Tiempo de concordia

Ante la grave fractura social que está viviendo España y Cataluña solo cabe la concordia. Cuando una sociedad está tan dividida y hay tanta diversidad en el pensamiento de la sociedad los cristianos hemos de ser artesanos de la paz, apóstoles de la reconciliación, predicadores de la razón, propagadores del respeto, defensores de la concordia, constructores de puentes hacia los que piensan diferente a nosotros. Se trata de asentar el espíritu cristiano del bien común.
Ninguna idea política, ninguna diferencia de opinión debe ser jamás motivo para la ruptura de las relaciones personales y de la paz entre las personas.
Como seguidores de Cristo los cristianos hemos fomentar hasta el último resuello la cultura del diálogo, del respeto, de la paz, del amor, de la dignidad del otro. No es un camino sencillo. Pero el que piensa diferente a mi también es mi hermano. Por eso es tiempo de amar. Es tiempo de sembrar las semillas de la paz. De esparcir el abono de la alegría. De ser auténtico hermano en la diversidad. Acoger a todos con los brazos de la armonía. Los enfrentamientos ideológicos no son cristianos porque el cristiano busca la paz, el encuentro, el arreglar las diferencias, es portador de perdón, es capaz de respetar los pensamientos ajenos aún no aceptándolos, aleja el odio y el rencor de su corazón y, sobre todo, lleva en su vida la misericordia que él mismo recibe de Dios.
Hoy y cada día hay que rezar para que Dios transforme nuestros corazones con la única finalidad de que en nuestra vida reine la alegría, la justicia, la paz, la reconciliación y el amor.

orar con el corazon abierto

¡Señor, Tú nos dijiste la paz os dejo, la paz os doy; tu quisiste que nuestro corazón estuviese repleto de amor! ¡Hoy y siempre te pedimos que entre todos los pueblos, entre todas las personas con pensamientos diferentes, reine la paz y la concordia, el respeto y el amor! ¡Te pedimos, Señor, que entre todos los dirigentes del mundo impere el sentido común, la verdad; que sean capaces siempre de pensar en el bien común, que encuentren caminos de solidaridad, de respecto, de justicia y de paz! ¡Te lo ponemos también en tus manos, María, Reina de la Paz, ayúdanos a construir un mundo en el que impere el respecto, la fraternidad y la solidaridad! ¡Sagrado Corazón de Jesús te pedimos que llenes nuestra sociedad con el infinito mar de tu misericordia y por medio de tu Santo Espíritu ayudarme a ser constructor de paz para que entre todos los que me rodean reine el amor y la justicia, la solidaridad y la reconciliación, la paz y el perdón!

Hoy es la festividad de Nuestra Señora del Buen Remedio. Remedio implica sanar y curar, en el caso de María las enfermedades del alma. Ponemos en sus manos que nos de el entendimiento para comprender la voluntad de Dios en nuestra vida y traer serenidad en nuestros corazones para ser testimonios de amor.

Paz en la tierra, cantamos hoy con Karoi:

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María, Señora del Rosario

Primer sábado de octubre con María en el corazón. ¡Qué hermoso día el que se presenta hoy! Es la festividad de Nuestra Señora del Rosario, la advocación mariana en la que veneramos a la Bienaventurada Virgen María del Santísimo Rosario. No es el Rosario una oración de última hora, es una tradición que viene del siglo XIII cuando la misma Virgen se la enseñó a rezar a Santo Domingo de Guzmán. Es, junto al Padrenuestro, mi oración preferida porque en su sencillez pero al mismo tiempo en su profundidad es un encuentro cotidiano con la Madre; es la contemplación de la vida de María en el misterio de Jesús y su entrega a su obra redentora. En cada cuenta del Rosario que las manos van pasando desgranas las escenas de su vida llenándola con la inmensidad del amor mariano. No es solo una reiteración de avemarías sino es llenar de amor lo que rezas porque cada día en el correspondiente misterio de la Encarnación, de la Luz, de la Redención y de la Vida Eterna puedes poner en sus santas e inmaculadas manos tus peticiones más íntimas para que las eleve al Padre.
Personalmente el Rosario me llena de paz, sosiega mi corazón, me permite avanzar en mi peregrinaje por la fe y me inclina hacia la piedad mariana; me permite llegar a través de María al gozo de Cristo, a la luz de Cristo, al sufrimiento de Cristo y a la gloria de Cristo. Unido a María para unir mi corazón con el de Cristo.
En este primer sábado de mes le pido encarecidamente a María que me ayude a ser personaje vivo de cada uno de los misterios del Rosario para abrir mi vida a la novedad de Dios y, desde el rezo de cada Avemaría, ser testimonio de amor, de paz, de servicio y de generosidad para los demás como lo fue Ella. Por eso le pido que me ayude a acoger en mi corazón la gracia que se desprende de cada misterio para llevarlo a los que me rodean.
En el Rosario uno comprende lo mucho que María ama, como su fe le permite unirse al pensamiento de Dios y como su voluntad se une al querer de Dios. ¡Ojalá fuese así mi vida para, como hacía María, poner en cada momento a Cristo en el centro de mi corazón!

