentre el tiempo para estar contigo, para contemplarte a ti y contemplar lo que me rodea, para orar, para encontrar la paz que me falta, para simplemente ser, para vivir con hondura y profundidad y vivir en plena armonía contigo y con los demás! ¡Ayúdame a enriquecer mi humanidad con tu presencia para que aprenda a afrontar mis cansancios con determinación y entereza, oración y fe! ¡Te pido, Señor, que tu amor se derrame sobre mi, que tu misericordia me inunde, que los desafíos que me agobian dejen de ser cansancios y se conviertan en un bien preciado que me haga crecer en la verdad! ¡No deseo, Señor, contravenir tus deseos pero te pido para todos aquellos que están cansados y agobiados por las circunstancias que le impone la vida espacios de paz, serenidad y tranquilidad y que sean capaces de encontrar todo ello en la oración! ¡Dales, Señor, la capacidad para superar los cansancios cotidianos y disfrutar de la vida con determinación, alegría y esperanza!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s