Fiel a la Palabra

Cada día cuando escucho el Evangelio en la Santa Misa me impresiona la figura de Jesús. Me asombra y maravilla la invitación personal que te formula en cada pasaje. Es una invitación que permanece muy impregnada en mi corazón y en lo más profundo de mi alma. La Palabra de Dios es, junto a la Eucaristía, la razón de mi alimento espiritual cotidiano. Hago mía la frase del Evangelista san Juan: «Si permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres». ¡Qué gran verdad en mi vida! ¡Qué gran verdad porque en la Palabra he descubierto el sentido de mi existencia, la razón de ser, la dirección para ir al encuentro del Padre! Grabada en lo profundo de mi corazón, la Palabra de Dios, iluminada por la gracia del Espíritu Santo, me ha permitido mantenerme fiel, con mis caídas constantes, al que es el más Fiel de todos los hombres, aquel que vino al mundo para dar su vida para redimirnos del pecado muriendo en la cruz.
Por medio de la Palabra, el Señor se ha hecho presente en mi vida, me ha liberado de mis miedos y mis angustias, me ha levantado de mis caídas, me ha despojado de mis máscaras y de mis incongruencias, me ha aliviado de mis cansancios, me ha fortalecido en mis debilidades, me ha engrandecido ante mis incoherencias y mi tibieza. Me ayuda en mi imperfección a tratar de mejorar cada día.
Por eso cuando juzgo, me duele; cuando caigo, me aflijo; cuando soy poco generoso o egoísta, me arrepiento; cuando miento, me siento mal; cuando me dejo llevar por pensamientos negativos, me avergüenzo… La Palabra me enseña a crecer en la bondad, en la humildad, en la generosidad, en el perdón, en la entrega… aunque tantas veces mis limitaciones humanas no inviten al optimismo.
Pero la Palabra de Dios me ha llevado a una conclusión cierta y contundente: Jesús es la verdad, la única que merece la pena seguir. Es una verdad que te ayuda a crecer, que te enfrenta a la realidad de la vida, que te acerca de una manera hermosa al rostro amoroso del Padre. Te invita a ser otro Cristo. Ser alguien a imagen y semejanza suya.
Y al igual que te abre a la verdad, te hace libre. Libre y sin ataduras. Libre y sin miedos. Es una libertad hermosa porque es la de llevar a Cristo en lo profundo del corazón. Una libertad que nada ni nadie, por mucho que la sociedad se empeñe, puede robarte. Y de esa verdad y esa libertad nace la necesidad de vivir acorde con el Espíritu de Dios.
La Palabra es mi mejor guía, la que me invita al encuentro vivo y profundo con el autor de todo lo creado, la que me permite tener un diálogo con Él, me ayuda a abrir al corazón para escudriñar con ojos nuevos y escuchar con atención lo que quiere transmitir. La Palabra es la fuerza que Dios me da para afrontar mi oración, esa que sustenta mi camino, la que aviva mi fe y la que, a la luz de la inspiración del Espíritu Santo, me lleva hacia Dios, al que anhelo adorar y contemplar sin descanso en la vida eterna.

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¡Señor, que tu Palabra sea para mi el alimento que me sustente, que se convierta en el camino a seguir, que devenga la senda para el encuentro cotidiano contigo! ¡Señor, por medio de tu Espíritu Santo, hazme dócil a tu Palabra para que siguiendo tus mandatos me convierta en un verdadero discípulo tuyo! ¡Hazme, Señor, atento a Tu Palabra, y predispuesto a abrir mis oídos a todo aquello que quieres transmitirme! ¡Que tu Palabra, Señor, se convierta en el sostén de mi vida, me fortalezca ante mis miedos y debilidades, sea la luz que ilumine mi camino, la verdad que me guíe, la razón que me lleve a vivir en coherencia, la sabiduría que me conduzca por la vida, el consuelo ante mis aflicciones y también el gozo por mis alegrías! ¡Concédeme la gracia, Señor, de amar tu Palabra, de abrir cada día mi corazón para acogerla con humildad y sencillez para que enriquezca mi existencia, para que me permita obedecerte a través de tus enseñanzas y mandamientos, para que sea motivo de alabanza por la grandeza de tu amor y tu misericordia, por todo lo que me regalas cada día; para que pueda saborearla con deleite por todo lo que contiene y para que pueda guardarla en el corazón como hizo tu Madre por la belleza que atesora! 

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