Del desierto a la libertad

Me venía a la imagen del desierto el Rally Dakar que se corrió en enero en el desierto de Arabia Saudita en condiciones extremas. Viendo las imágenes de los corredores de este mítica carrera el desierto comprendes que el desierto es un lugar lleno de trampas. No es un lugar donde uno desee retirarse, excepto para enfrentar estas fuerzas malvadas que ponen a prueba a quien lo arriesga. Esta tierra desolada se opone a la Tierra Prometida, como la maldición se contrapone a la bendición.
El desierto es, además, ese lugar de aridez que abate a los viajeros que se encuentran hambrientos y sedientos. Y, sin embargo, ¿no fue el desierto un paso extraordinario donde Israel, salvado de Egipto por la mano providente y misericordiosa de Dios, aprendió a conocerle, a confiar en él, a rendirse por completo a él? El desierto en la Biblia no es solo una tierra de desolación es también y, sobre todo, un lugar donde se realiza la historia de la salvación.
El desierto visto así no es un lugar hostil, se convierte en un lugar propicio para encontrarse con Dios porque te devuelve a la esencia, a la indigencia de todo, a la inseguridad del mañana, al horizonte lejano del que solo confía en sus propias fuerzas. El desierto te hace ver que no puedes confiar en tus propios medios, esos que te convierten en un dios de barro. Y así el corazón se abre al Otro más allá de uno mismo, a esta dimensión interna que a veces vive obsesionada con el ruido y las actividades de todo tipo. Esto es lo que experimentamos al elegir ir al desierto donde nos encontramos solos pero no abandonados. En ese desierto descubrimos una Fuente de donde surge la vida. Si falta agua, la Palabra de Dios, la palabra de vida, brota en abundancia. Y nuestro corazón puede dejarse habitar para renacer de nuevo. Es la gracia y el don de la Cuaresma.
Tiempo de volver al interior de mi mismo. Este movimiento hacia la interioridad es parte de mi paso por el desierto. Me permite ir al fondo de mi corazón para hacer balance, para vivir una rendición renovada en Dios. Para convertirme de manera auténtica y creer en el Evangelio.
Es en el desierto que Dios se convierte en educador y maestro de la vida. Estos desiertos toman varias formas: insatisfacción, dudas, noches, tristeza, enfermedad, soledad, tibieza, soberbia… Pero como con Israel, aquí es donde Dios me espera este año durante mi Cuaresma lo que implica abandonar verdaderamente la ilusión de ser autosuficiente, de descubrir y aceptar mi propia miseria e indignidad. Eso exige abrir el corazón y prepararme para acoger la gracia.
Es en la fe que espero y que viajo a través de mis pasajes por el desierto para que mi corazón se llene de esperanza. Para ser consciente de mi condición de hombre mortal, limitado y marcado por la finitud, pero que tiene la mirada vuelta hacia el infinito que conoce en la fe y que anuncia siguiendo al que pasó de la muerte a la vida, y que ahora vive eternamente para Dios.
Le pido al Señor por medio de su Santo Espíritu que en esta Cuaresma abra en mi nuevos horizontes y me permita entrar con alegría en el camino de la eternidad.

urme-nisip.jpg

¡Señor, en este tiempo cuaresmal, en este tiempo de desierto, ayúdame a transitar por un itinerario de oración que me lleve a Ti! ¡Te pongo, Señor, mi pobre realidad; te entrego mis pobrezas y mi indignidad que me llevan a renovar con la fuerza de tu Espíritu mi corazón que tiene la urgente necesidad de regresar a Dios y descubrir que es el deseo de Dios el que sale en mi búsqueda! ¡Ayúdame, Señor, con la fuerza de tu Espíritu, a comprender y vivir el significado de la cruz que implica entregarse sin exigir nada a cambio, amar hasta el extremo, amar sin medida! ¡Ayúdame a transitar por el desierto de la Cuaresma en intimidad contigo para que Tu presencia en lo íntimo de mi interior me transforme por completo! ¡Que en esta Cuaresma, Señor, sea capaz de levantarme y me deje alcanzar la misericordia de Dios! ¡Que este tiempo de desierto se convierta en una peregrinación espiritual de la mano de tu Espíritu para desde lo más profundo de mi alma penitente vaya al encuentro de tu Resurrección! ¡Señor, ayúdame a que este Cuaresma me saques de la esclavitud del pecado y me conduzcas a la tierra de la libertad verdadera! ¡Concédeme la gracia de desasirme de todo lastre mundano que viene del pecado, de mis incoherencia, de mis tibiezas e infidelidades y sea capaz de caminar conforme a la Verdad que Tu representas! ¡Que este tiempo de Cuaresma sea para mi una nueva oportunidad para volver a Dios, para tenerle como garantía de vida y no sucumbir a las asechanzas del enemigo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s