orar con el corazon abierto

¡Dios te salve, María, llena eres de gracia! ¡Tu María, Madre, nos invitas a rezar el Santo Rosario para unidos a Ti llegar al corazón mismo de Cristo! ¡Gracias por esta escuela de la Sagrada Escritura; gracias por desgranar las escenas de tu vida unidas a las de tu Hijo; gracias por convertir el Rosario en la mejor arma espiritual; gracias por permitirnos amarte con el desgranar de las avemarías; gracias por sentirnos acogidos por tus santas manos; gracias por atender nuestras peticiones; gracias por auxiliar nuestras pobrezas; gracias por mirar con ojos de misericordia nuestras vidas y elevar nuestras peticiones al Padre! ¡Gracias, María, por ser Madre! ¡Concédenos, María, Virgen Clemente y Madre amable, consuelo de los pecadores, abogada de los afligidos, mediar siempre con Dios! ¡Concédenos, María, poder dirigirnos siempre a Ti para llevar una vida santa, una vida impregnada de la amistad con Jesús, una vida llena de gracia y bondad! ¡Contemplando el Rosario soy consciente de que tu vida no fue sencilla, por eso te pido que me ayudes a aceptar con entereza las contrariedades de mi vida, que aprenda a amar el sufrimiento y el dolor y que me ayudes a aceptar siempre los planes de Dios! ¡Ayúdame, Madre, a poner siempre todas mis esperanzas en Jesús y no desfallecer nunca en la confianza en Él y en Ti! ¡Ayúdame a ser como fuiste Tu ejemplo de caridad, de amor, de entrega, de generosidad, de cariño, de fortaleza, de sosiego, de prudencia, de humildad y de alegría! ¡Y, sobre todo, María ayúdame a estar siempre abierto a la voluntad del Padre y a las inspiraciones cotidianas del Espíritu Santo! ¡Ayúdame a imitarte en todo, María!

Las letanías lauretanas cantadas en gregoriano para acompañar la meditación de hoy:

Contemplar la Cruz y comprenderlo todo

En la vida todo hay que lucharlo. Sin esfuerzo, sin tenacidad, sin perseverancia ni tesón se hace difícil conseguir las cosas. Hay veces que te sientes débil aunque repleto de esperanza. Te sientes con ilusión pero te desmoronas cuando las cosas fallan y no alcanzas el objetivo deseado. El cansancio no es un buen compañero de fatigas porque todo éxito que uno logra tiene que ir acompañado también de fuerza interior; sin un alma ardiente los triunfos también son difíciles.
Observo épocas de mi pasado, momentos llenos de soberbia y de orgullo, de puro egoísmo y tibieza. Épocas en que mi sangre era como la horchata, y no era ni frío ni caliente. Ahora mi vida tiene un referente. Y ese referente te permite mirar desde lo alto, con una perspectiva nueva. Ese referente es la Cruz, la mejor cátedra que tiene el ser humano. El símbolo que expresa el amor ilimitado de Dios por el hombre; en ella se resume toda la teología cristiana.
Es la Cruz que facilita el cambio interior. Porque uno necesita ser diferente. Diferente como lo fue Cristo. Siervo de los demás, entregado por amor, ejemplo de perdón y de reconciliación, de servicio y de paz.
A ese Cristo ¿agonizante? colgado de la Cruz es al que quiero cada día mirar. Mirar y parecerme. Sentir y amar. Porque desde el día en que Cristo tocó mi corazón me invitó a participar de su proyecto de amor, de paz, de servicio, de entrega y de fraternidad.
Contemplas la Cruz y lo comprendes todo. Comprendes que compensa darse; compensar entregarse por los demás; ser luz que se consume por el prójimo, por el sufriente, por el enfermo, por el desamparado, por el necesitado…
Miras atrás y comprendes el tiempo perdido; la falta de fecundidad de tantos años que el corazón rebosaba de inmundicia, de egoísmo y de amor propio. Tiempo consumido por la vacuidad del corazón. Un corazón que palpitaba sin vida ni alegría. Ahora con Cristo todo es diferente. Por eso la Cruz me permite observar la vida con otros ojos, con una mirada de eternidad, con un mirar abierto a la verdad del Evangelio. El camino es arduo pero acompañado por la mirada de Dios, siendo el cirineo de Cristo e iluminado por la gracia del Espíritu, con la innegable ayuda de María y de san José, en mi vida no caben las utopías. Solo la realidad. Y esa realidad es el cielo prometido al que para llegar necesito de mucho esfuerzo, tenacidad, perseverancia y tesón con grandes dosis de oración, vida sacramental y entrega a los demás.

