Experiencia viva de la Santísima Trinidad

Hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, siete días después de ser ungidos y fortalecidos por el Espíritu Santo en Pentecostés. Es una jornada hermosa de adoración, bendición y agradecimiento por toda la obra que realiza en nuestra vida.
¿Quién es y que representa para mi la Trinidad? Es el punto referencial de mi vida cristiana. Lo es desde mi individualidad como cristiano y desde mi pertenencia a una comunidad eclesial a la que amo. Representa para mi el diálogo vivo en la oración; la unión estrecha a mi ser cristiano en el encuentro cotidiano de la vida; la comunión de vida con Dios Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. Es la experiencia de amor y de misericordia más grande que ha sentido mi corazón. Es la vivencia del creer sin ver gracias al don de la fe, milagro incuestionable de la gracia; del caminar cada jornada experimentando su cercanía, su fidelidad a pesar de mis tantas infidelidades, mi adherencia a su ternura a pesar de mis egoísmos; la experiencia de un sentimiento de amor por el perdón que ejerce sobre mi liberándome de mis esclavitudes y mis pecados. Es el sentir que cada día puedo comenzar de nuevo yendo a su encuentro; es el experimentar su paciencia, su compasión, su bondad y la riqueza de su amor.
Amo la Trinidad. Amo a ese Dios trinitario —Padre, Hijo y Espíritu Santo— que ofrece soluciones a mi vida, que se abre al diálogo para solventar mis incertezas, que deliciosamente me cubre con su ternura cuando mi corazón se llena de dolor, que elimina distancias cuando peco, que me invita a abrir mi corazón cada jornada para hacer su voluntad, que me llena de dones, que suaviza mi carácter, que atempera mis impaciencias, que me hace saborear la vida, que me predispone hacia el camino de la bondad y del bien…
Amo a la Trinidad. Y siento también su amor gratuito, incondicional y pleno. Siento como en mi vida se hace presente de una manera viva. Siento que con Su presencia mi vida tiene una plenitud anhelante. Siento que me lo dan todo aunque a veces solo coja por mi soberbia y mi egoísmo migajas de tanto amor, gracia y don.
Amo a la Trinidad. Amo a Dios Padre, Creador de todo, que me ha dado la vida, que mira con ternura y misericordia mi vida y nos ha dado al Hijo. Y al Hijo, Cristo, mi amigo y Señor, que con sus gestos, sus miradas, sus actitudes, su palabra, su darse en la Eucaristía y en su morir en la Cruz me regala su fidelidad, su amistad y su amor; es Él quien marca las pautas de mi vida, el que guía mi camino, la verdad de mi existencia. Y me regala el Espíritu Santo, dador de vida, que trabaja incansablemente en mi corazón duro y frágil, dándome a gustar la bondad de Dios, lo bueno de la vida, que me envía sus siete dones, que me permite saborear la gratuidad de la gracia, que me unge, renueva, fortalece y sana.
Hoy es un día grande, hermoso, lleno de luz, de alegría y de gozo. Un día de encuentro. De unidad. De oración. De cumplimiento de la voluntad del Padre. Un día para la reconciliación. Para la paz. Para superar diferencias y desencuentros. Para la solidaridad. Para la esperanza. Para buscar iluminar la vida. Para abrir el corazón de par en par. Para abrirse al diálogo. Para dejarse llenar por la misericordia y el amor de Dios. Es el día para transmitir lo que somos: hijos amados de Dios, redimidos del pecado por Cristo e iluminados por la luz del Espíritu Santo.
¡Qué día tan hermoso para que con mis gestos, palabras, sentimientos y acciones tratar de dar testimonio sincero de esa Trinidad Santa rica en misericordia!
¡Hoy quiero que mi pequeña y frágil vida sea un compromiso de amor con la Trinidad, un canto de fidelidad a Ella, un canto de bendición y alabanza a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo! ¡Quiero abrir mi corazón de par en par para que desde la sencillez y humildad de mi vida hagan morada en mi!

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¡Señor, Tú Espíritu clama en nosotros ¡Abba! Padre! ¡Padre, Hijo y Espíritu Santo, bendita y alabada sea la Santísima Trinidad! ¡Bendito sea el Santísimo Sacramento del Altar y bendita sea la Santísima Virgen concebida sin pecado original por obra y gracia de Dios! ¡Te invoco, te alabo y te adoro, Santísima Trinidad! ¡A ti toda la gloria, esperanza mía, oh Santa Trinidad! ¡A ti el honor y la fuerza, oh santa Trinidad, a ti la gloria y el poder por los siglos de los siglos! ¡A ti la alabanza, a ti la gloria, a ti la acción de gracias por los siglos de los siglos, oh santa Trinidad! ¡Santísima Trinidad, bendíceme, puríficame, sálvame, vivifícame, renuévame, ayúdame, ampárame, líbrame de todo mal y todo peligro! ¡Deposita en mí alma la llama de tu amor, para que la llene hasta desbordarla y para que transformada por la acción de tu fuego la convierta en caridad viva para irradiar luz y calor a todos los que se me acerquen cada día! ¡Y Tú, María, Madre de Dios y Madre nuestra, enséñame a alabar a la Santísima Trinidad como tú le alabas, a adorarle como tú la adoras y amarla como tú le amas, tú que eres la Reina de cielos y tierra! ¡Y en este día, Señor, quiero ofrecerte a todos los contemplativos que permanecen ocultos en la oración del día a día, que adoran el misterio de la Trinidad, a tantos monjes y monjas en el mundo que dan su vida para orar por los demás! ¡Bendícelos, Señor, para que sean simientes que den fuerza a la Iglesia y sientan también el aprecio de los que llevamos una vida atareada alejada de la contemplación!

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