El hombre es un hombre pobre que necesita pedirle a Dios todo

Que fiesta tan hermosa nos propone hoy la Iglesia. Celebramos la festividad de san Juan María Vianney, patrono de los párrocos de todo el mundo. Este santo era un sacerdote humilde en una pobre y remota parroquia de la Francia rural. Sin embargo, su trabajo delicado, amoroso, servicial, generoso y entregado revela la fecundidad de la oración en el sacerdocio. Humilde en sus gestos, grande en su corazón. Estos es lo que hizo de este sacerdote un pastor santo. 

Una frase, de las muchas que escribió y en las que se refiere a la bondad y misericordia de Dios, resume el pensamiento de este santo francés: «El hombre es un hombre pobre que necesita pedirle a Dios todo». Conmueve esta breve frase porque testifica que la humildad con la que tenemos que vivir ofrecida por la grandeza de Dios y la belleza de nuestra vocación a la vida eterna. 

San Juan María Vianney era consciente de su pobreza, de su fragilidad humana y de sus debilidades pero siempre fue fiel a su vocación como sacerdote y con su vida quiso testimoniar su amor profundo por Jesucristo tratando de ganar, jornada a jornada, almas para Él.

Cuando fue enviado a Ars, un pequeño pueblo de no más de 300 habitantes, logró despertar la fe de sus feligreses pero no solo con su vibrante predicación sino con lo más importante, con su vida de oración y su coherencia de vida. Se siente pobre ante la misión que tiene encomendada pero no hay día que no se deje llevar por la misericordia de Dios. ¡Este es el testimonio del cristiano! Asediado por muchas pruebas y obstáculos su corazón, tan enraizado en Dios, no perdió nunca la fe y la esperanza.  

¿Qué aprender de este santo? Nuestra libertad para sentir el amor de Dios en nuestro corazón. Un amor que nos permite ver a Cristo en cada uno de nuestros hermanos para darnos a ellos, servirles, quererles, ayudarles, aliviar su sufrimiento, permitir que alcancen la felicidad, que se sientan libres abrazados al amor de Dios, acompañarles en todas sus dimensiones. 

En su día, por ser el patrón de todos los sacerdotes, quiero llevar especialmente en mi corazón a tantos sacerdotes que han marcado mi experiencia humana y espiritual. Quiero confiar su ministerio y su vocación sacerdotal a su santo patrón. Dar gracias a Dios por la belleza del sacerdocio, instituido por Jesucristo, y orar por las vocaciones sacerdotales. Hoy es una jornada alegre, festiva, gozosa. La vida de san Juan Maria Vianney es una llamada universal a la santidad. Y, aunque estoy muy lejos de lograrla, el santo cura de Ars nos muestra el camino a seguir: dejarse santificar por Dios, tomar los medios de esta unión con Dios, aquí en la tierra y por la eternidad.

¡Señor, por medio del cura de Ars, quiero pedirte por tus sacerdotes, institución la del sacerdocio creada por para continuar en la tierra tu obra de salvar almas! ¡Señor, acógelos y llénalos de tu amor para que sus palabras sean las tuyas, sus obras sean las tuyas, sus gestos sean los tuyos, su vida reflejen tu presencia en sus vidas! ¡Hazlos testigos de tu Buena Nueva del Evangelio, fieles en su compromiso, su vocación y su entrega! ¡Especialmente te pido por todos los párrocos del mundo para que sean fieles servidores de su comunidad eclesial, que conviertan sus parroquias en centros donde impere el amor y el servicio, que sean capaces de vivir con la alegría de un don tan grande como el sacerdocio! ¡María, Madre, Reina de los sacerdotes, llénalos de tu amor y acompáñales en su vocación! ¡Te pido por los sacerdotes que han perdido la fe, que tienen dudas, que sufren incomprensión, que están perseguidos por lo que representan, los sacerdotes tibios, por los que están enfermos; hazlos santos, Señor! ¡Bendice, Espíritu Santo, cada día los trabajos de los sacerdotes, fortalece sus fatigas, haz firme su vocación, vivificante su oración, vivida la manera en que imparten los sacramentos! ¡Aumenta, Señor, las vocaciones sacerdotales para que tu Iglesia pueda seguir difundiendo por el mundo la Verdad de tu Evangelio! ¡Yo te pido especialmente por todos los sacerdotes que han pasado por mi vida, gracias Señor porque han dejado el sello de tu amor!

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