 

orar con el corazon abierto

¡Señor, mi mirada se dirige hacia Ti colgado de la Cruz y presente en el sagrario! ¡Abro mis manos, Señor, para ofrecerte mis miserias y mi pequeñez! ¡Tú eres el único que las puedes llenar! ¡Por eso, Señor, Tú que nunca fallas ni abandonas concédeme la gracia de vivir siempre en tu presencia y sentir tu cercanía! ¡Ven Espíritu Santo y dame el don de la sabiduría para apreciar los bienes celestiales y ayúdame a buscar los medios adecuados para alcanzarlos! ¡Ven Espíritu Santo y concédeme la gracia de iluminar siempre mi mente con el don del entendimiento para saber lo que Dios quiere en cada momento de mi! ¡Ven Espíritu Santo y por medio de tu santo consejo ayúdame a actuar siempre con la máxima rectitud para gloria de Dios y beneficio mío y de los que me rodean! ¡Ven, Espíritu Santo, y dame la fortaleza para ser tenaz en el logro de la santidad! ¡Ven Espíritu Santo para que me otorgues el don de la piedad y la oración!

La Cruz es recuerdo constante de que Jesús piensa en mi:

¿Son mis logros consecuencia de mi buen hacer?

Comienzo la oración con el rezo del Salmo 127 que me llega profundamente al corazón: «Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los albañiles; si el Señor no custodia la ciudad, en vano vigila el centinela». ¿Qué me dice esta primera profunda estrofa del salmo? Que desmorona mi autosuficiencia. Ya puedo poner todos los empeños y los esfuerzos mundanos en levantar mi casa que si el trasfondo no está bendecido por Dios la empresa no dará frutos. Y así ha ocurrido en muchos momentos de mi vida.
Uno toma conciencia de que no es más que miseria; que del corazón mismo nace la oscuridad, el error y las tinieblas porque el corazón invita a que uno se convierta en un pequeño dios en minúsculas cegado por la pasión y arrastrado por el deseo de libertad. Uno piensa que sus logros son consecuencia de su habilidad y de su buen hacer; en esta confianza ciega en las propias posibilidades, en la seguridad de la fortuna que le acompaña, se ponen los medios y los esfuerzos; se ponen en marcha todas las resortes para lograr el objetivo; pero ¡cuántas veces las ambiciones se confunden y se contraponen a la voluntad de Dios ¡Cuántas veces algo que anhelas queda sepultado por el fracaso desmoronándose la ambición que tanto empeño y sacrificio ha implicado! Y entonces llega el lamento y uno se relame en la desgracia sin caer en la cuenta de que ha primado la ambición personal frente a la prudencia, la seguridad de las propias fuerzas a la voluntad de Dios, la autosuficiencia a los sólidos cimientos de la asistencia divina.
No es suficiente con confiar en las propias fuerzas; es imprescindible actuar esperándolo todo de Dios. Si un objetivo no es auténticamente cristiano mejor no emprender nada porque el objetivo principal de cualquier tarea es la gloria de Dios y la propia santificación. Si Dios no forma parte de ese fin probablemente no pondrá los medios para alcanzarlo. Por eso es tan importante la oración porque postrado a los pies de la Cruz, orientado por la luz del Espíritu Santo, sosegado a los ojos del Sagrario, uno puede encomendar y ofrecer al Señor lo que desea emprender. Es allí donde uno puede ver si es para gloria de Dios y provecho para la propia alma.

