En la vigilia del Corpus, «haz lo que Él te diga».

Segundo sábado de junio con María, Madre de Jesús Comunión, Mujer Eucarística, en lo más profundo de mi corazón. Hoy es la vigilia de la fiesta del Corpus, la gran celebración en la que ensalzamos a Jesús Pan de Vida. Es también la fiesta de María, la mujer del «Haced lo que Él os diga».
Estas palabras llenan hoy mi corazón. Palabras que impregnan todo mi ser y mi existencia. Porque María sabe que en la fiesta de mi vida también falta el vino numerosas veces. En la fiesta de mi vida, Ella se levanta y acude a Jesús. Y le susurra: «Le falta el vino». El vino que sale del fruto de mi corazón. Fruto de una vida centrada en Cristo, una vida desprendida de mis yoes para que Cristo pueda vivir en mi, una vida que trate siempre de complacer a Dios y no a mis necesidades o intereses o los de los que me rodean; una vida que tenga como prioridad a Dios. Y Madre e Hijo se miran. Y Ella vuelve a mi y me susurra, amorosa y tiernamente, en el silencio de la oración para decirme: «Haz, Hijo mío, lo que Él te diga».
En mi ciudad la solemnidad de Corpus Cristi es una fiesta con una tradición que se remonta al siglo XIV, con Cristo Eucaristía recorriendo las calles de la ciudad, con gran alegría ciudadana alrededor de la procesión con olor a flores e incienso y el amor a los demás expresado en la ayuda a los más vulnerables. La ciudad se engalana para participar de esta manifestación. Pero este año, a consecuencia del Covid-19, la fiesta se reinventa para celebrarse digitalmente con alfombras virtuales y rutas guiadas desde casa. Y cuanto todo se acalle de nuevo, María seguirá recordándome: «No olvides, Hijo mío, hacer lo que Él te diga».
Porque María sabe de mis impulsos alegres, de cómo sigo al Señor acudiendo a verle al Santísimo para luego adormecer mi alma, por mi piedad y mi fe tantas veces tibia y cansina, por mis decaimientos y perezas. «Haz, Hijo mío, lo que Él te diga», pero no en las grandes fiestas sino en cada circunstancia de mi vida, de mi existencia, de mis jornadas alegres o dificultosas, en cada sonrisa o en cada enojo, en cada éxito o en cada fracaso, en cada momento de serenidad o de enfado… «Haz, Hijo mío, lo que Él te diga», para que en cada momento de mi existencia su presencia en mi vida sea un seguirle siempre, como si lo hiciera detrás de esa procesión por las calles de mi ciudad siguiendo al Santísimo, en la que allí está Jesús, vivo y presente, esperándole que le siga. Ahora y siempre.
El «Haz, Hijo mío, lo que Él te diga» es una invitación a seguir a Jesús e imitar a María porque Ella sí hizo siempre lo que Él decía. Y sin miedo, sin reticencias, sin poner obstáculos, sin hacer uso de su privilegio de Madre del Salvador, caminó detrás suyo en los momentos alegres de la vida y en el camino de cruz, dolor y sufrimiento hasta el momento de su muerte en Cruz.
Sí, María, en esta vigilia del Corpus Christi, hago mía tu invitación del «Haz, Hijo mío, lo que Él te diga» y cogido de tu mano me propongo seguir a Jesús en la procesión más importante: la de la vida, don y regalo de Dios, unido a la Trinidad Santísima y a ti, Madre de la Iglesia, asociada con espíritu materno al sacrificio de la Eucaristía que da vida al mundo y que en cada Misa me pone en comunión contigo, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

28.Sacramentado

¡Señora, Madre del Amor Hermoso, en esta vigilia del Corpus me uno a Ti y a tu Hijo en comunión; quiero hacer de mi vida una permanente ofrenda a Dios; quiero que mi existencia se convierta en una procesión alegre y festiva, un caminar siempre detrás de tu Hijo con el incienso de la esperanza y las flores de la alegría! ¡Quiero, María, hacer como hiciste tu siempre: seguir a Jesús en las alegrías y en las penas, en los momentos felices y en los momentos de dolor sin cuestionarme el por qué de cada momento; siempre cerca, siempre unido a Él, siempre siguiendo la voluntad del Padre; hasta el final cuando ya no quedaba nadie! ¡Deseo hacer como Tu, Madre, haciendo siempre la voluntad del Padre, cumpliendo la voluntad del Hijo, dejándote guiar por la voluntad del Espíritu Santo! ¡En esta vigilia del Corpus, María, te miro con el mismo amor que me miras siempre a mi, y te sigo en la procesión de mi vida cogido de tu mano para ir hacia el cielo prometido! ¡Acudo a Ti, María, en mis debilidades y en mis caídas, en mis alegrías y en mi levantarme, en mis dudas y mis incertezas, en mis seguridades y en mis fortalezas, en mis soledades y vacíos, en mi plenitud y mi esperanza, para que de tu mano haga siempre lo que Él me diga! ¡Haz de mi, María, un alma eucarística, un alma que ame mucho la Eucaristía, que sea ofrenda permanente a tu Hijo Jesús Comunión, y que desde Él sea capaz de amar a todos los que me rodean como Él los ama! ¡En esta vigilia del Corpus María, me postro ante tu Hijo María, nacido de tu seno por nosotros, y elevo mi agradecimiento a Dios por el don hermoso de la Eucaristía que tu llevaste en tu vientre durante nueve meses por obra y gracia del Espíritu Santo! ¡Y doy gracias a Dios por darnos a ti como Madre, ejemplo de fe, de amor y de experiencia de Dios! ¡Totus tuus, María; siempre tuyo, María!

Un comentario en “En la vigilia del Corpus, «haz lo que Él te diga».

  1. Muy buenos días, te sigo desde hace muchísimo tiempo, pido al Espíritu Santo que te siga iluminando e inspirando porque con tus escritos se enriquece nuestra vida. Gracias por ese regalo que llega a nosotros cada día, definitivamente escribes con el corazón abierto. Dios te bendiga.

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