Amarlo todo

Tengo una amiga que cultiva un huerto en su casa de la montaña. Tiene animales. Participa en Redes de Comunidades Sostenibles. Ella te enseña a amarlo todo. Un lirio del campo. Un calabacín de su huerto, un gato abandonado en el jardín de su casa, una sonrisa de una anciana a la que acompaña una vez por semana. Es de la opinión que es necesario pararse a contemplar y admirar la belleza de todo lo que nos rodea; y no solo eso: descubrirla. Mirarlo todo en perspectiva de eternidad. Como ella no es practicante, desde la idea del cristianismo, yo añadiría: elevarlo todo hacia Dios. 

Lo hermoso de todo lo que nos sucede es que todo es amasijo de barro, todos estamos amasados amorosamente de una materia eterna porque el hombre —creyente o no—trata de manera pertinaz y persistente de construir en lo duradero. De ahí que cuando alguien consigue un hito, del que sea, tener un hijo, pintar un cuadro, diseñar un prototipo de un automóvil, escribir un libro, levantar un huerto y obtener frutos de él… se experimenta una alegría profunda. 

Somos vida. Por eso es tan importante el valor de amarlo todo, profundamente, momento a momento, con el latido vivo de un corazón abierto y abrazar siempre para ver que el amor se ha de vivir sin etiquetas, sin formas definidas y sin definiciones.

Esta es nuestra misión: amarlo todo con el corazón dando y derrochando amor teniendo a Dios Amor como el fin, el fundamento y la fuerza de todo con nuestra fe, esperanza y caridad. Amarlo todo para gozar de la belleza de la vida, pero no atándonos como unos esclavos a ella porque la belleza no es más que un rayo de luz y el ser humano está pensado en la mente de Dios para el sol, no para las tinieblas de la noche pues es allí donde se pierden los reflejos de la eternidad a la que todo ser humano debe aspirar.

¡Señor, enséñame a amarlo todo; amor lo que vivo, con quienes vivo, con lo que me rodea, con quienes me rodean! ¡Ayúdame, Señor, a comprender que la vida cristiana no consiste en acudir a la iglesia, ni rezar mucho, ni partir de los sacramentos, ni arrepentirme de mis pecados, que también; la vida cristiana es amar, amar al que es Amor y Creador de todo, para dárselo a los demás! ¡Ayúdame, Señor, por medio de tu Santo Espíritu a abrir siempre mi corazón al amor, a traducirlo en obras concretas! ¡Mi corazón, Señor, anhela amarte, buscarte, descubrirte y escucharte! ¡Abre, Señor, mi corazón al encuentro porque necesito que haya vida en mi vida! ¡Deseo amarte, Señor, por eso te pido que transformes mi corazón para amarlo todo con verdad, para ser instrumento de amor en cada uno de los momentos de mi vida!

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