orar con el corazon abierto

¡Señor, hazme ver siempre con la inspiración del Espíritu Santo, que todo esfuerzo que haga será inútil si no lleva tu bendición! ¡Hazme comprender, Señor, que es Dios quien me asegura siempre la prosperidad porque solo Él otorga el éxito a cada empresa humana! ¡No permitas que mi corazón orgulloso piense que todo es obra de mis propias manos! ¡Concédeme la gracia, Señor, de confiar siempre en Ti y esperar con el esfuerzo de mi trabajo las bendiciones del Padre! ¡Hazme comprender, Señor, con la gracia del Espíritu, que todo es un regalo de la Providencia! ¡Hazme ver, Señor, en el silencio de la oración de cada día que mi vida está edificada sobre el pilar del amor de Dios y de la providencia y que en vano podré edificar una casa estable y dar frutos si no lo pongo previamente en tus manos Tú que das la prosperidad, la fecundidad y la serenidad! ¡Espíritu Santo, ayúdame a abandonarme serenamente en las manos de Dios, hazme ser fiel a la libertad que Dios me otorga y permite que mis obras estén siempre sustentadas sobre la base de la autenticidad cristiana para que sean capaces de dar los frutos que Dios espera! ¡Concédeme la gracia, Espíritu Santo, de construir en mi vida la casa que yo deseo construir para mi; guárdame de lo que más me conviene para que lo pueda guardar en ella; ayúdame a sentirme fuerte para no verme derrotado por las dificultades; y permite que la semilla que yo plante de frutos santos y germine según la voluntad de Dios!

Que el Señor nos construya la casa, suplicamos hoy en nuestra oración:

¿Cómo puedo ser instrumento de paz?

Hoy es la festividad de san Francisco de Asis, paradigma de una fe viva y sencilla, una vida de humildad, de paz y de amor. Cada vez que rezo la oración Señor, haz de mi un instrumento de tu paz que él mismo compuso —la oración está en la página de entrada de este blog— mi corazón se rompe por la emoción. Inicio mi oración de hoy con esta bella plegaria que me enseña algo que san Francisco llevó hasta la más extrema de las expresiones: el deseo de imitar a Jesús incluso en los detalles más nimios de la vida para ser una sola cosa con Él. Su amor por Cristo fue tan radical que éste le obsequió con los estigmas de la Pasión.
¿Cómo puedo yo, hombre del siglo XXI, ser instrumento de paz? Pacificando mi corazón, serenando los ímpetus de mi vida, integrando mis deseos con los deseos de Dios, impregnando de oración todos y cada uno de mis actos. Siendo hombre de bien, que busque siempre la paz con los que me rodean, llenando la vida de esa expresión tan hermosa de los franciscanos —paz y bien—; viendo al prójimo como a un hermano, no excluyendo nunca a nadie, apaciguando los conflictos y estrechando los vínculos de amor; amando —¡qué difícil!— a los que me hacen mal, aceptando la humillación y el desprecio; reconociendo en el trato al prójimo el amor al Señor; y en ese amor sin límites perdonar sin límites; derramando ternura, paz y bondad donde broten los conflictos familiares, profesionales o comunitarios; no juzgando y ni despreciando a nadie; viendo al prójimo como a un semejante a Dios; no guardar resentimiento ni odio por nadie; siendo manso y humilde de corazón; buscando el diálogo antes que la confrontación, el respeto antes que el antagonismo; siendo paciente, comprensivo y atento con el otro; venerando, cuidando y respetando la creación de Dios… y sobre todo desprendiéndome de mis yoes, de mis autosuficiencias y mis vanidades para convertirme en alguien humilde que no busca el reconocimiento social sino la estrecha unión con el Señor.
El desafío es inmenso. San Francisco lo logró; alcanzó un grado supremo de paz interior, de vida de oración, de renuncias valientes, de alegría de corazón, de abnegación absoluta. Él fue verdaderamente un ejemplo auténtico de persona convertida en instrumento de paz y de amor.
En un mundo en que las dificultades, los problemas, las diferencias, las rupturas, los desencuentros… están al orden del día, ¿puedo ser yo instrumento de paz? La respuesta está en san Francisco que no tenía nada más que la vida que Dios le había dado, a cuyas manos se entregó por completo. ¡Menudo ejemplo y menudo desafío para el día de hoy!

orar con el corazon abierto

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.
Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

Y esta misma oración la podemos recitar cantando:

