Me equivoco cuando le digo a Dios como actuar

Hoy la Iglesia nos regala la festividad de santa Marta, tan unida a Jesús como sus hermanos María y Lázaro. Marta parece ser una mujer activa agitada por los vaivenes de la vida; mientras María, la que perfuma los pies de Jesús, parece más serena y con una mayor vida interior. Pero ambas, con sus respectivos caracteres, alcanzaron la santidad.

Me imagino la escena que relata el evangelio. Marta se encuentra en la cocina preparando los platos y tratando con cortesía a sus invitados. Pero cuando te detienes a contemplarla, más que feliz, parece tensa y crispada. ¿Por qué ? Encerrada en su cocina sueña con estar con Jesús, junto a su hermana: ¡no está en el lugar correcto en el momento adecuado! Marta se enoja y reprende indirectamente a María para hacerla reaccionar ordenándole a Jesús: ”Dile a mi hermana que me ayude”…  ¡Qué mala idea decirle a Dios como debe actuar! Podemos decirle que somos infelices, que no entendemos lo que nos está sucediendo, que estamos disconformes con los acontecimientos que nos suceden. ¡Pero Dios es Dios y nunca seremos igual o superiores a Él para ordenarle y decirle lo que tiene que hacer! Marta tiene grandes cualidades en el corazón y una gran fe; es eficaz y delicada; dispone de una gran madurez personal…  pero equivoca su actitud al decirle a Jesús qué hacer, ¡para decirle a Dios qué hacer! 

Santa Marta es muy devota de Jesús, le sirve con la mejor predisposición, pero a diferencia de María, su hermana, lo hace a su manera. Lo podemos ilustrar con dos verbos: Marta da a Jesús y María recibe de Jesús. ¡Y aquí está la gran enseñanza: lo importante no es lo que intentamos hacer por Dios o por los demás, sino lo que Dios hace por nosotros! En la tierra, tenemos una misión, una vocación, un papel que desempeñar, y debemos desempeñarlo lo mejor posible. Pero no debemos caer en el activismo. A diferencia de Marta, María nos recuerda que lo importante es comenzar escuchando, aprendiendo, recibiendo y entendiendo… antes de actuar. Sabemos que nuestras acciones son el desbordamiento de lo que tenemos en mente. Y para que nuestras acciones sean mejores, debemos trabajar para mejorar nuestra mente.

Todos debemos cumplir con nuestro deber personal. ¡Algunas veces ese deber será actuar sin demora, incluso en momentos de dificultad! En otras ocasiones, por el contrario, nuestro deber será reflexionar, dar un paso atrás y confiar en Dios. Dios no necesita nuestras acciones, necesita nuestro amor. Dios espera que le ofrezcamos nuestro corazón, nuestro espíritu, para iluminarlo, inspirarlo, fortalecerlo, regenerarlo, calmarlo. Un cristiano busca vivir permanentemente con Jesucristo, y esto no es fácil porque, aunque siempre permanece en nosotros, ¡no siempre estamos con él! Y cuando nuestro espíritu se disipa o se dispersa hay que intentar volver al lugar donde Dios se encuentra. Esta es la principal lección que he aprendido hoy meditando la figura de santa Marta en su festividad. 

¡Hoy me postro ante Ti, Señor, con el deseo de servirte con amor, entrega y diligencia como hizo Santa Marta! ¡Ayúdame, Señor, a vivir siempre con un corazón abierto, un corazón compasivo y misericordiosos, un corazón que no se endurezca ante las necesidades del otro, que exprese siempre el cumplimiento de tu voluntad! ¡Ayúdame a tener un corazón generoso como el de tu amiga santa Marta, un corazón que se entregue al prójimo, que busque servir al otro, que trate de encontrarte en cada momento de la vida, que anhele estar cerca de ti, un corazón que no sea autosuficiente, que no esté basado en mis propias necesidades ni en mis egoísmos, un corazón que esté bañado en la compasión, el amor, la caridad y la misericordia! ¡Y como santa Marta, Señor, hazme recordar siempre que tu esperas de mi que abra mi corazón, que ame  para que mis acciones estén impregnadas de tu presencia! ¡Señor, como santa Marta te digo que eres el Mesías, el Salvador! ¡Y como con santa Marta, Señor, acepta mi hospitalidad para que te sientas cómodo en mi corazón y en mi casa; ayúdame a servirte siempre con diligencia y amor y por ende hacerlo también con el prójimo para que en su momento me recibas en la morada de la eternidad!

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