«Sí, Señor, tú sabes que te quiero»

«Señor, tú sabes que te quiero». Esta frase la repito esta mañana en la oración al Señor a sabiendas de que soy tan quebradizo como Pedro. «Sí, Señor, tú sabes que te quiero» y al pronunciarla siento esa ternura y esa delicadeza del Señor para conmigo. Esa actitud que tiene de no pedirte nada a pesar de haberse dado Él por completo en una entrega generosa, en una comunión con el Padre, Dios de la misericordia, amoroso y tierno.
Pero ¿como no vas a contestarle «Sí, Señor, tú sabes que te quiero» como cuando a Pedro te formula cada día esta pregunta?: «¿Me amas?». «Sí, Señor, tú sabes que te amo». Le amo a pesar de esas barreras que tantas veces le pongo, de esos afectos mundanos, de esas situaciones que limitan mi amor, de esa cerrazón de mi corazón para ser generoso y servicial, de esos afanes de la vida que me esclavizan, de esos pensamientos no siempre auténticos… Lo reconozco, soy como Pedro pero como él puedo afirmar con rotunda sinceridad: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Por eso aunque caiga voy a intentar mejorar cada día, serle fiel cada día, tener más fe cada día, buscar la santidad con más ahínco cada día, darme a los demás con amor cada día, hacer la vida más agradable a los que me rodean cada día…
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Es un amor que traspasa mis limitaciones porque a pesar de todo sigue llamando con insistencia a mi corazón y mi vida. Y cuando me pregunte hasta tres veces como a Pedro «¿Me amas?» se me pondrá la misma cara de tristeza y no me quedará más remedio que mirar hacia lo más profundo de mi corazón y darme cuenta de mis negaciones, de mis miedos, de mis incertezas. «Sí, Señor, tú sabes que te quiero» por eso quiero comenzar de nuevo, dejarme guiar por Él, por su amor, por su gracia y por su dirección y no por mis propias y siempre frágiles capacidades y fuerzas.
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Y como le quiero necesito sentir su mirada, confiar en Él, unirme a Él, dejarme apacentar por Él, imitarle en todo; crecer en el amor, madurar en mi vida cristiana, aprender a pedir perdón y a perdonar con el corazón, santificar mis jornadas…

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¡Señor, Tú sabes que te amo! ¡Señor, te amo y pongo todas mis esperanzas en Ti que eres el camino, la verdad y la vida! ¡Señor, tu sabes que te quiero aunque ya sabes que mi corazón, frágil y quebradizo, no es capaz muchas veces de dártelo todo porque está contaminado por egoísmos y mundanidades! ¡Señor, tu sabes que te quiero y a veces me resulta muy sencillo decirlo pero no demostrártelo porque en lo íntimo de mi ser y de mi corazón se acomoda el pecado que limita mi vida y arrastra mi existencia! ¡Señor, tu sabes que te quiero y porque te amo te necesito para levantarme cada día, para unirme más a Ti, para perdonar y ser perdonado, para caminar en tu presencia, para mejorar cada día, para abandonarme a tu gracia y a tu misericordia! ¡Señor, tu sabes que te quiero aunque tantas veces lo mundano me nuble, las cosas de este mundo me impiden entregarme a Ti como mereces, mi corazón desvíe mis verdaderas intenciones y la tentación me venza tantas veces! ¡Señor, tu sabes que te quiero y porque te amo quiero amar como tu amas, sentir como tu sientes, actuar como tu actúas por eso es tan necesaria en mi tu gracia para vencer los apegos y egoísmos que invaden mi existencia! ¡Señor, tu sabes que te amo y necesito que te hagas muy presente en mi vida para renunciar a todo lo que me aparta de ti! ¡Señor, tu sabes que te quiero, no permitas que lo diga solo de boquilla, con palabras bonitas sino con el corazón abierto, que sea un amor vivido y encarnado en mi propio vivir! ¡Señor, tu sabes que te quiero y sabes también que confío plenamente en tu amor, en tu gracia y en tu misericordia y en la promesa de que estarás conmigo hasta el final de la vida; por eso Señor te pido me acompañes en mi crecimiento como persona y como cristiano para que, transformando mi corazón soberbio y egoísta, me permitas amarte más, amar más al prójimo y tener un corazón más humilde, generoso, amable, caritativo y misericordioso!

Con flores a María (Obsequio espiritual a la Santísima Virgen María)
María, Madre, tú eras audaz, emprendedora, confiada plenamente en el Espíritu que te acompañó a lo largo de tu vida: enséñame a desconfiar de mí mismo y a poner mi esperanza en el Poderoso que quiere hacer obras grandes en mí.
Te ofrezco: encomendarme al Señor antes de cada actividad que haga hoy.

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