Hay una voluntad de Dios en mi vida

Observaba ayer a un joven arrodillado en la capilla del Santísimo. Permaneció inmóvil, en oración profunda, más de media hora. Durante todo este tiempo sus manos iban unidas al corazón y la mirada fija en el Sagrario en serena meditación; la quietud del cuerpo hacía evidente que su corazón buscaba unirse al corazón de Dios.
Cuando alguien fija su mirada en el Dios amoroso siente la necesidad de sumergirse en su voluntad de Padre; no lo importa caminar por los caminos a veces sinuosos por los que Él avanza; permanece en el lugar dónde Él desea llevarle; es capaz de transformar su vida en un «hágase» sin contemplaciones.
A pesar de lo mucho que cuesta lograrlo, lo importante de la vida junto al amor es hacer siempre la voluntad de Dios porque con ello se alcanza la única verdad que guía, sostiene, que da aliento, que alimenta… Desde esta realidad cualquier tipo de desasosiego, inquietud, pesadumbre, desazón o angustia se relativiza.
Si a Dios tengo el privilegio de llamarle Padre porque Él nos adopta en su familia y nos convierte en coherederos del reino con su hijo Jesucristo, cuando desea algo de mí —y siempre es porque eso me conviene— ¡cómo voy a negarle su petición o dejar de obedecerle!
Cuando sigues la voluntad divina, por muy difíciles que sean las pruebas de la vida, y aceptas la gracia de su amor no puedes dejar de buscar Su voluntad, sometiendo la tuya a la suya.
Hay una voluntad de Dios en mi vida. Si existe, ¡cómo no amar esa voluntad con todo el corazón y con toda el alma!

 

orar con el corazon abierto

¡Señor, que mis caminos sean solo buscar tu voluntad y cumplirla siempre! ¡Señor, que mi deseo sea siempre tener una plena comunión contigo! ¡Quiero amar lo que tu amas, querer lo que tu quieres, desear lo que tu deseas! ¡Quiero, Señor, morir a tu voluntad! ¡Quiero que se haga siempre tu voluntad! ¡Que cada momento de mi vida, Señor, sea amarte con el corazón abierto, en espíritu y en verdad! ¡Quiero, Señor, que la pobreza de mi voluntad sea una a la grandeza de tu voluntad! ¡Pero, Señor, muéstrame tus caminos para que pueda recorrerlos junto a ti sin quejarme! ¡Que se haga siempre tu voluntad y no la mía; que sea digno de tu mirada, de tu amor y de tu gracia! ¡No permitas, Señor, que alimente solo mis sueños ni que me preocupe por el devenir del la vida; no permitas que me desvíe del camino marcado; no permitas que renuncie a la verdad; no permitas que entre en la senda de la desobediencia… permite solo que me ajuste a tu voluntad y que esa voluntad la ame profundamente!

Temblando de amor por ti, Señor, el sentimiento de ponerse de rodillas ante Jesús Sacramentado:

La fidelidad del amigo que Dios pone a nuestro lado

Desde el mismo día que nuestro pequeño cuerpo asoma por esta vida, Dios coloca a nuestra vera un ángel custodio que guía nuestro peregrinar hacia la gloria eterna. Con mis padres y mis abuelos aprendí esa preciosa oración dirigida al ángel de la guarda. Antes de cerrar los ojos y recibir el beso de rigor de las buenas noches, mi madre o mi padre y, cuando estaba con ellas, mis abuelas rezaban conmigo desde la cabecera de mi cama esta oración que cada noche rezo con cada uno de mis hijos pequeños. Yo mismo la rezo con devoción porque lo siento a mi lado. ¡De cuántos apuros y peligros me ha librado el ángel de la guarda!
El ángel de la guarda es el amigo más fiel, su amistad es inquebrantable como firme es la defensa que hace de nuestra vida. Mientras cada uno sigue su camino, el ángel goza del privilegio de contemplar el rostro del Padre Creador, al que adora y le profesa un amor incondicional; es un excelente intermediario ante Dios de todas nuestras intenciones, anhelos, esperanzas, amores y… sufrimientos. Él los conoce perfectamente porque vive a nuestra vera y sabiendo las necesidades, las coloca ante el altar del Padre.
Al ángel de la guarda hay que confiarle todo: la vida, la fe, el matrimonio, los hijos, los amigos, los compañeros de trabajo, el trabajo, las virtudes para que en connivencia con los otros ángeles aúnen esfuerzos.
Fiel en las tribulaciones y las alegrías, protector en nuestro camino y armadura contra las acechanzas del demonio, con el ángel custodio no hay que temer nada. A ese ángel fiel hay que ponerlo siempre en la ruta hacia el cielo porque el día de nuestra entrada en la morada de Dios él estará allí esperando en la puerta para recibirnos con la cordialidad del amigo que nunca abandona.

