En el misterio del «haced lo que Él os diga» de María

Tercer sábado de febrero con María, la Madre del «haced lo que Él os diga», en lo más íntimo de mi corazón. La Madre que acude rauda a servir a su prima Isabel, que se preocupa de los que no tienen vino, que acoge a todos los peregrinos, que acompaña a los desvalidos… María, la del «haced lo que Él os diga», es decir, la que hace que todo mejore cuando lo pones en sus manos. María, la Madre medianera, la intercesora cuando te dispones con fe y confianza a ser un instrumento de su amor maternal.
María, la que siempre está atenta a las necesidades de los hijos; la que mira y vela por las heridas humanas; la que cuida y protege de los agobios cotidianos. La que siempre tiene una mirada de amor para profundizar en el corazón del ser humano.
Hoy entro en el misterio del «haced lo que Él os diga» de María. Es una interpelación profunda a mi propia vida. No quiero ser como aquellos sirvientes incrédulos que solo veían las tinajas de la casa de los novios vacías. No es eso lo que espera María. No desea que piense que Jesús me niega algo o que no hace caso a mis peticiones, algunas veces interesadas. En el «haced lo que Él os diga», María solo espera que confíe. Que confíe con sencillez, con mucha humildad, con modestia, docilidad y paciencia. Haciéndolo así en el «haced lo que Él os diga» de María, Cristo actúa. Jesús no le niega nunca nada a María.
En segundo plano, como quien no quiere la cosa, siempre de perfil bajo, pero sabiendo perfectamente el lugar que le corresponde. Bastan unas palabras suyas:«haced lo que Él os diga». Así es María.
Voy a seguir el consejo sabio de la Virgen. Voy a dirigir su mirada hacia Ella, voy a abrirle de par en par mi corazón aunque Ella ya sepa lo que en él anida y le voy a entregar mi vida, mis necesidades y mis peticiones para que le diga suave y amorosamente a Jesús: «Mira, hace confiadamente lo que Tu le pides».

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¡María, el «haced lo que Él os diga» me las diriges a mí para que entienda que la plenitud de mi vida tiene que estar unida a Cristo tu Hijo! ¡Gracias, María, porque me haces entender que por mi mismo no puedo conseguir nada, que todo pasa por cumplir la voluntad de Dios! ¡Gracias, María, porque me enseñas la importancia de esperar y acoger lo que venga del Señor con el corazón abierto! ¡Gracias por esta invitación a encontrarme con el Dios que me ama infinita y desinteresadamente, que me espera con los brazos abiertos y todo lo soporta! ¡Gracias, María, porque me haces entender que su gracia debe trabajar en mi para convertirme en instrumento vivo de su amor! ¡Quiero hacer como Tu, María, que pusiste en práctica los valores del Evangelio para dar más amor! ¡Y a ti, Señor, te pido me envíes tu Santo Espíritu para que ilumine siempre mi corazón para ser capaz de comprender y descubrir como habitas en mi interior! ¡Ayúdame, como hizo tu Madre, a reconocerte siempre en lo más humilde y sencillo! ¡«Haced lo que Él os diga»; quiero hacerlo María, de tu mano, bajo tu amparo y con tu consejo!

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