Transfigurado con Cristo

Hoy la Iglesia nos regala la fiesta de la Transfiguración del Señor. ¿Qué sentido tiene la palabra transfiguración para mi?

Tengo un amigo que es cirujano plástico, especializado en el rejuvenecimiento facial de del rostro. Se muestra orgulloso presentando el resultado de su trabajo médico: un hombre o una mujer en el antes y el después de su operación para cambiar su aspecto. Y comenta siempre la felicidad de sus pacientes con el cambio experimentado. Es un mal ejemplo que me ayuda a comprender la reacción de los apóstoles que presenciaron la Transfiguración de Jesús. Un hecho extraordinario al contemplar como Cristo cambia por completo.

Pero en Jesús hay más que una transformación de su persona. Si los apóstoles mantuvieron tan vivo el recuerdo de esta Transfiguración de Jesús es porque no solo fueron testigos de aquel hecho sino que ellos mismos también fueron transformados.

A través de esta escena comprendemos que los apóstoles experimentaron en su carne el rostro divino de aquel hombre con el que viajaban, comían, compartían experiencias… Sentían que había más en él de lo que veían todos los días: una luz divina, una fuente de agua viva, una belleza diferente a cualquier otra, algo que ningún otro hombre tenía. Y eso que se experimenta no puede olvidarse. Esto es lo que el relato de la Transfiguración de Jesús en el Monte Tabor expresa.

Para Pedro, Santiago y Juan, que representan no solo a los demás apóstoles sino a los que seguimos a Jesús a lo largo de la historia, Jesús no solo es un hombre es, también, un ser divino, lleno de luz divina, de la belleza divina que brilla en él. La presencia de Moisés y Elías con quienes Jesús habla en la historia de la Transfiguración marca la continuidad del Plan de Salvación de Dios para la humanidad que Jesús cumple total y definitivamente, porque él es la Palabra de Dios hecha carne. Es la revelación perfecta de Dios a la humanidad.

Esta revelación de Dios, esta luz de Dios, esta belleza de Dios que habita en él, Jesús no quiere guardársela para sí mismo. Quiere comunicarla y compartirla. Esta es la misión que cumple predicando, sanando, yendo tan lejos como para morir en una cruz. Jesús, la Luz del mundo, quiere que se derrame sobre aquellos que lo acogen, que lo reconocen en la fe como el enviado del Padre.

¿Y qué aplicación tiene este hecho extraordinario en mi vida? A través del bautismo tenemos la suerte de convertirnos en partícipes de la naturaleza divina, hermanos y hermanas de Cristo por adopción. La luz de Jesús está en nosotros y se extiende a nuestro alrededor. «Vosotros también sois la luz del mundo», nos anuncia Jesús en el Monte Tabor.  

¿Cómo ser la luz del mundo? Permitiendo que la luz de Dios pase a través de mis gestos, mis acciones, mis palabras, mis preocupaciones, mis compromisos, mis actos. Amando, llevando una vida de oración, aceptando el sufrimiento. Si lo reconozco en mi por la fe, me transfigurará a su vez, sin ni siquiera notarlo. Y sorprenderá escuchar a la gente decir: «Tiene algo especial. Cuando me acerco a él, me siento bien, me siento mejor». La luz de Dios se manifiesta de varias maneras. Puede brillar como un sol invasor al igual que en la Transfiguración de Jesús, pero también puede brillar a través de rayos más finos e intermitentes. Siempre es la misma fuente de luz que está trabajando, es Dios mismo por su Espíritu y por sus dones.

Se trata de brillar a nuestra manera como Jesús, que no tenía otra preocupación que darse plenamente a los demás, amar a sus hermanos y hermanas entregándose totalmente, como todavía lo hace cada día en la Eucaristía donde tenemos la fortuna de compartir su Cuerpo y su Sangre redentora.

¡Señor, gracias por el gesto extraordinario de tu Transfiguración en el monte Tabor, por antes de tu Pasión; nos muestras que tu divinidad! ¡Nos enseñas que te transfiguraste después de una tiempo de profunda oración para que Dios se hiciera presente en tu vida; que este hecho se convierta en un punto de encuentro contigo y con el Padre! ¡Quiero sentirme siempre cerca tuya, gozando del anticipo del cielo, como le ocurrió a tus tres apóstoles! ¡Quiero sentir siempre tu presencia, Señor! ¡Quiero darte gracias, Señor, porque en este hecho preanunciaste tu muerte en la Cruz, testimonio de tu amor, camino para nuestra salvación! ¡Gracias, Señor, porque tu transfiguración es ejemplo de tu amor! ¡Ayúdame a ser luz del mundo! ¡Ayúdame, Señor, a caminar sin miedo por este valle de lágrimas; que no tema al sufrimiento; que viva siempre con la esperanza de que mi destino es el cielo prometido; que allí veré la gloria del Padre; que no tenga miedo a vivir momentos de dificultad y sufrimiento porque Tu siempre estás conmigo! ¡Señor, Tu me enseñas que la vida es sacrificio y que por medio de este mi vida es mas plena! ¡Enséñame, Señor, también a orar como hiciste intensamente antes tu Transfiguración, para tener una estrecha comunión contigo y con el Padre, para transformar mi vida, para aprender a amar más al prójimo, para ser cada día mejor, para vivir el mandamiento del amor, para renovar mi camino hacia la santidad, para iluminar mi camino! ¡Señor, te pido por nuestra Iglesia Santa que en este tiempo sufre tanta persecución en el mundo, para que camine transfigurada a tu lado; te pido por el Santo Padre y por todos los obispos y sacerdotes, para que sirvan con fidelidad a todos los fieles! ¡Y, Señor, ayúdanos a todos los que te amamos a brillar en este mundo para que sigamos caminando al resplandor de tu luz, siempre con esperanza, con generosidad, con caridad y amor!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s