Correr hacia la tumba abierta

Esta pandemia con sus rebrotes, sus miles de infectados y muertos, con tantos negocios cerrados, con tantas personas pasando estrés, sufrimientos emocionales o precariedad económica me retrotrae de nuevo al día que vivimos la Resurrección de Cristo que cogió a la humanidad confinada en sus casas. Recordemos, sin embargo, que la tumba no estaba vacía sino abierta.

De hecho todo sigue abierto: la fe y, con ella y de manera especial, nuestro futuro. Nuestra vida. El nuevo reino.

Están abiertas, incluso, las tumbas de nuestra humanidad y con ellas el sufrimiento que ya no debería encerrarnos en nosotros mismos o aplastarnos. En esta epidemia mortal nuestra tierra y nuestros cielos, nuestras comunidades humanas y nuestras sociedades, siguen abiertas a la nueva Jerusalén.

Hoy la humanidad corre como Pedro y el otro discípulo, el que Jesús amaba, hacia la tumba que está vacía. Al verla el otro discípulo “ve y cree”. Recorre el camino de la oscuridad hacia la luz. Poco tiempo antes, Pedro, en el Huerto de los Olivos, con la resistencia de su corazón, había jurado fidelidad eterna.

Hoy, con nuestras vidas amenazadas, se nos exige confianza, fe, esperanza. Depende de nosotros ver y confiar en nuestra propia existencia, la de los demás, la de la humanidad también, ya no como una tumba vacía, sino como una realidad abierta. Vemos cuán vacía a veces es nuestra existencia; la vemos como una tumba vacía si no está animada por este Aliento de Vida, de Amor y de Esperanza. Y pienso que, en estos días, mucha gente así lo entiende y lo experimenta.

Moisés, mientras pastoreaba sus ovejas en el desierto, llevaba una vida vacía. Pero Dios le hizo ver y escuchar lo que Él mismo ve y oye: la miseria del pueblo y los gritos de la gente.  

Esta es la voluntad del Padre. Esto es lo que Jesús ve y oye en el Jardín de los Olivos: la inmensidad de este grito de sufrimiento que surge dolorido de toda la humanidad: la urgencia de una liberación radical, la urgencia de hacer viva la Pascua de la vida. Esa en la que Jesús se levanta para abrir el camino a la nueva Tierra y los nuevos Cielos, donde no habrá más llanto, ni luto, ni sufrimiento.

Ante estos tiempos de incertidumbre, de desasosiego, de desesperanza, de incertezas, de miedos, de sufrimiento… hay que correr hacia esa tumba vacía de la existencia y no hacer como los discípulos en Getsemaní, que abandonaron la lucha y huyeron. Depende de nosotros ver estas tumbas vacías como tumbas abiertas. Depende de nosotros ver y creer que el camino de Cristo en su Pascua, que dura toda la vida, es el camino, la verdad, la vida. Creer, esperar, confiar. Dejar que Cristo, maestro de la vida, nos levante con él. El aliento de la vida nos habita. Por eso deseo compartir con todos los que amo este aliento de vida, esta fuerza del corazón y dejar que amanezca cada día la esperanza en nuestra vida para no caer en la tristeza y en la desafección que esta pandemia trae a tantos corazones humanos.

¡Padre bueno, confío en tu amor y en tu misericordia, en tu justicia y en tu bondad y por eso te pido en este tiempo de incertidumbres y tanto sufrimiento que atiendas la súplica que te hago! ¡Te pido encarecidamente por todos los enfermos del mundo y por los que se han contagiado por el Covid, te pido por su sanidad, para que sostengas su espíritu y cures su enfermedad! ¡Tu, Padre, puedes detener la infección con un simple aliento; que esta sea tu voluntad! ¡Te pido por todas las personas vulnerables, por los que tienen miedo, por los que su estado de ánimo está al límite, por los ancianos y los niños, por los pobres, por los que no tienen coberturas médicas… hazte presente en su vida, Padre, y libéralos de todo mal! ¡Te pido por los que estamos sanos y fuertes para que nos des la protección para evitar la infección! ¡Te pido por la comunidad científica, dales la sabiduría para que encuentren el remedio a esta infección, para que sean capaces de encontrar un medicamento eficaz! ¡Te pido por todos los responsables en todos los ámbitos de la gobernanza para que tomen siempre las decisiones más acordes con el bien común y que sepan combatir esta pandemia con justicia y rectitud! ¡Te pido por los médicos y sanitarios para que sean instrumentos de tu amor y por todos los cristianos para que sepamos llevar tu evangelio de amor y de paz y transmitamos con nuestras palabras de esperanza la verdad de tu Buena Nueva! ¡Y para todos, Padre, danos la seguridad de tu amor y la valentía para no huir y abandonar la fe, la esperanza y la misericordia y no hacer como los discípulos que huyeron sin confiar!

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