orar con el corazon abierto

Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. Las horas que pasan, las horas del día, si tú estás conmigo serán de alegría. No me dejes solo, sé en todo mi guía; sin Ti soy pequeño y me perdería. Ven siempre a mi lado, tu mano en la mía. ¡Ángel de la guarda, dulce compañía! ¡Ángel de Dios, que eres mi custodio, buen amigo y mejor compañero, reconduce mi vida cuando me desvíe con mi mal comportamiento y potencia mis virtudes cristianas!

Ángeles de Dios, cantamos hoy en este día dedicado a los custodios que Dios nos ha puesto en nuestra vida:

 

 

 

¡Cuánto dolor en esta vida!

¡Cuánto dolor en esta vida y cuántas lágrimas derramadas en la soledad de uno mismo! ¡Cuanto dolor en los corazones de tantos sumergidos en la angustia, la confusión y la desilusión! Y, sin embargo, qué desaliento me produce acercarme a una persona necesitada de ayuda y ver cómo la rechaza. Qué inquietud observar a alguien que se desvía del camino de la vida y es incapaz de enderezarlo pese al apoyo que le ofreces. Que tristeza ver un alma al que tratas de ayudar para lograr su felicidad, su sanación interior, su regreso a la casa del Padre, su liberación, su serenidad… y como se llena de rencores y de odio. Que pesadumbre observar a alguien tomar las decisiones menos acertadas que le conducirán a la desesperación y la incerteza y no atiende a razones. Que aflicción ver a tantos alrededor afligidos y agobiados, encerrados en si mismos buscando escaparse del dolor y de la frustración, cayendo en la rebeldía, destruyendo su vida, refugiándose en el yo o en los engaños para escapar de una realidad que arde por dentro. Que amargor por esos conocidos que pasan por el cáncer de la infidelidad y sufren el calvario de la separación o el divorcio.
Hay alguien interesado que el mundo esté impregnado de dolor, de divisiones, de falsedad, de mucho sufrimiento, de falsedad, de oscuridad. Hay alguien sumamente interesado en que Dios no more en el alma serena del hombre ni que pueda disfrutar de su amistad inquebrantable. Hay quien vive única y exclusivamente para destruir el corazón del ser humano. Cuando se actúa sin piedad sobre él y no hay una base sólida de valores la corrupción asoma, la ceguera todo lo nubla, la realidad confunde y las seducciones del mal conducen hacia la desdicha.
Ante estas situaciones en que el medio humano parece ineficaz, la oración es el único camino. Impregnarlo todo de fe y de esperanza. Y como la oración es confianza en la providencia del Padre hay que permitir que el tiempo de Dios actúe. Cuando se reza por alguien, en el cielo la escucha se convierte en misericordiosa y en el momento oportuno el Altísimo da su toque de gracia. No se puede negar el poder que ante Dios tiene la oración perseverante, sin desfallecer y llena de fe. Aún cuando parece que guarda silencio, Dios escucha atentamente. Pero si la fe flaquea, la eficacia de la oración disminuye porque la fe es como esa luz que todo lo ilumina; sin luz es imposible ver en la más absoluta oscuridad.
La vida cristiana se cimienta sobre la sólida base de la comunión con Dios. Dios anhela que el orante confíe plenamente en su fidelidad, en su amor y en su misericordia para otorgarle el deseo que cada uno espera, para él o para los que le rodean. Orar sin desfallecer para que el alma del amigo y del conocido vuelva a Dios, dirigida su mirada, su corazón y su vida a Dios. Para que pueda caminar con Jesús. Vivir con Él. Solo Jesús llena los corazones vacíos, impregna de afecto al vida. Solo el Señor, con la fuerza del Espíritu, levanta y renueva el ánimo, devuelve la ilusión y da la fortaleza para luchar por salir adelante con las armas divinas de la gracia. Orar para que los que nos rodean abran los ojos y vean con la mirada de Dios. Es una receta muy simple pero que olvidamos con frecuencia.

orar con el corazon abierto

Quiero compartir en lugar de mi oración habitual de cada día una plegaria muy hermosa de Santa Faustina Kowalka muy apropiada para esta meditación: Señor Jesús, no me dejes nunca solo cuando sufro. Tú conoces mi debilidad ante el dolor. Sabes que supera mis fuerzas. Yo solo no puedo con la cruz. En Ti confío y a Ti me abandono,  porque se que con tu fuerza podré llevar esta cruz que la vida me ha cargado. Mi debilidad en Ti se fortalece y mi dolor contigo se ilumina y toma sentido. Tú quisiste asumir mi dolor en el tuyo, para poder purificarlo en Ti, para poder transformarlo en Amor. ¡Ayúdame a amar mi dolor, como Tú lo amas!. Hoy te pido que me concedas la gracia de amarte siempre  y en cualquier circunstancia de mi vida. Y si no conviene disminuir mi dolor de hoy, dame, te suplico, el valor para asumirlo y vivirlo por amor a Ti. ¡Bendito seas mi Cristo doliente en mi dolor! y en el dolor de todos mis hermanos. Amén.

El Santo Padre exhorta a orar en octubre por el mundo del trabajo, para que a todos les sean asegurados el respeto y la protección de sus derechos y se dé a los desempleados la oportunidad de contribuir a la construcción del bien común. En este primer día de mes nos unimos a las intenciones del Papa Francisco.

El mes de octubre lo dedica también la Iglesia al Santo Rosario, la oración contemplativa con la que, guiados por María, ponemos nuestro corazón y fijamos nuestra mirada en el rostro Cristo, para ser configurados con su misterio de alegría, de luz, de dolor y de gloria. No desaprovechemos este mes para rezarlo cada día.

Vienen con alegría, Señor:

La delicadeza de María

Último sábado de septiembre con María en el corazón. Me recreo en este día en la vida de la Virgen en Nazaret, para que sea espejo en mi propia vida. Esa vida ordinaria, sin aparentes momentos de emociones, sin destacar en nada, sin llamar la atención de los demás, pasando por completo desapercibida a los ojos del prójimo… Una vida oculta solo visible a los ojos de Dios, de san José y del niño Jesús. Entrega absoluta, generosidad cierta.
Vivimos un mundo donde la imagen es lo relevante, en el que se pone énfasis al que dirán de uno, al que pensarán de lo que hago y digo, lo mucho que se tiene que hacer para ser aceptado. Y ahí está María que te dice que no des importancia a lo ruidoso de la vida, que te alejes de la vulgaridad, que vivas en lo sencillo para resaltar las virtudes y crecer en la escuela de la santidad. En aquel hogar de Nazaret se aglutinan los valores sustanciales de la perfección del hombre y de la familia.
Hay un aspecto en la vida de María que es una escuela de aprendizaje. Su vida ordenada. En la familia de Nazaret imperaba el orden. El padre, san José, trabajaba en la pequeña carpintería ganándose el pan con el esfuerzo de su trabajo. En lo escondido del hogar estaba María organizándolo todo, poniendo cada cosa en su lugar, realizando sus labores cotidianas con amor de madre y esposa sin tener en cuenta fatigas y cansancios, placeres o intereses. En aquella casa se hacía todo a su debido tiempo. No importaba si una faena era más o menos agradable o costosa. No imperaban las inclinaciones personales, los intereses particulares, la desgana por enfrentar un trabajo más agotador. ¿No ocurre con frecuencia que uno trata de evadirse de lo que le cuesta, lo que no le apetece, lo que más le aburre…? Y allí esta el ejemplo de María dejando la impronta de que la constancia es el signo del amor. Y que de esa constancia depende mucho el orden que hay en la vida de cada uno.
Hoy miro a María con el corazón abierto y observo su constancia delicada, perfecta, armoniosa, entregada y generosa. Un constancia al servicio de Jesús y de los demás, una constancia impregnada, en lo grande y en lo pequeño, de auténtico amor.

orar con el corazon abierto

¡María, hoy sábado y todos los días, contigo a tu lado es más fácil aceptar mi cruz de cada día, en la que Cristo completa la oblación al Padre por mi y el resto de la humanidad! ¡María, cuando lleguen los momentos de cruz no permitas que me lamente, no dejes que me rebele, no permitas que proteste a Dios, no permitas que desfallezca! ¡Cuando lleguen esos momentos, María, que los acepte con amor, sin pretender entenderlos porque no hay explicación alguna para esa salvación, al modo de Dios, que se cumple en el escándalo de lo aparentemente absurdo! ¡María, dame la fuerza para ver mi cruz no desde ese lado humano sino desde una perspectiva sobrenatural! ¡María, que mi pobre corazón no se canse nunca de adorar esa Cruz de la que pende tu Hijo amado y permanezca siempre fiel a ella! ¡Ayúdame, María, a ser delicado en las cosas de la vida y en el servicio de a los demás!

Magnificat octavo toni, polifonía portuguesa del maestro Duarte Lobo para el día de hoy:

¡Tienes que nacer de nuevo!

«Tenéis que nacer de nuevo». Estas palabras que salen de los labios de Jesús tocan profundamente mi corazón. Pero… ¿cómo es posible nacer de nuevo? Profundizas en tu vida, en tus actos, en la manera en que te relacionas con los demás, lo que sientes y como te comportas y comprendes que muchos de tus criterios están dirigidos por un corazón viejo. Cada día es necesaria una transformación interior. ¡Con cuánta frecuencia vivo según los criterios del mundo y no según los criterios de Dios!
¿Y cómo puedo saber si mis criterios son parte del hombre viejo que transita por la vida? Con un profundo examen interior, analizando si detrás de todas las decisiones de mi vida —las más sencillas y las más grandes— están impregnadas de la voluntad de Dios.
Existe un abismo profundo entre esos valores en los que creemos y lo que realmente mueve nuestra vida tan condicionada por el qué dirán, por lo que pensarán de mi, por mis propios intereses y comodidades, por la ambición por tener o poseer, por no perder el prestigio social…
Ser cristiano es vivir como Cristo vivió; es hacer y actuar como Él hizo y actuó; es evitar lo que Él evitó. Ser cristiano es un camino vital. Es ser discípulo verdadero de Cristo, intentar vivir según su ejemplo y su Evangelio. ¡Y tantas veces mi vida se aleja de esta realidad! Cuando esto sucede dejo de ser luz del Evangelio porque mis actos, mis palabras, mis sentimientos y mis pensamientos se alejan de los criterios de Jesús.
«Tenéis que nacer de nuevo». Esta invitación de Jesús es para vivir cada día renovado interiormente, guiado por el Espíritu. Vivir según el Espíritu. Descansar en el Espíritu. Dejarse renovar por el Espíritu. Buscar la voluntad de Dios desde la inspiración del Espíritu. Aprender a morir mi yo desde la gracia del Espíritu. Alejarse de mis autosuficiencias con la sabiduría del Espíritu.
«Tenéis que nacer de nuevo». Esta exhortación de Jesús implica que si me considero seguidor suyo debo tratar de parecerme cada día a Él, en mi manera de pensar y de vivir para ser diferente a como era antes. Y este proceso no es trabajo de un día; es el trabajo de toda una vida para, guiado por el Espíritu, «despojarme del viejo hombre», «revestirme de Cristo» y convertirse en un hombre nuevo.

orar con el corazon abierto

¡Creo en Ti, Señor, y te acepto en lo más profundo de mi corazón! ¡Quiero ser un fiel seguidor tuyo, apóstol del amor, la verdad, la esperanza y la caridad! ¡Quiero ser un cristiano auténtico, imitador activo tuyo, Señor, que has entregado tu vida por mi redención! ¡Anhelo revestirme de Ti, vivir como viviste Tu, Jesús! ¡Quiero, Señor, volver mi corazón al tuyo y creer en todo lo que has hecho por mí! ¡Quiero luchar cada día contras esas faltas y ese pecado que me aleja de Ti, Señor, para parecerme cada día más a Ti! ¡Quiero ser heredero del reino, Señor, y necesito de tu Santo Espíritu para transformar mi corazón! ¡Quiero ser santo, Señor, anhelo serlo de corazón! ¡Concédeme, Señor, la gracia de nacer de nuevo, de vivir de acuerdo con tu ejemplo! ¡Ayúdame, por medio del Espíritu Santo, a encontrarme contigo cada día para ser testimonio de luz en el mundo! ¡Mírame con ternura, Señor y envía tu Espíritu sobre mí, porque soy débil y frágil! ¡Señor, quiero nacer de nuevo y ponerme manos a la obra para, siguiendo el soplo del Espíritu, seguirte en cada momento! ¡Espíritu Santo renuévame, transfórmame, vivifícame, límpiame, sálvame!

Cantamos hoy al Espíritu para que nos vivifique: