Padres de María, abuelos de Jesús

De nuevo la Iglesia nos regala una fiesta hermosísima: la festividad de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús. Dos personas santas que conocieron al Hijo de Dios, que compartieron con él momentos de intimidad, que lo cuidaron, lo escucharon y disfrutaron de su presencia. Y en este tiempo en que la pandemia ha cercenado las vidas de tantos abuelos es un día para revivir con gratitud la memoria de nuestros abuelos y nuestra responsabilidad ética de ofrecer a los ancianos de nuestra sociedad el trato digno que merecen.

San Joaquin y santa Ana engendraron a María de una manera providencial: preservada del pecado original con el fin de que acogiera en su seno y diera luz la Palabra divina. Me imagino la disposición de los dos ancianos preparando a María en su formación humana y espiritual. Me los imagino cuidándola y amparándola. Me los imagino ayudándola a disponer toda su humanidad, en cuanto el ángel se le apareció en Nazaret, para prepararse para tan gran acontecimiento. Me los imagino protegiéndola y dándole todas las atenciones para que la Virgen diera a luz al Hijo de Dios como éste merecía.

Somos deudores agradecidos de estas dos almas. Somos deudores porque Dios les regaló a san Joaquín y santa Ana la gracia de ser los padres de la Madre de Dios, la elegida para ser santa entre las santas.

Y cuando aquella noche de diciembre Cristo nació en la pobreza de un portal de Belén, el Hijo de Dios entroncó con la vida de aquellos abuelos. Y como nos ha ocurrido a tantos a lo largo de la historia Jesús pudo encontrar en san Joaquin y santa Ana el amparo, el consuelo, el cobijo, la seguridad, el amor, la alegría, el gozo de unos abuelos que amaban a su nieto con vocación cristiana. Los míos me han demostrado siempre que eran el corazón de la familia, a imitación de san Joaquin y santa Ana.

En el plan de Dios los abuelos tienen una transcendencia fundamental pues son un pilar en el crecimiento de las familias. Ellos, en su sabiduría, forman en muchas ocasiones la conciencia del ser humano, unifican familias, ellos suscitan la alegría de vivir, son un tesoro que dan testimonio de fe, por nosotros se han entregado, sacrificado e incluso inmolado. Si es así, en el plan de Dios san Joaquin y santa Ana ejercieron un papel esencial en el crecimiento espiritual y humano de María y también de Jesús. Esta fiesta nos permite recordar que ambos asentaron también las bases para que se cumpliera la promesa de la salvación. Ellos pusieron la semilla para el nacimiento de María. Hoy es un día para pedir por el beneficio de su intercesión en favor de las familias del mundo, por los abuelos y por los ancianos de nuestras sociedades para que su presencia viva en la familia, en la Iglesia y en la sociedad no se apague en este mundo tan individualista, para que no se permita a los abuelos quedar arrinconados de las familias y sigan siendo testigos vivos de unidad, de defensa de los valores de la fe, de la esperanza y del amor. Ellos todavía conservan talentos valiosos para hijos y nietos. De mis abuelos he aprendido mucho, los amo, los respeto y doy gracias a Dios por haberlos puesto en mi camino.

Lo curioso es que nada ha quedado escrito sobre san Joaquin y santa Ana en los Evangelios. El Espíritu Santo, en su infinita sabiduría, por alguna sabia razón no lo quiso revelar para no desvelar los pensamientos de Dios tan alejados de nuestra concepción humana. Tal vez este silencio sobre su figura nos quiera mostrar algo excepcional del que mucho tenemos que aprender: la trascedencia del trabajo callado y silencioso de las personas que se desviven por los demás, tan bien aplicable a la figura de los abuelos. Y hoy que veneramos a los abuelos de Jesús tengamos un recuerdo especial para los que, con su experiencia y entrega, han dado lo mejor de si mismos para los que viven a su alrededor.  

Cada año, en este día, rezo esta hermosa oración escrita por Benedicto XVI en honor de los abuelos. Leedla despacio y con el corazón abierto, es un canto de amor a los que han dado su vida por la familia:

Señor Jesús: Tú naciste de la Virgen María, hija de San Joaquín y Santa Ana. Mira con amor a los abuelos de todo el mundo. ¡Protégelos! Son una fuente de enriquecimiento para las familias, para la Iglesia y para toda la sociedad. Sosténlos! Que cuando envejezcan sigan siendo para sus familias pilares fuertes de la fe evangélica, custodios de los nobles ideales hogareños, tesoros vivos de sólidas tradiciones religiosas.

Haz que sean maestros de sabiduría y valentía, que transmitan a las generaciones futuras los frutos de su madura experiencia humana y espiritual.

Señor Jesús, ayuda a las familias y a la sociedad a valorar la presencia y el papel de los abuelos. Que jamás sean ignorados o excluidos, sino que siempre encuentren respeto y amor.

Ayúdales a vivir serenamente y a sentirse acogidos durante todos los años de vida que les concedas.

María, Madre de todos los vivientes, cuida constantemente a los abuelos, acompáñalos durante su peregrinación terrena, y con tus oraciones obtén que todas las familias se reúnan un día en nuestra patria celestial, donde esperas a toda la humanidad para el gran abrazo de la vida sin fin. Amén.

Dos referencias humanas y espirituales 

Hace unos días una amiga compartió por WhatsApp una fotografía de sus padres, Mauro y Fuensanta, excelentes abuelos, mirándose con amor. Era una instantánea de sus bodas de oro. Era una mirada de compromiso, de entrega, de generosidad, de amor que perdura pese a los años transcurridos. Ninguno de los dos está entre nosotros. El virus que ataca al mundo se los llevó el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección, dos días claves en la vida de Cristo, a los que amaban. Pero queda su testimonio de vida, como padres y como abuelos.
Ayer mi abuela Pilar cumplió 100 años, confinada en su casa. No pudo celebrarlo con sus hijos, nietos y bisnietos. Una veintena de vecinos le cantó el cumpleaños feliz a las puertas de su casa, con ella aplaudiendo desde el balcón. Hoy, la hermana Rafael, de las Cooperatrices Parroquiales de Cristo Rey, celebra 80 años. No podrá celebrar su fiesta de cumpleaños como había previsto pero en el corazón de muchos la fiesta es de alegría.
Mauro y Fuensanta, la pareja que descansa en la gloria eterna. Mi abuela Pilar. La hermana Rafael. Verdaderos testimonios de vida cristiana.
Mi abuela ha sido un referente, un testimonio que une a la familia, que es transmisora de fe, que ha sabido amar y dar. Es un tesoro que tenemos los nietos y tienen mis hijos con su bisabuela y que no se les puede arrebatar a las nuevas generaciones. Mis abuelos como tantos en el mundo han sido, y lo es mi abuela Pilar, testimonio de sacrificio, regalo humano y espiritual. Ella conserva el gusto por la vida, por la esperanza, por la cultura, por la entrega por su familia, por el servicio a los demás. Vive en su casa sola, junto a una mujer que le acompaña y asiste, pero se entrega cada día a la oración, al encuentro con Cristo, a sus hijas, nietos y biesnietos y a la gente de su parroquia y de su barrio. Es la memoria viva de la familia, es testigo sabio de la vida, es guía personal, es un álbum intenso de fotografías de la historia familiar, es un baúl de recuerdos inolvidable. Ella, con su alegría y su energía, humaniza nuestro entorno familiar. Ella es testigo de unidad, de los valores intrínsecos de la vida que nacen de una fe firme y unas ganas de vivir inmensas. Ella me muestra como el Señor le ha dado unos talentos y los pone en práctica.
La hermana Rafael es otro pilar en mi vida, desde que la conocí hace unos años. Es la simpatía desbordante, la broma precisa y divertida pero también la profundidad espiritual intensa. Ella es generosidad y entrega, escucha y oración. Ella simboliza el ejemplo de amor a Cristo en su vida consagrada. Ella es el canto de alabanza al Señor en lo que hace, a pesar de su edad y sus cansancios. Ella es el ejemplo pleno de dar la propia vida en nombre del Evangelio para poner de manifiesto todas las maravillas que el Señor ha hecho en su vida para transmitirlo a todos los que conoce. Ella testimonia con su vida la búsqueda del Dios amor y lo transmite al prójimo; ella, es el puente que te acerca al Señor con su simpatía desbordante; ella es el ejemplo de mujer que Jesús envía a Galilea para anunciar la Buena Nueva del Evangelio y a la que nunca puedes negarle nada. Para ella el fundamento es Cristo y, como lo lleva profundamente en el corazón, lo transmite con alegría.
Pascua es tiempo de alegría, de esperanza, de luz. Coincide con dos aniversarios que me llenan de alegría. Doy gracias a Dios porque ha puesto en mi vida dos ejemplos extraordinarios de fidelidad al Evangelio, de amor al hombre, de servicio al prójimo. No hay nada más hermoso que aprender de personas como ellas. Hoy quiero elevar al Señor un himno de agradecimiento y de alabanza por la grandeza de la figura de los abuelos y la de tantas mujeres que han dedicado su existencia a la vida consagrada. Quiero aprender de ellas a darme al prójimo porque abuelos y consagrados sienten, con mucha frecuencia, el peso de los cansancios de la vida sin recibir muchas veces la gratificación que merecen pero que para ellos es innecesario porque lo hacen por amor a Dios y a los que aman. ¡Felicidades abuela, felicidades hermana Rafael, que el Dios de la misericordia os llene muchos años más con la abundancia de su gracia en vuestra vida!

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¡Te doy gracias, Padre, por mi abuela Pilar y por todos los abuelos del mundo que son riqueza para las familias, para la Iglesia y para el mundo! ¡Consérvala muchos años para que siga siendo para nosotros testimonio de tu Evangelio! ¡Te doy gracias porque ha sido para mi testimonio de amor a la familia, de firmeza en la fe, de apoyo incondicional, testimonio transmisor de valores humanos y cristianos, de sabiduría y de esperanza! ¡Te pido por todos los abuelos del mundo, Padre, para que ninguno de ellos sea excluido, abandonado u olvidado, para que siempre encuentren en todos los miembros de su familia amor, respeto y alegría! ¡Por todos los abuelos, especialmente los que en estos tiempos de pandemia sufren en los hospitales, en las residencias o confinados en sus casas, para que estén protegidos por el manto protector de tu Madre! ¡Te doy gracias, Padre, por la hermana Rafael testimonio de amor a Ti, a Tu Hijo y a tu Iglesia Santa! ¡Gracias por ella y por todas las consagradas, especialmente a las Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey, por testimoniar el amor a Cristo con todo el corazón, con toda el alma y con toda sus fuerzas! ¡Gracias, por que ellas te enseñan que nada se antepone al amor de Dios! ¡Gracias, por su fidelidad al Evangelio que te invita a seguir a Cristo con sus gestos y su vida! ¡Gracias por sus carismas, que te llevan a ser fiel a tu fe y tu compromiso cristiano! ¡Gracias por su vida sobria y consagrada que es una invitación a vivir de la riqueza de Dios y de las cosas materiales! ¡Gracias por su vida de oración y de contemplación que te invitan a vivir en tu vida al Cristo vivo y te recuerdan la vocación a la santidad personal! ¡Gracias, por su plenitud cristiana, que te invitan a servir a los demás como lo hacen ellas! ¡Gracias por su libertad de espíritu, que te ayudan a descubrir la fuerza viva de la libertad humana! ¡Bendice, Señor, a la Hermana Rafael y cúbrela hoy y siempre de la gracia de tu misericordia! ¡Padre, gracias, por el don de la vida y de la vejez; todo es creación tuya!

Huellas en la humanidad de Jesús

Me encanta la fiesta que celebramos hoy dedicada a san Joaquin y santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús. Me une humana y espiritualmente a mis abuelos, algunos ya en el cielo y otra todavía entre nosotros.
San Joaquín y santa Ana tuvieron el honor de engendrar a María, la Madre de Dios, que fue preservada del pecado original por Dios para dar la bienvenida y traer la semilla de Su Palabra a la humanidad entera.
Pero para que esta tierra buena diera frutos ambos dispusieron con su amor y su entrega a María para recibir la Palabra de vida de modo que brotara en ella y diera frutos de gracia.
Con su ejemplo de amor, de entrega, de generosidad, de pureza, de caridad, de servicio fortalecieron el carácter de María, que sería virgen de espíritu, de alma y de cuerpo antes de su nacimiento.
Al nacer de María, Jesús se unió a la línea de Ana y de Joaquin. En ellos, contemplamos la belleza y la importancia de la presencia de los abuelos en el corazón de una familia.
Jesús, siendo niño, pudo encontrar en ellos la seguridad de los cimientos de la tierra en la que se hundieron las raíces de su humanidad.
No hay duda de que la relación de María con sus padres dejó una profunda huella en el desarrollo de la humanidad de Jesús en Nazaret. Cristo vivió en un horizonte sin nubes, un lugar pacífico y sereno, con grandes vivencias interiores que fue formando su conciencia humana. Así, la calidad y santidad de la relación entre María y sus padres permitió el surgimiento gradual de la conciencia humana más sana en Jesús.
Con la figura de san Joaquín y santa Ana comprendemos que para realización del plan de la salvación de Dios es necesaria la santidad en la vida cotidiana. Si la gracia es lo primero, el hecho es que para actuar en la existencia de un hombre y una mujer, la gracia necesita de su colaboración. Sin gracia, no hay frutos.
Hoy es un día para dar gracias a Dios por la figura de santa Ana y san Joaquín que ayudaron a crear condiciones favorables para el cumplimiento de la promesa de la salvación. Ellos fueron los cultivadores de esta pequeña porción de tierra maravillosa de la humanidad en la cual la semilla de la vida eterna pudo brotar para llevar los frutos de salvación y sanación. Y un día para dar gracias a Dios por la figura de los abuelos que, en mi caso, han sido unificadores de la familia, formadores del espíritu y grandes maestros de la vida. A todos ellos los llevo en el corazón.

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¡Gracias, san Joaquín y santa Ana por convertiros en transmisores de los más bellos valores familiares y una inspiración de como actuar en la vida cotidiana, espiritual, familiar y social! ¡Señor, nacido de la Virgen María, que tantos amaste a tus abuelos San Joaquín y Santa Ana, protege y mira con amor misericordioso a todos los abuelos de todo el mundo que son fuente de riqueza humana y familiar! ¡Sostenlos siempre en la adversidad, la dificultad y el envejecimiento para que sigan siendo para la familia auténticas columnas de la tradición, custodios de los valores auténticos que se deben transmitir a la sociedad y maestros de la verdad, la autenticidad y la sabiduría! ¡Señor, cuida a todos los abuelos del mundo para que siembren en la sociedad las semillas del amor! ¡No permitas, Señor, que los abuelos sean despreciados, olvidados, ignorados o marginados; que reciban siempre el amor de hijos y de nietos, que sean respetados y amados! ¡Concédeles, Señor, el gozo de la salud para que puedan vivir una vida sosegada y tranquila! ¡Y a Tí, María, que tanto amaste a tus santos padres, san Joaquín y santa Ana, extiende sobre todos los abuelos del mundo tu manto protector! ¡Gracias, Señor, por los abuelos que me has regalado de los que tanto he recibido y aprendido, que tanto amor me han dado y tantas enseñanzas me han transmitido! ¡Espíritu Santo, desciende sobre todos nosotros, e infunde en nuestro mundo un clima humano donde primer el respeto por los abuelos y los ancianos! ¡Haznos, Espíritu Santo, custodios del gran tesoro que es la familia, ayúdanos a que no haya divisiones ni enfrentamientos sino paz y amor!

Cantamos dedicando esta canción a santa Ana, abuela de Jesús:

En gratitud por los antepasados

San Joaquín y santa Ana eran los padres de María, la madre de Jesús. A los ojos de Dios, dos personas que debían destacar por su generosidad, su sencillez, su fe, su constancia, su humildad, su amor y su vida de oración. De ahí su elección
Hoy, en la fiesta de estos dos santos, deseo profundizar serenamente en las raíces humanas de Jesús y el valor que tienen para mí como cristiano. Es por medio de Cristo como Dios se emparenta con el género humano. El acompañamiento que san Joaquín y santa Ana dieron a María y, probablemente también a Jesús durante su infancia, pone en solfa el valor que tiene el vínculo entre las generaciones. Es un motivo para tener gratitud a la memoria viva de los antepasados de la familia y, especialmente, a los abuelos. De los míos guardo un entrañable recuerdo por su entrega, su cariño, su legado de amor, su generosidad, su transmisión de valores, por mantener viva la esencia de donde venimos, por su integridad, por sus historias siempre fascinantes y aleccionadoras y por ser los guardianes de la tradición familiar.
San Joaquín y santa Ana gozaron del privilegio de cuidar al Niño Jesús, de tenerle en su regazo, de orientarle… y esa reserva de sabiduría que son los abuelos les permitió acercar a Jesús a la historia de la familia cuya estirpe procedía de la Casa de David. Ellos hicieron de su hogar un lugar donde era sencillo encontrarse a Dios.
San Joaquín y santa Ana permanecieron siempre al lado de María y del Niño Jesús. Son también firmes ejemplos de santos a los que puedo encomendar mis necesidades y, en concreto, aquellas que más relación tienen con la santidad que anhelo para mi hogar.
Hoy es un día indicado para encomendar a estos dos santos escogidos por Dios mis necesidades espirituales, materiales y, sobre todo, familiares, para que mi hogar sea un templo de oración y un lugar donde Cristo, junto a María, se sientan como en su casa de Nazaret. Y un lugar donde se quiera, se venere y se respete a los abuelos, verdaderos transmisores de la sabiduría familiar.

orar con el corazon abierto

¡Gracias, san Joaquín y santa Ana por convertiros en transmisores de los más bellos valores familiares y una inspiración de como actuar en la vida cotidiana, espiritual, familiar y social! ¡Señor, nacido de la Virgen María, que tantos amaste a tus abuelos San Joaquín y Santa Ana, protege y mira con amor misericordioso a todos los abuelos de todo el mundo que son fuente de riqueza humana y familiar! ¡Sostenlos siempre en la adversidad, la dificultad y el envejecimiento para que sigan siendo para la familia auténticas columnas de la tradición, custodios de los valores auténticos que se deben transmitir a la sociedad y maestros de la verdad, la autenticidad y la sabiduría! ¡Señor, cuida a todos los abuelos del mundo para que siembren en la sociedad las semillas del amor! ¡No permitas, Señor, que los abuelos sean despreciados, olvidados, ignorados o marginados; que reciban siempre el amor de hijos y de nietos, que sean respetados y amados! ¡Concédeles, Señor, el gozo de la salud para que puedan vivir una vida sosegada y tranquila! ¡Y a Tí, María, que tanto amaste a tus santos padres, san Joaquín y santa Ana, extiende sobre todos los abuelos del mundo tu manto protector! ¡Espíritu Santo, desciende sobre todos nosotros, e infunde en nuestro mundo un clima humano donde primer el respeto por los abuelos y los ancianos! ¡Haznos, Espíritu Santo, custodios del gran tesoro que es la familia, ayúdanos a que no haya divisiones ni enfrentamientos sino paz y amor!

Hoy la música que acompaña el texto son algunos corales y preludios de J. S. Bach. Música para llenar el alma de Dios:

En nuestro corazón… los abuelos

La liturgia celebra hoy la memoria de los padres de la Santísima Virgen y abuelos de Jesús, san Joaquín y santa Ana, un matrimonio santo, de fe profunda y honda confianza en Dios, que supieron educar a María en el camino de la fe, preparándola para la misión que el Padre tenía pensado para ella y alimentando en su corazón un amor íntimo con el Creador.
San Joaquín y santa Ana testimonian la grandeza de los valores del ser humano y marcan el camino a tantos abuelos de este mundo —de los que son su patronos— en ese papel tan destacado que desempeñan en la educación de sus hijos y de sus nietos. Pero son también testimonio vivo de la ancianidad de nuestro mundo. Nuestros ancianos portadores de experiencias y conocimientos que se convierten en patrimonio de las familias y de la sociedad. Dejan constancia que con el paso de los años la vida se convierte en un don gratuito de Dios.
En este día merece la pena tener muy presente a nuestros abuelos. Los míos han sido siempre un referente de profundidad humana, de fe, de sabiduría, de testimonio, de coherencia, de apoyo… Su sola presencia constituía para mí una alegría inmensa, un orgullo, una seguridad. Los consideraba el patrimonio sobre el que surgía el árbol de mi vida. En una sociedad que evita la vejez por todos los medios, el envejecimiento de mis abuelos supuso para mí una lección de vida. Ellos dignificaban la palabra «anciano» con sus gestos, sus palabras y sus actitudes. Y con ese cariño que siempre sentía con su mirada.
En este día los tengo muy presentes. Con independencia de la relación que hayamos tenido con ellos, en este día veneremos a nuestros abuelos como hacemos con esos padres santos de Nuestra Señora. Veamos en ellos el modelo sobre el que la Virgen enderezó el camino. Veamos en su disposición y su entrega nuestro propio camino.
En este calor que es la familia los padres hemos de transmitir a nuestros hijos el cariño y el amor a los abuelos, patrimonio de nuestra familia.

san joaqin i santa ana

¡Amado Jesús, te pido que al igual que hiciste con tus abuelos san Joaquín y santa Ana, contemples a todos los abuelos del mundo con el mismo amor! ¡Protege a todos los abuelos del mundo, llénalos de tu amor y misericordia para que sean nexo de unión en las familias, en la sociedad y en Tu Iglesia! ¡Protege también a todos los ancianos del mundo! ¡No permitas Señor que pierdan la alegría de vivir, que sean excluidos, ignorados y abandonados! ¡Haz Señor que todos ellos sean portadores de sabiduría y amor y que encuentren en sus familias el amor y el respeto que merecen! ¡Señora, tu que amaste tanto a tus santos padres, protege a todos los abuelos del mundo e intercede ante tu Hijo por todas las familias de este mundo!

Para ilustrar esta meditación nos deleitamos con la Canción del abuelo, una hermosa pieza para guitarra de Atahualpa Yupanqui.