¡Soy un intolerante!

¡Qué importante diferenciar en la vida entre tolerancia y misericordia! La misericordia, que surge del corazón, se otorga al ser humano; la tolerancia se otorga a lo que esa persona hace o como se comporta. La verdadera tolerancia presupone respetar lo que para los demás puede considerarse sagrado como son sus ideas, sus opiniones, sus creencias, sus diferencias, su diversidad, sus intereses, su manera de obrar. Sin embargo, yo me considero alguien intolerante… ¡Intolerante ante el mal! Intolerante ante los comportamientos negativos que limitan la libertad, la justicia, la caridad y los valores morales intrínsecos del ser humano. Intolerante ante la injusticia.

Me considero intolerante ante el libertinaje social, ante el individualismo imperante, ante la dictadura del relativismo que se está imponiendo en el mundo para destruirlo, ante los abusos contra los derechos de los seres humanos y, especialmente, de tantos perseguidos por su fe… No me considero superior a nadie, más al contrario, me considero el primero de los pecadores. Pero soy intolerante porque bajo ningún concepto puedo ser tolerante con el aborto y la eutanasia que cercena la vida humana y es contrario a la ley moral, con que se denomine matrimonio a la unión entre personas del mismo sexo porque desvirtúa el valor sagrado de la unión entre el hombre y la mujer, con el terrorismo que abate vidas por imponer unos principios políticos o ideológicos, con la violencia de género que denigra la dignidad de la persona que la sufre, con las violaciones a las mujeres porque menoscaban su dignidad y su integridad como persona, con el ataque a la libertad religiosa que es un elemento esencial del estado de derecho, con la corrupción que corrompe el estado y las instituciones, con las mentiras de la clase política, con la prostitución, con el primar el beneficio en perjuicio del trabajo, con las desigualdades sociales, con el menosprecio al medio ambiente… No, puedo ser tolerante ante todas estas situaciones y tantas otras que harían interminable la lista. La rigidez de mi intolerancia se dirige contra el pecado y contra el mal que este provoca; sin embargo, soy tolerante con quien comete ese pecado y provoca ese mal. Rechazo el mal pero perdono a la persona pues trato de ser misericordioso y compasivo con quienes realizan esos comportamientos negativos.

Por eso trato de abrir mi corazón cada día en la oración y al analizar mi interior, al profundizar lo que soy, cuando trato de conocerme a mi mismo, intento dilucidar y distinguir lo que está bien de lo que está mal. Y quiero desecharlo de mi corazón, arrancarlo de mi alma, hacer un condena explícita en mi propio ser. Y con ello trato de aprender a distinguir esta realidad en los que me rodean. Y tratar de ser capaz de dar la medida correcta. No me resigno a buscar siempre la verdad, a distinguir entre el bien y el mal porque tengo necesidad de alcanzar siempre la verdad. Mi intolerancia se dirige hacia el mal porque quiero que el bien se imponga en el mundo en el que vivo, en el entorno en el que me muevo, en los corazones de los que quiero. 

Todos somos iguales. Con la tolerancia respeto las ideas ajenas pero no puedo permitir que me impongan un relativismo que coarte mi libertad como ser humano y como cristiano; con la misericordia sé que como todos somos únicos e irrepetibles y eso me permite crear un mundo en el que prime el amor. 

¡Señor, pon en mi vida trazos de misericordia para perdonar y entender a los que sufren! ¡Señor, dame por medio de tu Santo Espíritu entrañas de misericordia para que enfrente todo aquello que abusa de la dignidad humana! ¡Hazme consciente de mis limitaciones, Señor, para crecer en bondad, generosidad y amor! ¡Frente al mal, Señor, no permitas que de pasos hacia atrás! ¡Por medio de tu Santo Espíritu, Señor, inspírame siempre lo que debo decir y como decirlo, como actuar en cada ocasión, inspírame los gestos y las palabras adecuadas frente al que se equivoca tanto como yo! ¡Ayúdame a estar siempre disponible para ayudar al que se siente humillado, explotado, utilizado, deprimido, despreciado…! ¡Ayúdame a contraponer el mal para convertirlo en bien, para denunciar con valentía las injusticias morales de este mundo, para que en el mundo primer la verdad, la libertad, la justicia, el amor, la paz, la verdad como tu nos has enseñado! ¡Señor, cada día te busco en mi caminar cotidiano pero necesito que por medio de tu Santo Espíritu me ayudes a discernir los signos de los tiempos; te pido que me ayudes a crecer en fidelidad al Evangelio y no dejarme llevar por el relativismo de este mundo que cada día te niega más y quiere apartar la Verdad de los corazones humanos! ¡Hazme, Señor, discípulo de tu amor y siempre una persona que busque la paz, la justicia, el perdón y la reconciliación!

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