Carismas y vida cotidiana

Sigo preparándome para la fiesta de Pentecostés que llegará en unos días. Me introduzco en la escena del derramamiento del Espíritu, en el Cenáculo, como si fuera Matías, el apóstol que reemplazó a Judas después de traicionar a Jesús. Con los once allí diligentemente en oración, con las otras mujeres y con María, la Madre. Todos reunidos, en comunidad. ¡Qué detalle tan importante!
¿Por qué? Porque en aquel día el Espíritu Santo no se manifestó solo a los doce apóstoles que se convertirán en los mensajeros privilegiados del Evangelio. También bajó sobre todo el grupo. Todos estaban llenos del Espíritu Santo: comenzaron a hablar en otras lenguas, y cada uno habló de acuerdo con el don del Espíritu. Es por eso que a menudo observamos iconos donde María aparece en medio de los apóstoles y sobre ella, como sobre ellos, se cierne  una paloma o descienden lenguas de fuego, símbolos del Espíritu Santo.
La acción del Espíritu se manifestó vívidamente en el día de Pentecostés. Y continuó en los siglos siguientes, hasta el día de hoy. Aquel día los apóstoles, como hoy nosotros, fueron bendecidos con diversos dones para su misión. Estas gracias del Espíritu son los carismas, regalos que recibimos, cada uno o de manera colectiva, para edificar la Iglesia. El Espíritu sigue actuando, Él es quien anima, alienta y sigue edificando a la Iglesia. Y con él surge el kerygma o la primera proclamación del Evangelio que es más actual para nosotros.
Mi corazón se abre en esta semana con alegría a la preparación de Pentecostés para ser cada vez más consciente de que la acción del Espíritu Santo, en este tiempo de tantas dificultades y sufrimientos, con tantos corazones rotos y temerosos, está siempre presente en las personas y en la Iglesia. Necesitamos vivir verdaderamente insertados en Él, que los dones y las gracias recibidas del Espíritu se conviertan en fermento para dar sentido a una Iglesia carismática. El mundo lo demanda.
¿Una iglesia carismática? Si, una Iglesia carismática que esté llena de los carismas del Espíritu, corriente de gracia para seguir predicando el Evangelio a todos los hombres; una iglesia que camine permanentemente bajo el influjo del Espíritu Santo, que alabe al Señor sin cesar, que ore junto a los cristianos de las diversas iglesias y comunidades cristianas, que busque la unión, que perdone al prójimo, que ore y adore sin cesar a Dios, que actúe en favor de los más necesitados, que no abandone a los pobres y enfermos, que ponga por encima el amor a la ley… Una Iglesia que posea dones espirituales y que dependa de ellos para ser efectiva. La Iglesia la formamos seres espirituales, débiles, frágiles, sencillos y corrientes pero podemos servirnos unos de otros para dar sentido a la vida y al mundo. Y tenemos el influjo del Espíritu Santo, dador de vida, y sus dones de sabiduría, conocimiento, enseñanza, consejo, fortaleza, libertad, liderazgo, dirección, inteligencia, servicio, consolación, exhortación… Estos dones son tan vitales para la Iglesia como lo eran para los creyentes del primer siglo.
Nuestra vida cotidiana es carismática desde que el día de nuestro bautismo fuimos llenados del Espíritu y como consecuencia de ello tenemos dones con los cuales servir al cuerpo de Cristo. Cada uno tiene los suyos, Dios nos los ha distribuido a cada uno de acuerdo a su voluntad y nuestras capacidades. Por eso nadie sobra, nadie puede considerarse inútil. Cada uno tenemos un papel relevante dentro de la Iglesia. Sin esta contribución el cuerpo se empobrece, porque depende de lo que cada uno aporte para hacerla grande. ¡Le pido a Dios que Pentecostés me haga más consciente de mi misión como cristiano insertado en esta Iglesia pecadora pero carismática que tanto amo y que pueda utilizar mis carismas para ser dar a conocer la Buena Nueva de Jesucristo, servir siempre con amor a mi prójimo, manifestar el amor de Dios por el mundo y el amor misericordioso que tiene por cada uno de los hombres!

Jesus-Apostoles_2083601700_11919515_660x371

¡Gracias, Padre, porque te amo y amo a tu Santa Iglesia Católica una Iglesia que quiso Jesús fuera Universal, capaz de acoger y abrigar a todos con sus diferencias, sensibilidades, personalidades, gustos, opiniones y riquezas! ¡Gracias porque me permites amarla y sentirme unida a ella por el Amor que siento por ti, por Cristo tu Hijo y por el Espíritu Santo! ¡Doy gracias a mis padres por haberme bautizado e insertado en tu Iglesia! ¡Me siento feliz de formar parte de ella, de ser católico, de los carismas y dones que me has dado, de enviar cada día tu Espíritu sobre mi para transformar mi vida! ¡Gracias por la fe, Espíritu Santo, qué don más grande he recibido de Dios! ¡Gracias por mi catolicidad; gracias por enviarme de misión; gracias por la experiencia personal de tu presencia y de tu poder en mi vida; gracias porque con tus dones cotidianos reavivas en mi corazón las gracias del bautismo! ¡Gracias porque en lo ordinario y sencillo de mi vida te haces presente cada día! ¡Gracias por tu acción santificadora, purificadora, renovadora, sanadora! ¡Gracias porque mi vida es una vida ordinaria y sencilla pero insertada en la Trinidad, en la que siento de una manera amorosa y misericordiosa la presencia y el poder que ejerces en mi vida! ¡Gracias porque reavivas mi vida! ¡Gracias, Espíritu de Dios, porque guías mi vida! ¡En este día te pido que reavives la llama del fuego de tu amor en mi corazón para fortalecer mi fe, para hacer mi servicio más amoroso, más entregado y más servicial; para santificar mi trabajo cotidiano; para buscar siempre el bien; para vivir insertado en Cristo; para perdonar y no juzgar; para llevar al mundo el mensaje de Jesús; para dar a conocer al prójimo la acción de tu gracia! ¡Concédeme la gracia de vivir una vida que en todo momento esté guiada por Ti! ¡Espíritu Santo, regala a tu Iglesia diferentes carismas, para ir plasmando en cada uno nosotros nuestras distintas espiritualidades para enriquecerla y responder a la llamada que Dios nos regala para edificarla cada día! ¡Ayúdame a contribuir a que la Iglesia sea ante los que me rodean la expresión real y cierta de que Dios nos ha amado, nos ama y nos amará eternamente!

Con flores a Marí­a (Obsequio espiritual a la Santí­sima Virgen María)
María, Madre, que conoces mis pensamientos: haz que no sean nunca de venganza, ni de envidia, ni de darme vueltas a mí mismo.
Te ofrezco: tratar de vivir en presencia de Dios.

Respuestas en los Padres de la Iglesia

He concluido un emocionante libro de Benedicto XVI, el queridísimo Papa Emérito, sobre Los Padres de la Iglesia. En esta obra, el Papa explica cómo se elaboraron las grandes verdades de la fe. Encontramos respuestas a las preguntas que nos atormentan y a las que los mismos Padres se han enfrentado. ¡Su descubrimiento es motivo de sanación! Me he dado cuenta de lo mucho que sus escritos abordan las cuestiones vitales en un lenguaje concreto, incluidas las huellas de lo que constituye el punto de partida, el impacto de la Resurrección de Cristo. La vida patrística y la tradición sagrada de la Iglesia te permite un retorno a las fuentes que se revela como un medio para reapropiarse de las grandes expresiones de la fe cristiana.
Parece a priori imposible estudiar teología sin referirse a los Padres, que transcribieron gradualmente el contenido de la fe en Jesucristo, imbuidos y conducidos por el Espíritu Santo. La fe y las respuestas de estos santos pastores, tan cercanos a los apóstoles, la mayoría de ellos obispos de la Iglesia de los primeros siglos, y sus enseñanzas, nos presentan la correcta interpretación de las Sagradas Escrituras pero, sobre todo, son de un gran actualidad, y es muy aconsejable dar un paseo por los jardines de los Padres de la Iglesia para tener la satisfacción de reafirmarte en la fe y compartirla con los demás. Casi todos fueron testigos vivos del nacimiento de la Iglesia, le dieron su forma, la edificaron y su pensamiento moldeó el devenir del cristianismo ayudando a discernir a los primeros seguidores frente a cuestiones esenciales.
Los Padres de la Iglesia, por su predicación y sus escritos, influyeron en el desarrollo de la doctrina cristiana o en la formación del comportamiento cristiano, porque unieron en ellos las características constantes de la santidad de la vida, sabiduría y antigüedad. Sin mencionar que la cultura europea ha sido profundamente marcada por el cristianismo, y cuando queremos entender el mundo contemporáneo, es esencial aprender sobre lo que nuestra doctrina ha aportado.
Siento un profundo orgullo integrar esta Iglesia católica formada por tantos hombres y mujeres que han crecido en una fe firme y con unas enseñanzas profundas. Te ayuda a crecer conociendo y profundizando su doctrina que une lo teológico con lo pastoral, lo social con lo cultural y lo espiritual con lo catequético. El mensaje de la Iglesia, ayer y hoy, es de una actualidad indiscutible y la vida y la misión de los de ayer es un estímulo para los que vivimos hoy.

orar con el corazon abierto.jpg

 

¡Te doy gracias, Señor, por la fe y la esperanza en esta Iglesia santa instituida por Ti que, formada por hombres pecadores, ha avanzado a lo largo de los siglos con el testimonio santo y la fe firme de tantos hombres y mujeres testimonio de tu verdad! ¡Te doy gracias por los pastores que condujeron a los primeros cristianos por la senda de la fe y de la vida, moldeando tu Iglesia, vivificando tu Palabra y tus enseñanzas y dando la vida tantas veces por seguir tu mensaje! ¡Te doy gracias, Señor, porque te irradiaban a Ti e invitaban a los gentes de su tiempo y los que vivimos hoy a seguirte! ¡Que sea capaz de aprender de ellos a vivir mi fe con autenticidad! ¡Te doy gracias por su santidad, por su fe, por sus enseñanzas y sus testimonios! ¡Que sea capaz de vivir buscando mi santidad en la vida ordinaria siguiendo su ejemplo! ¡Te doy gracias, Señor, por las enseñanzas de su vida de oración, de su espiritualidad y de su amor por la liturgia, ayúdame a abrir siempre mi corazón en la oración para conocerte mejor! ¡Te doy gracias, Señor, por su valentía en confrontar las herejías y los ataques contra la Iglesia, que sea motivo para que yo no me calle ante los desprecios y persecuciones que sufre tu Iglesia en este tiempo! ¡Te doy gracias, Señor, porque estos santos Padres fueron testimonio de concordia, de amor, de paz, de humildad, de generosidad, alejados de juicios y calumnias, ayúdame a mi a vivir siendo siempre coherente con mis palabras, mis gestos y mis obras! ¡Y al igual que los Padre fueron testigos de la Tradición concédeme la gracia de amar la riqueza cultural del cristianismo, mi celo apostólico y a esforzarme cada día a crecer en mi formación doctrinal y en mi vida espiritual!

 

Verde esperanza

Me gusta contemplar a los sacerdotes como visten de verde durante la celebración litúrgica en este tiempo ordinario, las treinta y cuatro semanas en las que la Iglesia no  celebra ninguno de los misterios de Cristo sino el misterio semanal del día del Señor. El verde es el color litúrgico de esta época, ¡tiempo de la Iglesia! Es el tiempo de la misión, el tiempo confiado por Cristo a su Iglesia, para difundir en el tiempo y el espacio, la Buena Nueva de la Salvación. Es un tiempo que nos confronta con lo cotidiano de la vida cristiana.
Nuestra existencia no se puede consumir con constantes momentos de intensidad. Cristo y la Iglesia nos invitan a vivir en la perseverancia y la humildad del día a día la fe, la esperanza y la caridad. El verde que es símbolo de esperanza nos permite vivir la experiencia de la presencia diaria de Dios y de su amor en nuestra vida de una manera menos agitada y más equilibrada.
Vivir la aventura espiritual de la vida con una unión mística de paz y amor con Dios en la humildad de cada día, con una perspectiva diferente.
En el tiempo en el que no olvidas las preocupaciones y la necesidad de cumplir con tus necesidades materiales, que te permite coger fuerzas y reforzar la vida de fe, mantener el ritmo espiritual y la relación filial con Dios.
El verde deja plena constancia de la juventud de la Iglesia y el resurgir de una vida nueva. Simboliza el fruto bueno que Dios espera de cada uno de sus Hijos y la virtud de la esperanza, de la alegría, de la vivacidad, frondosidad y la lozanía del alma.
Observo el verde de lo sacerdotes en la celebración litúrgica y me reafirmo de que la Iglesia es esperanza. Que Cristo es esperanza. Que la Cruz es esperanza. Que el amor es esperanza. Que el abandono en la voluntad divina es esperanza. Que la fe es esperanza. Que la fe da a nuestra esperanza sustancia. Que la oración con el corazón abierto es esperanza. Que la esperanza mantiene viva mi confianza. Que seguir fiel y dócilmente las mociones del Espíritu Santo es esperanza. Que ser capaz de perseverar, creer, esperar y amar es esperanza. Que allí donde mi razonamiento humano se enfrenta a un muro de dificultades mi fe provoca un agujero que permite penetrar la luz de la esperanza. Que allí donde el razonamiento humano dice: «¡Es imposible!» la fe y la esperanza exclaman: «¡Es posible!».
¡Cuando crees, puedes ver y experimentar la gloria de Dios! ¡Y eso también es esperanza!

orar con el corazon abierto.jpg

¡Gracias, Señor, porque llenas de verde esperanza los colores de la Iglesia! ¡Gracias, Señor, porque la esperanza cristiana no es mero optimismo, sino tu presencia vida! ¡gracias, porque la esperanza es confiar en Ti! ¡Permíteme ser fiel a tus designios y responder a la profunda esperanza que surge de seguir tus enseñanzas! ¡Ayúdame a caminar siempre con esperanza con tu inestimable ayuda de Cristo, con la fuerza de tu Santo Espíritu, que me empuja a caminar animado por la esperanza que no defrauda! ¡Concédeme la gracia de ser fuerte en la fe y en la esperanza y manifestarlas en las estructuras del mundo por medio de mi conversión continua! ¡Hazme ver, Señor, por medio de la fe cuál es el sentido de mi vida! ¡Que en medio de las adversidades de esta vida, encuentre siempre fortaleza en la esperanza, con el convencimiento de que los padecimientos del presente no son nada en comparación con la gloria que nos has prometido! ¡Gracias, Señor, porque tu mismo eres la esperanza! ¡Tu Palabra es esperanza! ¡La Cruz es esperanza! ¡Los dones del Espíritu Santo son esperanza! ¡Mi fe me llena de esperanza! ¡La espera en Ti es esperanza! ¡La espera ferviente y apasionada de tus promesa es esperanza! ¡El misterio de tu amor y tu misericordia son esperanza! ¡Mi oración por el que puedo conocerte mejor a Ti y conocerme a mi mismo es esperanza! ¡Tus promesas son esperanza! ¡La figura de tu Madre y su fíat confiado a los planes de Dios es esperanza! ¡Señor, te pido la virtud de la esperanza para vivirla en mi propia vida, porque deseo ser alguien feliz y alegre, entregado a mis luchas y mis dolores, abrazado a mis sufrimientos, lleno el corazón de tus promesas y tu amor! 

María, Madre de la Iglesia

Cuarto sábado de junio con María, Madre de la Iglesia, en el corazón. Al pie de la cruz la Iglesia vio la luz. Jesús, viendo a su madre arrodillada, rota de dolor, y junto a Ella a Juan, el discípulo a quien amaba, exclamó: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Y, a continuación, mirando al discípulo dijo: «Ahí tienes a tu madre».Desde momento el discípulo amado la acogió en su casa.
Y rememorando este episodio de la Pasión tomas conciencia de que eres parte viva de la Iglesia porque Juan nos representa a todos y porque María, que es nuestra Madre, es también Madre de la Iglesia, a la que hay que acoger en el corazón para poner en práctica el Evangelio de Jesús que es al mismo tiempo el Evangelio de María.
Por eso la Iglesia es mariana, porque tiene en María el espejo para imitar en perfección y santidad pues la Virgen prefigura a la perfección la imagen de la Iglesia.
Un Iglesia que desde dentro dice «sí» a Dios como hizo María; que sale al encuentro del prójimo y de la vida como hizo María con su prima santa Isabel; que ora e intercede por la transformación del mundo; que alaba y bendice la obra de la Creación y se extasía por las maravillas que provienen de Dios; que trasciende a lo profundo del alma humana y deja constancia de que Dios es amor.
Una Iglesia que levanta al caído, que perdona setenta veces siete, que se conmueve por los desheredados de la tierra, que ofrece sus manos al que se halla a la vera del camino, que no juzga el pasado de nadie y que sana las heridas del sufrimiento con humildad y dulzura.
Una Iglesia que recuerda que el Padre es amoroso y que abraza a todos los hijos pródigos que buscan su misericordia, que no prejuzga el pecado del hombre porque busca su redención, que ama la vida y defiende al no nacido, al desahuciado por la enfermedad y allí donde un corazón, por muy débil que esté, va palpitando.
Una Iglesia que abraza al desesperado, que espera con las puertas abiertas el regreso del hijo pródigo, que hace fiesta con cada alma que se acerca a Dios, que canta el gloria cada vez que se produce una conversión.
Una Iglesia que acepta las dudas de sus fieles, que ofrece certezas que vienen de la fe y de la gracia del Espíritu, que llena de vida al que confía, que trata de dar respuestas al que busca.
Una Iglesia que no vive de los oropeles con la que se le prejuzga sino que, en realidad, es como esa pequeña casa de Nazaret, humilde y sencilla, donde habita el Dios del amor y de la misericordia.
Una Iglesia que llora con el que sufre, con el que no tiene nada, con el oprimido, con el humilde.
Una Iglesia abierta al fuego abrasador del Espíritu Santo y al viento poderoso de su gracia.
Una Iglesia que es en si misma también la imagen del Magnificat porque la Iglesia es María, es alegría, es esperanza, que mira la humillación de los humildes, que esparce su misericordia sobre cada generación, que dispara a los soberbios y enalteces a los pequeños y que se alegra en Dios, el Salvador del mundo.
Y todo este mundo nació al pie de la Cruz, el día en que Jesús, mirando a su Madre, exclamó: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Fue aquella tarde una noche de muerte pero también de vida, motivo de fe y de alegría.

orar con el corazon abierto.png

¡Gracias, Señor, por la constitución de tu Santa Iglesia a los pies de la cruz! ¡Gracias, Señor, por darnos a María, tu Madre, como Madre de todos y de la Iglesia! ¡Gracias por este acto de misericordia y de amor que nos abre a vivir acorde con Tu Evangelio que es el Evangelio de tu Santa Madre! ¡Gracias, porque con Ella podemos ir al encuentro de tu persona y del prójimo, caminar a su vera para hacer el camino de la vida que nos lleva hacia el cielo prometido! ¡Gracias, Señor, por tu Iglesia Santa, don gratuito de Dios que María lleva con preciado regalo en sus entrañas de Madre! ¡Gracias, Señor, por la fuerza que infunde el Espíritu Santo sobre tu Iglesia, llevándola en el devenir de la historia para hacerla cada día más santa, más católica y mas apostólica! ¡Gracias, Señor, porque de la mano de María podemos ir cada día al banquete del cordero, donde Tu te inmolas por nuestra redención! ¡Hazme, Señor, acoger en mi corazón como miembro de tu Iglesia a los que sufren, a los que no tienen nada, a los despreciados, a los humillados, a los Zaqueos de este mundo, a los publicanos, a los que no te conocen, al abandonado a la vera del camino, al ciego, al paralítico de Betsaida, al leproso, a la samaritana, a rico de nacimiento que te abandona, a los de la pesca milagrosa o del monte de las Bienventuranzas, a la mujer adúltera… hay muchos que necesitan de nuestra amor y de nuestro encuentro para darte a conocer, Señor! ¡Envía tu Espíritu Señor para que dote a tu Iglesia de la gracia de la fortaleza, la sabiduría y la piedad para ser testigo de tu Evangelio! ¡Y a ti, Padre, gracias porque la Iglesia es tu mismo corazón que nos lo diste por medio de tu Hijo a los pies de una cruz!

Hermoso himno Mater Ecclesiae que dedicamos a Nuestra Madre, Madre de la Iglesia:

Me siento Iglesia

Respeto a los que dentro de la Iglesia ven siempre lo negativo. A los que buscan la crítica. La Iglesia la formamos hombres y los hombres somos pecadores. Para mí lo hermoso de la Iglesia es la comunión. En la Iglesia Jesús invita a la humanidad entera a volcar su fe, a creer en ella. La Iglesia es la esposa de Cristo. Compuesta por hombres y mujeres de carne y hueso, con corazones alegres o heridos, con esperanzas o frustraciones latentes. Cristo también fue hombre.
Yo me siento Iglesia. Sufro con muchas cosas que observo a su alrededor. Tampoco yo soy perfecto. Pero me siento Iglesia porque me siento parte de la comunidad trinitaria. Porque asisto cada día a las Bodas del Cordero, esa realidad misteriosa que es la Eucaristía que me llega de gozo y esperanza.
Dios nos ha creado para vivir en comunión con Él. Hay que rezar por la Iglesia, amar a la Iglesia, sentirse Iglesia. Pero cuando se rompe la unidad, el amor y la solidaridad desaparecen. Cuando la comunión entre los miembros se desmembra, la Iglesia deja de ser católica y es católica como decía tan bellamente el Papa Francisco porque es la casa de la armonía que sabe integrar la diversidad de cada elemento en la armonía de una sinfonía. Cuando restamos fuerza al mandamiento del amor, la Iglesia pierde su universalidad. Cuando el egoísmo y la crítica cerril se impone, Dios da un paso atrás y se ausenta. Cuando falla la caridad, deja de hacerse viva la experiencia del amor divino.
La comunión se debilita cuando desaparece la misericordia y el perdón. La comunión falla cuando desfiguramos la realidad de la Iglesia.
Yo me siento Iglesia porque es el camino del amor, de la entrega, de la paz, del perdón, del silencio en tiempo de tribulación, de llevar justicia, paz, verdad y misericordia al mundo; de amar hasta que duela; de servir sin pedir nada a cambio; de abrazar aunque no te abracen…
Me siento Iglesia en el momento mismo en que quiero ser el rostro de Dios en la sociedad, en mi ambiente familiar, social y laboral. Me siento Iglesia cuando trato de hacer míos los valores del Evangelio y acoger en mi corazón los pensamientos, los sentimientos y las acciones del Señor.
Me siento Iglesia cuando me alimento del pan de vida y de la sangre gloriosa de Cristo. La Eucaristía es el sacramento de la comunión fraterna. Por eso soy Iglesia porque unido a Cristo me uno al hermano en el mandamiento del amor.

orar con el corazon abierto

¡Padre bueno, me has llamado a formar parte de tu Santa Iglesia Católica, me lleno de gozo y alegría por formar parte de tu familia santa; llénanos de tu luz y de tu amor para profesar con alegría, autenticidad y caridad la fe que hemos recibido de Ti por medio del Espíritu Santo! ¡Danos, Padre de amor y de bondad, la fortaleza para afrontar las debilidades humanas y poner en valor las enseñanzas de Tu Hijo Jesucristo! ¡Hazme, Padre de misericordia, un cristiano fiel, servidor de la verdad, testimonio de amor en la sociedad! ¡Envía tu Espíritu, Padre, para que la unidad y la caridad reinen en el seno de la Iglesia y que la certeza de nuestra fe nos haga caminar juntos hacia un mismo ideal! ¡Bendice al Santo Padre, al que has confiado la misión difícil de guiar a la Iglesia y dótale de la sabiduría para que sea el guía que gobierne tu barca! ¡Bendice a los obispos y sacerdotes, cúbrelos con tu amor y tu gracia para que se conviertan en verdaderos servidores tuyos y con sus palabras y su servicio sean estímulo para que crezca nuestra fe; consérvalos en la santidad y dales perseverancia en su misión y hazlos comprometidos con su vocación! ¡Bendice a todos los laicos bautizados para que seamos luz en el mundo, sal que de sabor a la sociedad, levadura que fermenta en el mundo y agua que limpia corazones sufrientes! ¡Mantén unida a tu Iglesia, Padre, en una misma fe, esperanza, caridad y amor! ¡Únenos a todos en un mismo ideal y concédenos la gracia del amor y la luz del Espíritu Santo! ¡Te pido por la conversión de los pecadores y de los que no creen en Ti! ¡Gracias, Padre, por darme la fe, por ser miembro de tu Iglesia y por la hermandad de Jesús, tu amado Hijo!

Iglesia peregrina de Dios, testimonio de amor:

¿Hasta qué punto amo a la Iglesia?

La Iglesia. Tan criticada. Tan vilipendiada. Tan cuestionada. Tan humana a veces por las sombras imperfectas de los que la integramos. Pero la Iglesia es la gran obra de Cristo. Esta regida por la luz del Espíritu Santo que todo lo guía. Es la continuación de Dios en el mundo. Es un milagro lleno de vida y esperanza. Es la Iglesia la que crea, forma y sostiene a los elegidos de Dios.
La Iglesia. Más de dos mil años caminando sobre la tierra. La Iglesia ha educado en este tiempo a miles de millones de almas. Se asentó sobre la piedra de un hombre rudo y de once más elegidos que hoy no pasarían una mínima selección de personal. No tenían ni formación ni poder. Pero así sigue porque fue instituida por Dios mismo.
La Iglesia. Perseguida desde sus orígenes, humillada y masacrada, con hijos indignos que la han manchado y la ensucian con sus malas obras. Pero aquí sigue, viva, firme, próspera y esperanzada. Está ungida por la luz del Espíritu de Dios que combate con su aliento la malicia depredadora del ser humano.
La Iglesia. Germen de caridad y amor. ¡Qué harían tantas sociedades sin la presencia en su territorio de la Iglesia generosa y servicial, entregada y dadivosa!
La Iglesia. Recibo multitud de mensajes que critican al Santo Padre por sus declaraciones o por la poca claridad de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, por la actitud de ese o aquel sacerdote, por las declaraciones blasfemas de una monja benedictina sobre la Virgen María… ¡Recemos por la Iglesia, por los que están errados, por las cosas buenas, por nuestro propio interior y por la corrección de los que tenemos que cambiar nuestra actitud de cristianos descarados y demos gracias infinitas porque Dios nos ha permitido nacer en su seno! ¡Somos miembros vivos de una comunidad en la que Dios está en el centro! ¡Y sobre cada crítica a la Iglesia cada uno debería cargarla sobre sus espaldas porque cada uno de nuestros fallos, nuestros errores, nuestros pecados y nuestras caídas son también heridas que provocamos a la Iglesia!
La Iglesia. Un cristiano, miembro de la Iglesia, es hermano de los doce apóstoles -los escogidos del Señor-, de los primeros discípulos, de los patriarcas, de los profetas, de los mártires, de los confesores, de las vírgenes y de todos los Santos en la tierra y en el cielo. Hoy me planteo si soy digno hijo de la Iglesia.
La Iglesia es Madre. ¡Y, precisamente por eso y porque es obra de Dios, con todas sus grandes e imperfecciones, yo la amo!

orar-con-el-corazon-abierto

¡Señor, no me avergüenzo de ser miembro de Tu Iglesia santa, católica, apostólica y romana! ¡No quiero ver solo sus fallos, Señor, pues mientras esté en la tierra quiero amarla y quererla, rezar por ella y trabajar por ella para hacerla cada vez más santa! ¡Señor, amo a tu Iglesia y quiero ser digno de Ella porque es una institución creada por Ti! ¡Es parte intrínseca de tu cuerpo magullado en la Cruz! ¡Por eso la amo, Señor, y quiero ser digno de ella! ¡No te puedo amar a ti sino amo también a tu Iglesia! ¡Señor, la amo porque sigue siendo tu Esposa por muy pecadora o mediocre que sea! ¡Señor, amo a tu Iglesia y quiero ser digno de ella por es en ella donde crezco como cristiano y es por a través de ella que me acerco cada día a ti acompañado de tanta gente buena y santa! ¡Señor, es a través de mi mediocridad y la de tantos como yo que cada día puedo construir el Evangelio cotidiano! ¡Señor, amo a tu Iglesia y creo en ella porque creo en ti que eres su corazón y su esencia! ¡Amo a tu Iglesia porque es la casa de oración, el centro de la Eucaristía, sede de la verdad, templo del Espíritu Santo, fuente de gracia y de gloria, santuario vivo de caridad y amor, casa de perdón y misericordia! ¡Quiero ser digno de tu Iglesia, Señor, y amarla con el corazón abierto porque soy tan imperfecto como cualquier hombre y mujer que la formamos, viviendo nuestra mediocridad en un obra perfecta porque es creación tuya! ¡Pero sobre todo, Señor, quiero ser digno de tu Iglesia y amarla porque es mi Santa Madre, es mi templo espiritual, las de los que conviven conmigo y comparten mi vida cristiana! ¡Quiero vivir en ella y morir en ella, Señor, y quiero respetarla y honrarla a pesar de tantas manchas de pecado y tanta torpeza humana! ¡Señor, tú me conoces y sabes que soy pequeño, torpe, pecador, indigno e ingrato contigo, estoy cansado y camino a pasos lentos pero tu amas lo pequeño! ¡Quiero comer tu Cuerpo y tu Sangre y eso, Señor, solo puedo hacerlo en el seno de la Santa Madre Iglesia!

Iglesia, una bella canción de Lilly Goodman, para acompañar la meditación de hoy:

Amar a la Iglesia

En un encuentro informal en un bar, en el receso de un seminario comercial, con gentes de pensamientos muy diversos se inicia una conversación en el que el tema central es la crítica mordaz a la Iglesia. Trato de defenderla con datos objetivos pero la vehemencia de los comentarios respira tanta animadversión que prefiero callar y mientras critican rezar en silencio.
Yo amo a la Iglesia. Es mi casa. Es la obra culmen de Jesucristo. Su gran obra maestra. La que le permite su perpetuación en este mundo. Es el gran milagro que nos han dejado Jesucristo y sorprende que haya podido formar, educar y sostener a tantos millones de personas a lo largo de la historia. Pero es así por el soplo del Espíritu. Impresiona que fuera comenzada por doce rudos pescadores y gentes sin apenas formación y sin ningún estatus social ni político. Pero hace tanto bien, ha dejado tanta bondad a lo largo de la historia, que todas las fuerzas del mal luchan contra Ella desde tiempos inmemoriales pero la fuerza del Espíritu Santo hace y hará que viva, crezca, prospere y se mantenga. La Iglesia, fortalecida por el soplo del Espíritu, logra desafiar a la maldad del hombre.
Me siento muy feliz de pertenecer a ella, es un gran regalo que Dios me ha hecho. Junto con la vida, uno de los más grandes. Y por eso la amo, porque es un obsequio personal de Dios. Y me siento orgulloso de tener como hermanos a los Patriarcas, a los Profetas, a los Apóstoles, a los Mártires, a los Confesores, a los sacerdotes, a las Vírgenes y a todos los Santos.
Amo profundamente a la iglesia y mi deber es servirla como Ella quiere ser servida, desde la pequeñez de mi santidad cotidiana, gozando de sus dolores y sus alegrías, siendo responsable en mi apostolado, orando por ella, ofreciéndole mis pequeñas mortificaciones, cumpliendo con amor y por amor las labores que me corresponden cada día, trabajando por Ella con alegría y, sobre todo, testimoniando con mi vida que soy un hijo fiel. Tal vez con esto pueda ser testimonio ante aquellos que la critican… El problema es que no siempre los demás pueden ver en mi el hijo ejemplar de esta Madre Santa.

image

¡Dios Padre de Bondad, te pido por tu Santa Iglesia Católica para que la llenes cada día con la fuerza de la gracia de tu Espíritu; donde haya mancha de pecado por nuestros errores humanos, nuestro egoísmo y nuestra falta de verdad, purifícala; dirígela para que no caiga en el error; reformarla cuando veas que se extravía de la verdad; consérvala para que haga el bien a las almas de este mundo tan necesitadas de ti; provéela de todo aquello que necesite; únela con los lazos del amor cuando veas que haya divisiones entre las personas y entre las iglesias cristianas; hazlo por amor de Jesucristo, tu Hijo, que murió y resucitó, y vive siempre para interceder por nosotros! ¡Espíritu Santo, ten misericordia de tu Iglesia y fortalécela ante los ataques de los enemigos exteriores e interiores! ¡Virgen María, Tu que contemplas como la Fe Católica trata de ser derribada de este el mundo por el Príncipe del Mal intercede y ayúdanos a mantenernos firmes en el Señor! ¡Danos familias santas para que surjan santas vocaciones!

«El Espíritu de Dios está en este lugar» cantamos para que el soplo de Dios nos fortalezca y nos haga fieles a su Iglesia :

¡Sí, amo a la Iglesia!

Permanecía ayer en silencio en una capilla con el Santísimo Expuesto haciendo vigilia de oración por el día del Corpus Christi que hoy celebramos. Y me sentía feliz, agradecido. ¡Agradecido! ¡Y amado! ¡Amado por el Dios de la vida! ¡Amado por Cristo! ¡Amado por el Espíritu Santo! Y siento yo también un profundo amor por la Santísima Trinidad y por la Iglesia Católica a la que pertenezco. La fiesta de hoy está íntimamente unida al Jueves Santo, a la misa in Caena Domini, en la que se solemnemente se instituyó la Eucaristía, y en la que se revive el misterio de Cristo que se entrega a nosotros en el pan partido y en el vino derramado. Hoy este misterio se lleva en procesión por las calles de la ciudad y de los pueblos para dejar constancia que el Cristo resucitado camina en medio de nosotros y nos guía hacia el cielo.
Es un día de alegría y de amor a la Iglesia. Y la amo porque es fundación de Jesús y es el camino que me lleva a la santidad, la que me conduce en mi peregrinar hacia el cielo.
Y la amo porque es santa, porque santa es su cabeza, porque sus fines son santos y porque muchos de su seguidores han alcanzado la santidad a pesar de su origen pecador.
Y la amo por la fuerza de su tradición. Por san Pablo, por Hildgard von Bingen, por san Francisco de Asís, por san Benito, por santa Clara, por santa Teresa Benedicta de la Cruz, por santa Teresa de Jesús, por santa Faustina Kowalska, por san Josemaría Escrivá, por san Juan Pablo II —referentes de mi vida espiritual—, y por tantos hombres y mujeres que han dejado su poso espiritual.
Y la amo por su catolicidad universal; porque a través de ella tantos hombres y mujeres se han acercado a Dios. Y porque me permite hablar el mismo lenguaje de paz, de caridad, de misericordia y de amor con tantos hermanos que me encuentro en mi caminar.
Y la amo por la delicadeza de su liturgia. Por los detalles de la Santa Misa. Por las Misas solemnes de Navidad. Por los oficios de Semana Santa. Por la vela pascual. Por la vigilia de Pentecostés.
Y la amo por tantas obras de misericordia que desarrolla en los campos de la salud, de la educación, de la promoción de los pobres y los necesitados con el único fin de ayudar a cada persona a seguir a Cristo, vivir en Cristo y morir en Cristo.
Y la amo por los sacramentos que me permiten vivir el misterio del Amor y me ayudan en el camino de la salvación. Y, allí donde voy, por el sacramento de la Eucaristía que me une en comunidad a mis hermanos de otras lenguas y razas.
Y la amo por la fuerza de la Palabra que manifiesta el reino de Dios.
Y la amo porque es una herencia que tengo que cuidar, es la herencia recibida de mi familia que ha transmitido la fe de generación en generación.
Y la amo porque es la vía para canalizar mi fe, don de Dios, y con el testimonio de mi fe tocar el corazón del prójimo por obra del Espíritu Santo que vierte todas las gracias sobre todos los hombres.
Y la amo porque es tan débil, vulnerable e imperfecta como yo pero en su bendita limitación es creación del Señor y está guiada por el Espíritu Santo. Y la amo porque la conforman seres humanos que, al igual que me ocurre a mí, yerran y pecan, pero se levantan por la misericordia de Dios. Y la amo porque el Señor no invita a los rectos y a los perfectos sino a los pecadores que buscan el perdón y esperan su llamada, a los que quieren resguardarse del frío y quieren encontrar el abrazo del Padre.
Por todo esto amo a la Iglesia. Y doy gracias a Dios, a mis padres y a tanta gente que se ha cruzado en mi camino por ayudarme a crecer en su interior.

amo a la iglesia católica

¡Dios, Padre de bondad y misericordia, Tú nos has llamado a formar parte de tu Iglesia! ¡Escucha hoy esta oración sencilla que te elevo para que llenes siempre de luz a todos los que profesamos la fe cristiana y católica! ¡Danos, Padre bueno, la fortaleza que proviene de tu Espíritu para ser capaces de enfrentarnos a la vida con valentía y acoger en nuestro corazón las enseñanzas que tu Hijo Jesucristo nos ofreció con su Palabra y su vida! ¡Te pido hoy, Padre, que con la certeza de mi fe me ayudes a dar testimonio de tu amor y tu misericordia en todos los momentos de mi vida! ¡Te pido por todos los integramos tu Iglesia! ¡Por el Santo Padre, para que sea un hombre santo, que ejerza su misión según la verdad y las inspiraciones del Espíritu Santo! ¡Que sus palabras lleguen al corazón de la sociedad, de los gobernantes y de los fieles! ¡Que su mensaje llene de paz el corazón de los hombres! ¡Llena de tus santos dones a los obispos, sacerdotes y consagrados y consagradas, bendícelos a todos con tu amor y con tu gracia, para que sean verdaderos servidores tuyos! ¡Que su fe se convierta en un modelo para los laicos de hoy! ¡Bendice siempre su trabajo para que no desfallezcan en su misión! ¡Que su ejemplo sea un estímulo para creer en la fe y vivir en el amor que Cristo nos mostró! ¡Hazlos a todos ellos diligentes y comprometidos con las personas que más lo necesitan! ¡Y míranos a nosotros, tus fieles bautizados en todos los confines del universo que tus ha creado! ¡Ayúdanos a ser luz del mundo! ¡Ayúdanos, con la fuerza de tu Espíritu, a ser levadura que fermente en la sociedad! ¡Ayúdanos a estar siempre unidos a nuestros pastores, a vivir en la fe, la esperanza, la justicia, el amor y la caridad! ¡Ayúdanos a crear un mundo más justo y solidario! ¡Ayúdanos a llevar tu Palabra y nuestro testimonio para que algún día todo la humanidad podamos proclamar unidos tu nombre santo y sepan que Jesucristo es tu Hijo y Salvador nuestro! ¡Gracias, Padre, por tu Iglesia a la que tanto amo a pesar de sus imperfecciones! ¡Gracias porque en torno a ella y con ella me acerco cada día más a Ti! ¡Gracias por darnos a Jesucristo, tu Hijo amado! ¡Gracias enviarnos a tu Santo Espíritu, que es la guía para llegar a Ti!

Jaculatoria a la Virgen: ¡María, llena de gracia, figura de la Iglesia, figura del cristiano, intercede ante el Padre por las necesidades de la santa Iglesia y de todo el mundo!

En este domingo de mayo escuchamos el Haec dies, a 3 voces del compositor inglés Thomas Morley: